No me cabe la menor duda de que el cineasta iraní Jafar Panahi vive una situación injusta, privado de libertad, sin poder salir de su país y sin poder hacer lo que más le gusta, dirigir y escribir películas.

Me consta que “Esto no es una película” fue sacada de Irán clandestinamente, en un pen drive, por una persona que viajaba a París.

Tampoco tengo la menor duda de que habrá algún pope o gurú de la crítica que la puntuará con 4 ó cinco estrellas y afirmará que estamos ante una obra maestra de esas que sólo unos pocos tienen la inteligencia de ver. Es algo que ya han hecho anteriormente al encumbrar a gente como el tío Achilipú (para los neófitos su nombre y apellidos reales son Apicahtpong Weerasethakul).

Finalmente lo más diáfano es que estamos ante un film de los más aburridos que he visto, indigno de un cineasta como Panahi, que enclaustrado en su propia domicilio (por cierto, bien lujoso) nos podría haber denunciado al régimen de su país y sin embargo comienza en plan naif mostrando como desayuna, como es su hogar, para después con la ayuda de un cámara comenzar a contarle un guión a la cámara, mostrar imágenes de anteriores films suyos, para terminar recogiendo junto al portero del edificio la basura de los vecinos. Todo esto aderezado con imágenes grabadas con la cámara de su móvil (quizá sea un homenaje a Godard que hizo lo propio en su último film), pese a disponer de una cámara profesional a su alcance.

En definitiva, la película que nos ocupa dura 75 minutos, no es que se hagan largos o eternos es que eso como dice su título, es otra cosa, no es una película, aunque me temo que para verla habrá que pasar por taquilla.

                    José López Pérez