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50 críticas de Grey. Por Oti R. Marchante

Este fin de semana se ha estrenado “50 sombras de Grey” y han ocurrido las dos cosas previstas: que ha ido todo dios a verla y que ha tenido unas críticas muy desfavorables. De haber ocurrido lo contrario, es decir, que no hubiera ido nadie a verla y que las críticas fueran excelentes, la noticia creo que sería de portada.

No me voy a meter aquí con la película, que ya se ha llevado lo suyo y más, sino con nosotros, los críticos, que aprovechamos su estreno para ponernos ingeniosos. Aprovechamos que “50 sombras de Grey” es al tiempo una fácil víctima y un gigante para demostrarnos a nosotros mismos dos cosas: lo graciosos que somos y el poco caso que nos hacen.

Y en esta ocasión me pondré yo el primero, pues creo que al hablar de la película he estado ingeniosillo: “Menos sombras, Grey”, titulo mi entrada en el blog, y en la crítica que publiqué en ABC aludía a las coincidencias de la sinopsis de la película con la letra de la canción de Pablo Abraira “Gavilán o paloma”. Pero, creo que estoy comedido con la sosez de la película, incluso alabo a su protagonista femenina, la nieta de Tippi Hedren; de su puesta en escena, escribo que es elegante, olorosa y luminosa, bastará decir que uno ha de concentrarse en ella para no confundirla con los anuncios de estilo y buena vida que la preceden en la pantalla. Woody Allen, que de esto sabe, se preguntaba: «¿El sexo ha de ser sucio?»?, y él mismo se respondía: «Sólo cuando se hace bien». Todo el caudal de sexo de esta película cabe en una manita sin guante de pinchos y no hay apenas rozadura ni para la vista ni para la imaginación.

Nando Salvá titula “Menudo gatillazo”, y Gregorio Belinchón en su crónica berlinesa echaba a falta pubis en la pantalla, pero me dio la impresión de que le echaba la culpa de falta de pubis al cine hollywoodiense.

Sergi Sánchez titula “Cómo casarse con un millonario”, y lo que echa en falta es algo de ironía, y le encontraba, ¡milagro!, una moraleja a la historia: “esconded esposas y látigos si queréis casaros y comer perdices”. Y Salvador Llopart define el intríngulis diciendo que “todo es muy limpio en ella, con una toalla de por medio. Nadie suda ni nadie sufre”.

Y José López, en Nosolocine, titula “Cursilada sado” y arranca su comentario como quien arranca una motosierra: “Alto y claro. “50 sombras de Grey” es una película espantosa, inenarrable. Durante dos horas no pasa nada. Un aburrimiento.”

En fin, nadie podrá decir que no estaba avisado, a pesar de lo cual ha ido más de un millón de personas a ver esta película. Yo espero, al menos, que a partir de ahora me empiecen a llegar las notas de mis lectores para pedirme perdón por no haberme hecho caso.

Lo que he echado en falta en este asunto del estreno de “50 sombras de Grey” ha sido la crítica de mi amigo Carlos Boyero, que ha preferido, en vez de hacer el bobo como algunos de nosotros, irse a ver la mejor película de las que estrenaban este fin de semana, “Red Army”. En cierto modo, lo siento, porque el comentario de Carlos sobre el pipiolo Grey hubiera sido tan hiriente que quizá lo hubiera llevado a algún juzgado.

Pero dice Carlos Boyero de “Red Army”:

Herzog, ese inquietante virtuoso del documental, coproduce Red Army, lo cual ofrece cierta garantía. Y no defrauda. Lo dirige Gabe Polsky. Está centrado aparentemente en el deporte, en la deslumbrante selección de hockey de la Union Soviética, pero en el fondo está hablando de la propaganda con la que el poder absoluto intenta disfrazar sus carencias, vender mentiras, acorralar al rebelde, manipular la opinión pública, chantajear a esos jugadores que idolatran las masas, negarles su acceso a la tierra de promisión, fomentar la traición y el protagonismo del miedo en nombre de las sucias salvaciones cotidianas entre los que se sentían compañeros fraternales, imponer como entrenador a un comisario político.

Nuria Vidal también demuestra cierta perspicacia y buen gusto, pues esquiva a Grey y habla así “Red Army”:

La mejor película de esta semana es un documental. Un documental de hockey sobre hielo. Un documental político. Las relaciones del deporte y la política son muy estrechas. Todos los gobiernos se han apoderado de sus deportistas para convertirlos en héroes nacionales. Pero solo los regímenes más totalitarios los han instrumentalizado de una manera brutal. Basta con recordar las Olimpiadas de 1936 para la mayor gloria de la raza aria (les fastidió un poco la fiesta que ganara una medalla un negro); Franco y el futbol como ariete contra los enemigos de España, ya fuera la pérfida Albión o los masones comunistas de Rusia. Y desde luego Stalin y el régimen soviético. De esto habla Red Army, nombre del equipo nacional de hockey sobre hielo de la URSS que entre 1969 y 1990 ganó todo lo que se podía ganar en esta especialidad.

Oti Rodríguez Marchante

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2 comments

  1. Me comenta el representante de Dani Rovira que la oferta de presentar el Martes Crítico primigenio se mantiene sobre la mesa.

  2. Gracias!! No he ido a verla. Ni pienso. No estaba equivocada.
    «50 sombras de Grey»

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