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A la búsqueda de alguien que se meta con Ricardo Darín. Por Oti R. Marchante

Parece ser que ha habido otros estrenos últimamente con más éxito en la taquilla; nos da igual, aquí hemos venido este martes a hablar de Truman, la película de Cesc Gay. Y si a alguien le interesa hablar de más películas, al final de este apartado de Martes Crítico hay un lugar reservado al que quiera decir algo. Que lo diga si quiere. Igual lo leemos con suerte. Bueno, sobre Truman he estado buscando a algún crítico que dijera algo en contra de Ricardo Darín, pero no lo he encontrado. ¿Qué nos pasa a los críticos?…

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De Carlos Boyero rescato el último párrafo de su crítica en El País:

Cesc Gay cuenta muy bien esta tragedia que a veces se transforma en comedia. Posee sutileza y matices, sentimiento, jamás sensiblería ni tentaciones de manipular al espectador. Y dispone de Ricardo Darín, un actor que está mas allá del elogio, haciéndose mutuamente un regalo extraordinario. Y un muy meritorio Javier Cámara enfrentándose con temple a un peso pesado, sabiendo escuchar, sin perder el ritmo que le exige el impresionante Darín.

Y también el último párrafo de la que yo escribí en ABC:

A Cesc Gay le ha salido en Madrid una película redonda, perfecta incluso en lo imperfecto (ese «tiene sentido» de Darín a una dudosa línea del guión), y ante la que los espectadores se sorprenderán derramando risas como si fueran lágrimas.

Y el último de Luis Bonet en La Vanguadia:

“Truman” parecía tener abierta la puertas al drama lacrimógeno, pero sus inteligentes toques de comedia convierten la risa en un detonante de sentimientos ocultos. Y se produce un memorable reencuentro entre Darín y Cámara después de Una pistola en cada mano.

Y de Sergi Sánchez, en La Razón, y también coincidiendo con el final de su comentario, me sorprende algo que suena a reproche…

La falta de contexto de esa relación (la amistad entre Darín y Cámara) impide, al menos para este crítico, que entiendas por qué son amigos. Son amigos porque lo dice el guión, y el valle de lágrimas, apagado por un naturalismo suave, casi amable, que se derrite al final, también está en exceso escrito, programado y precocinado (fin de la cita).

…………..   Sergi no entiende por qué son amigos los personajes de Darín y Cámara, y es exactamente lo que me ocurre a mí con mis propios amigos: ¿por qué coño soy amigo yo de Márquez, o de Iñaqui, o de Boyero?… ¿por qué un tipo tan equilibrado y sensato como yo puede haber trabado amistad con semejantes individuos?… A ver, que me lo explique Sergi, aunque tal vez también crea que somos amigos porque lo dice el guión………

Me excuso por lo que tenga de exabrupto esto, y paso al último párrafo sobre “Truman” de Alberto Bermejo en El Mundo:

Cesc Gay maneja la mezcla de tonos con sus habituales pulso poderoso y mano invisible, como si todo fluyera ante la cámara por sí solo, con mayor elegancia que en la mayoría de los casos en la vida real, facilitando al espectador asistir con agradecible naturalidad a una situación tan extrema.

Y escojo este párrafo del blog de Nuria Vidal, que no es el último, pero sí tiene ese saborcillo como a final que tanto mola:

Y después de ver Truman y de leer a Avelino (Hernández, autor del libro “Mientras cenan con nosotros los amigos”), me hago la reflexión de que hace mucha falta cenar con los amigos: al lado de un río, en un restaurante, en el jardín de una casa. Donde sea, pero tenerlos cerca. A ellos y a una Teresa como la del libro y a un Truman como el de la película que puede ser un perro, un gato, una tortuga, un pájaro. Es igual, alguien, no humano, con quién sabes puedes contar.

Ea, pues, y terminamos con “Truman” no por el final, sino por el principio de lo que escribió José López en No Solo Cine, que se tira el rollo de adivino :

“Truman” será, sin duda, una de las películas españolas del año y copará muchas nominaciones (y premios) en los Goya.

Algunas sorpresas para Martes Crítico (bueno, en realidad, para mí):

Lo fino que está Javier Ocaña con una película a la que yo hubiera jurado que iba a poner mal, “El becario”:

Meyers nos habla de amor y matrimonio, de hijos y de conciliación, del intercambio de roles entre hombres y féminas que no es más que la naturalización de los tiempos, de la experiencia y de la calma, del ímpetu y de la sabiduría, del diseño y de la empresa, de los hipsters y de los clásicos, de fidelidad y de imposibilidad, de sexo y de cariño. ¿Con gracia? Bastante.

Lo misterioso que está Jordi Batlle en su comentario en La Vanguardia de “La verdad”, donde hace una acusación “rara”:

Por desgracia, Vanderbilt no es Fincher, ni tampoco Pakula: su trabajo es de una irreprochable eficacia, pero está exento de personalidad. Si La verdad suscita interés es, en primer lugar, por la actualidad del tema, fácilmente extrapolable geográficamente (la caza del periodista al líder político está aquí y ahora)….

…. ¿Un líder político es la pieza de caza de un periodista?…. No sé, seguro que hay más cornamentas de periodistas en las paredes de los políticos que al contrario. A no ser que a cualquier chorizo lo llamemos político y a cualquier cazador periodista.

The_Propaganda_Game-434351041-largeMucho mejor que el mío es el comentario que hace Jordi Costa sobre “The propaganda game” en El País, el documental sobre Corea del Norte, pero aprovecho mi amistad con el que hace esta sección de Martes Crítico para colocar lo mío en vez de lo suyo. Digo yo en ABC:

La cámara de Longoria se mueve por el país como los tres rusos de Ninotchka, pero atrapa la sensación extraña de un día tranquilo en la jaula del tigre mientras merienda.

Bueno, bah, me sobra sitio, pondré también algo de Costa:

En The Propaganda Game, Longoria entra, con sus cámaras, en una zona prohibida, un territorio hermético que, en el discurso oficial occidental, ha sido terreno abonado para la mitología interesada: Corea del Norte. El cineasta cruza la frontera armado con una pregunta esencial: ¿cuánto hay de verdad en lo que nos han contado?

…………………..

El_cad_ver_de_Anna_Fritz-275716621-largeY en una crónica en la que hemos puesto tantos finales de crónicas, no podía faltar el de Salvador Llopart en su comentario en La Vanguardia sobre “El cadáver de Anna Fritz”, algo mejor que muy bueno.

…. Diversas y mútiples consideraciones sobre la película de Héctor Fernández… bla, bla, bla…, y termina: Cabe tan sólo reclamarle más mano con los actores: que les saque más vida y menos muerte. Pero, ¡qué caramba!, Anna Fritz estaba muerta, ¿no?. ¿O estaba tomando cañas?

 

Oti Rodríguez Marchante

@OtiRMarchante

 

 

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