Aún no recuerdo ni cómo ni cuándo, y muchos menos porqué.

Sólo sé que  Miles Kane y Alex Turner llegaron a mi vida un día de verano y desde entonces convivimos los 3 en un piso de 50 metros cuadrados.

ThelastShadowPuppets ha sido mi banda sonora durante los últimos meses. Nunca es tarde si el disco es bueno, así que me concedo manga ancha para hablar de lo que me gusta y criticar lo que me enerva.

Mi obsesión con ellos, aunque ha llegado tarde, ha sido muy fructífera. Sus canciones, algunas más que otras, me han taladrado la cabeza y dibujado sonrisas día tras día.  Alex Turner ha conseguido enamorarme a pesar de todos mis prejuicios inventados hacia Arctic Monkeys. Reconozco no haber sido consciente de escuchar un tema de ellos en mi vida. En mi carné de Hipster nacional me falta el sello de esta banda. De hecho, durante años me he permitido el lujo de decir que lo mejor de Arctic Monkeys era la novia del cantante. Ignorancia, eres despiadada.

Las investigaciones sobre este joven me llevaron a descubrir una película y una banda sonora de esas que dejan huella. La película se llama Submarine  y está dirigida por Richard Ayoade, aunque supongo que este dato  no os dice nada. Si no la habéis visto, no estamos en la misma onda, eso no es ni bueno ni malo, pero considero que deberíais verla. Es más,  como película para engatusar a una chica es perfecta.

Sus  personajes te incitan a ser mejor persona, el término loser adquiere significados absolutamente positivos  y la música te hace respetar profundamente a este británico que según me han dicho, se hizo famoso aún con acné en la cara.

ThelastshadowPuppet llegó a mi vida con furia de huracán y trajo de regalo descubrimientos como el disco en solitario de Miles Kane, TheColouroftheTrap.

Con este disco Miles salió de la sombra y ha iluminado muchos de mis tristes paseos hacia la oficina. Canciones frescas, pegadizas y de “venirte arriba” en ocasiones. Un fondo de armario para personas con tendencia Beatle y pelo casco. Rock clásico con aires  vintage para seducir a un público que pide temas “cantaditos y bailongos”.

Sin embargo, el 25 de enero Miles lanzó al mundo un nuevo tema, adelanto de lo que será su segundo disco, y me he llevado una ligera decepción. Su rock,  que antes era  melódico,  ha dejado de serlo. Al menos para mi, pero siempre he sido un poco ñoña.

El video clip tampoco me gusta. No me dice nada, al menos nada nuevo. Mucho Miles a golpe de guitarra frente a una pantalla que va soltando frases y frases.  No sé, siendo un tipo que compone tan guay, me esperaba algo más bonito, más logrado,  más sorprendente en definitiva. Más de otra cosa y menos de lo mismo. De las escenas de la chica bailando sexy encima de la plataforma, hablaremos otro día.

 

Como decía al principio, no sé cómo ni quién me llevó hasta estos chicos y no quiero entrar en el bucle del huevo y la gallina. Parte de este descubrimiento debe ser cosa de spotify y su maravillosa sección de  artistas relacionados. Como víctima de mi tiempo, he de saciar  un Diógenes musical exagerado y toda fuente de alimentación es bienvenida. No sé qué pasará con lo nuevo de mis chicos, no sé si me arrepentiré de estas palabras desalentadoras, o si volveré atacando con retaguardia incluida. Sólo sé que el cordero de dios quita el pecado del mundo y lo que me han dado hasta ahora Alex y Miles ha calmado a muchas fieras, entre ellas, a mi misma.


María Badia