La buena suerte es algo fundamental. No digo la suerte del tipo “he conseguido aparcamiento en pleno centro,” o “me he encontrado un billete de diez euros en el suelo”. No. Me refiero a la suerte del tipo “me quedé dormido al volante,el coche se salió de la carretera y dio dos vueltas de campana, pero a mí no me pasó nada”, o la suerte del tipo  “le llegó mi guión a un productor que justo había tenido una mala experiencia con un director de renombre, y me ofreció dirigir la película para no tener que aguantar a directores pretenciosos”. No diré el nombre de los directores pretenciosos, pero sí, efectivamente, a mí me ofrecieron dirigir mi primera película, “25 Kilates” por suerte, por pura casualidad. Y es que de casualidades está hecha la vida.

 

Y de causalidades, porque la causa-efecto es fundamental en los guiones, pero también en la vida. Si yo no hubiera escrito ese guión por mi cuenta y riesgo, sin saber si le podría interesar a alguien o si “me lo tendría que comer con patatas”; si yo no hubiera hecho un corto llamado “Mus” (por puro afán de ver en pantalla una historia que a mí me resultaba interesante y divertida) que luego ese productor vio y apreció; si yo no hubiera aceptado el reto de rodar un thriller policiaco a pesar de no tener apenas experiencia como director… Pero lo hice. Rodé el corto, escribí el guión, acepté el reto. Y una cosa llevó a la otra. Causa-efecto, causa-efecto.

 

No nos confundamos. Yo ya llevo en este negocio unos cuantos años y, durante muchos de ellos,la suerte me había pasado de largo. Escribí guiones que yo creía tan buenos o mejores que “25 Kilates”, pero algunos nunca encontraron productor, otros nunca encontraron financiación. Ahí están, en el cajón de “viejos proyectos que esperan una segunda oportunidad”, porque en la primera oportunidad faltó algo: no encontré el productor adecuado o el productor no tuvo la capacidad de enganchar a una cadena o la cadena no supo ver la potencialidad del proyecto o el proyecto no llegó en el momento indicado al lugar preciso… ¿Quién sabe?

 

Sin embargo, la suerte ha vuelto a llamar a mi puerta unos años después. La casualidad y la causalidad me han traído a Buenos Aires.Y todo empezó con una decisión instintiva: acepté escribir un guión junto a mi amigo argentino Alejo Flah para un productor español que vive en Argentina, Andrés Longares, a cambio de un adelanto insignificante. Y todo porque confiaba plenamente en ellos y en la historia que nos traíamos entre manos. Y aquí estoy hoy, en mitad del rodaje de “SÉPTIMO”. Trabajando más en tres semanas que en los tres años anteriores. Sufriendo el cansancio propio de las interminables jornadas de rodaje, pero disfrutando al vercómo la película va tomando forma.

 

Y a todo esto se añade el privilegio de trabajar con un actor de la talla de Ricardo Darín. Un actor capaz de contarte una anécdota“tronchante” y al instante siguiente hacer una de las escenas más dramáticas de la película. Capaz de haceruna pausa en medio de una toma de una escena tensa y complicada porque está oyendo pasar un coche y sabe que si suelta su frase la toma no servirá. Capaz de repetir una misma frase en tres tonos diferentes y los tres igualmente buenos. Capaz de recordarle su frase al actor que tiene enfrente cuando éste ha perdido el hilo, sin desconcentrarse, sin perderla intensidad. Un fenómeno.

 

Contar con Darín en la película sí que ha sido un golpedesuerte.

 

 P.D. Hace unos veinticinco años fui a mi primer concierto en directo. Tocaba un grupo de rock de Pamplona: Barricada. ¿A qué no sabéis quién tocaba este fin de semana en “La trastienda Club” de Buenos Aires? Efectivamente, otro golpe de suerte.

 

 Buenos Aires.  3 de diciembre de 2012

 

 

Patxi Amezcua.

Director de “25 Kilates” y “Séptimo”

 

Foto: José López Pérez