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Carta abierta a Ramón Tamames. Por Pedro Burruezo

0 bVivimos tiempos de confusión, de manipulación, de manifestaciones que parecen de funestos tiempos pretéritos.

Pedro Burruezo ha querido responder a un artículo publicado en el Diario La Razón en el que Ramón Tamames ataca de forma indirecta a todas las personas del sector “bio”.

Ramón Tamames Gómez (Madrid, 1933), que se presenta a sí mismo como «Catedrático de Estructura Económica/Cátedra Jean Monnet», fue Técnico Comercial y Economista del Estado desde 1957 hasta que pidió la excedencia voluntaria en 1969. Fue miembro muyactivo del Partido Comunista y en 1989 ingresó en el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez. Posteriormente abandonó su carrera política. Actualmente es columnista en el Diario La Razón.

Os dejo ya, sin más preámbulos, con el excelente artículo de Pedro Burruezo.

 

CARTA ABIERTA A RAMÓN TAMAMES. POR PEDRO BURRUEZO

“Si no estás seguro de que tus palabras sean sabias, es mejor guardar silencio”

Proverbio chino

 

“Que te calles”

Juan Carlos I

 

Cuentan que en un lugar perdido de un desierto africano vivía un sabio. Desde toda la comarca venían personas a consultarle cosas sobre sus vidas, sus problemas, sus interrogantes espirituales… Aquel hombre siempre tenía el mejor consejo para cada cual. Un día llegó un grupo de hombres que estaban borrachos. Habían ido para provocarle. Llamaron a la puerta de su casa y, desde fuera, le hicieron chirigotas y, de forma más o menos brusca, le insultaron y le despreciaron. Su mujer, que estaba dentro, salió hecha una furia y contestó a esos personajes de medio pelo de forma soez y con tan mal gusto como las provocaciones que ellos mismos habían vertido. Cuando se acabó la trifulca, el sabio se reunió con su esposa y de forma tajante y muy severa le reprochó haber caído al mismo nivel que ellos. Le dijo que, si quería ser una persona con un cierto nivel espiritual, nunca cayera al nivel de las personas hostiles. Argumentó que la mejor forma de luchar contra esa hostilidad era responder siempre con buenas palabras, con buenos modales, con simpatía y saber hacer. Su mujer, ese mismo día, se enfadó con él. Al cabo de unos años, un día recordó aquella historia. Abrazó a su marido con emoción y le dijo: «Realmente, ahora entiendo por qué viene gente de toda la región a escucharte».

Señor Tamames, es usted uno de esos personajes que ha venido a llamar a la puerta del sector «bio» y, con la misma hostilidad que esos individuos se comportaron con el sabio, lanza usted sus provocaciones para menospreciar y despreciar a un sector que, desde que se fundó, no ha dejado de crecer. En los últimos años, a pesar de la que está cayendo, el sector «bio» español ha seguido creciendo a un ritmo del 10/12%, según reconocen las propias fuentes ministeriales. Todo esto debería saberlo usted, ya que es economista, y debería mostrar más respecto por miles y miles de personas y empresas que crean puestos de trabajo, que producen y venden alimentos sanos y sabrosos y que respetan la salud de los consumidores y del medio ambiente. Pero yo no le voy a contestar con su mismo estilo. Quiero poder decir que aprendí algo de la leyenda de aquel sabio y le contestaré, pues, con educación y buenos modales, tanto si usted merece ese decoro como si no.

Por si usted mismo no se acuerda de lo que escribió, y para que todos puedan ver cómo es su texto y compararlo con el mío, adjunto muestro en texto corrido al final de este escrito el artículo que usted publicó en La Razón recientemente. Por cierto, ese mismo diario viene publicando desde hace tiempo excelentes monográficos dedicados a temas como el que yo expongo en estas líneas. Es curioso que, a pesar de ser articulista de ese rotativo, no se entretenga usted en leer los suplementos que publica el mismo diario dedicados a alimentación biológica, salud, medio ambiente, etc. Se lo recomiendo. Son excelentes. De hecho, la Asociación Vida Sana premió al suplemento «A tu Salud-Verde» «hace unos años por la fiabilidad, la objetividad y el prestigio del suplemento.

Vayamos al tajo. Lanza usted «perlas» que no son dignas de su «nivel» de conocido economista: «De manera predominante, la voz a que nos referimos, se relaciona con la afición, bastante extendida últimamente, de elaborar y consumir productos que se pretenden de ecológicos (¿es que los demás no lo son?), con la pretensión de que en ellos no interviene la pecaminosa mano del hombre: nada de abonos artificiales que se consideran nocivos, ni plaguicidas que pudieran ser tóxicos, ni de biotecnologías buscando organismo genéticamente modificados (transgénicos, para entendernos), porque no se sabe qué consecuencias tendrán a pesar de estar homologados por institutos científicos.» Todo el mundo sabe, señor Tamames, que, efectivamente, hay alimentos que son ecológicos y otros que no lo son. Hay una certificación al respecto y una normativa europea muy estricta. Pues, a pesar de lo que muestra su falta de información al respecto, unos han sido elaborados sin productos químicos sintéticos y los otros, los convencionales, son el resultado de un sin fin de tratamientos químicos muy nocivos, como reconocen tantos y tantos científicos independientes de todo el mundo. Usted quiere convencernos de que la química sintética, los transgénicos… son completamente inocuos porque cuentan con el beneplácito de la ciencia. ¿De qué ciencia estamos hablando, señor Tamames? ¿De aquellos científicos a sueldo de grandes empresas transnacionales, que hoy financian a tantas universidades, para que certifiquen con estudios «neutrales» lo que a ellos les interesa, desatendiendo el sentido común, la objetividad y la presunta «asepsia» de la ciencia? Le insto a que lea literatura científica independiente acerca de las consecuencias que están teniendo el uso masivo de todo tipo de plaguicidas en la salud de la fauna silvestre y de los propios consumidores humanos. ¿O es que usted no sabe que, por ejemplo, estos productos dañan irremediablemente la fertilidad humana y que el semen de un varón hoy es muy inferior en fertilidad a lo que era el semen de nuestros abuelos? Si quiere usted transgénicos, a nosotros nos parece muy bien que se los dé a sus hijos y a sus nietos, pero no engañe a la población. Si tan sanos son, ¿por qué está prohibido su cultivo en todos países de la Unión Europea con la excepción de España? ¿Al servicio de quién está usted, señor Tamames? Por activa o por pasiva, sus palabras no hacen otra cosa que engañar a la gente y favorecer a los grandes lobbies agroalimentarios mundiales, en manos muy dudosas. Y sí, vale, los productos biológicos son algo más caros que los convencionales. También son de una gama más alta. Pero esa no es la cuestión. Porque, sea sincero, señor Tamames, ¿quién paga los costes medioambientales y sanitarios de trabajar con tantos productos químicos? Pues el erario público. Al fin y al cabo, mire usted por dónde, y debería saberlo, pues se llama economista, esos costes adicionales que no pagan las grandes industrias, representan el «plus» que sí paga el consumidor ecológico, que no contamina, que no agrede a los ecosistemas, que no empeora la salud de los consumidores. Sorpresas te da la vida: Ramón Tamames empezó su carrera política siendo comunista y ha acabado defendiendo los intereses (¿sin saberlo usted?) de los lobbies de grandes empresas agroalimentarias como Monsanto y otras. Curiosamente, el asunto «bio» es defendido en toda Europa por grupos de la derecha y de la izquierda como un asunto de estado. En España, porque «semos diferentes», la derecha y la presunta izquierda legislan a favor de grandes empresas que controlan el 80% del mercado de semillas, insumos del agro y productos alimentarios. ¿Ha reflexionado sobre estos temas, señor Tamames? Por cierto, sepa que la feria BioCultura fue una idea creada, entre otros, por el entrañable Tierno Galván. Si no recuerdo mal, usted fue concejal en el consistorio madrileño por él presidido. Él era un gran defensor de una agricultura sana y descontaminada. Lástima que otras personas que encabezaban por aquel entonces listas de la izquierda no tuvieran, como Don Tierno Galván, esa visión de futuro, esa lucidez. Y más extraño resulta aún que, tantos años después, la misma visión continúe siendo el pan nuestro de cada día de tantos pensadores…

Otra de sus «perlas» la reproduzco entre comillas: «Ciertamente, se lo digo a los lectores de ‘Planeta Tierra’ (sic), no soy ningún entusiasta de la biocultura, aunque la respeto. Pero no me parece lo más correcto que algunos biocultores lancen invectivas a los productos de elaboración masiva; que en la mayoría de los casos son de buena calidad, precio más bajo, y con garantías de salubridad». Usted llama productos de buena calidad, de precio más bajo y con garantías de salubridad a productos alimentarios cada vez más contaminados. La interminable literatura científica muestra cómo la alimentación convencional, saturada de pesticidas y todo tipo de productos químicos nocivos, está en el origen de las altas tasas de cáncer, enfermedades degenerativas, asmas, alergias, Síndrome Químico Múltiple, diabetes, etc. Le insto usted a investigar lo que, porque ya clama al cielo, reconoce la propia OMS: «El 80% de las enfermedades que padece la población tiene que ver con los alimentos de su dieta».

Pero su última frase es la más flagrante: «Si se le preguntara a Borlaug -el Premio Nobel de la Paz que planteó la Revolución Verde- su opinión sobre las nuevas tendencias bioculturales, quizá habría contestado con observaciones similares a las que hemos hecho. Y es que en realidad, volver a los productos pretendidamente sanos y que nos van a hacer vivir muchos años más (lo que es harto dudoso), resulta algo así como retornar a los sastres tradicionales; olvidándonos que existen Zara y Emidio Tucci, por citar sólo dos marcas de lo más hispánicas». Aquí se lleva usted el Premio a la Ignorancia, señor Tamames, con perdón del sabio africano. Efectivamente, cualquier economista, y más de su pretendida élite (muy discutible, por cierto), debería saber que la Revolución Verde ha sido uno de los grandes fracasos de la modernidad. Los pesticidas, herbicidas y fertilizantes químicos (herederos de productos bélicos de la II Guerra Mundial) no han hecho desaparecer el hambre de la faz de la Tierra, sino que la han aumentado, de la misma manera que han multiplicado las diferencias entre países pobres y países ricos. Y, por si fuera poco, esos productos han enfermado a los productores y a los consumidores y han «quemado» las tierras, las aguas y el ambiente por allí por donde han pasado. Por allí por donde ha pasado la Revolución Verde ahora encontramos tierras yermas, improductivas e incapaces de alimentar a nadie. Lea usted, señor Tamames, los informes al respecto de las grandes entidades humanitarias internacionales. No dejan lugar a dudas. ¿De dónde recoge usted la información, señor Tamames, de las agencias de prensa de las grandes transnacionales de la reproducción de semillas?

Su biografía dice mucho de sus escritos. Seguirle a usted la pista es descubrir que ha cambiado usted de tendencia política yéndose de un extremo a otro sin ningún pudor, cosa que ha pasado en buena parte de la clase política en los últimos años para sorpresa de propios y extraños. Ahora, quizás dentro de unos años, cuando el sector «bio» haya tenido un éxito total y haya despegado como ya ha ocurrido en países de nuestro entorno (Alemania, Italia, Francia, UK… Por cierto, con todo el apoyo de su clase política, al contrario que en nuestro país), veremos textos suyos en diferentes medios de comunicación a favor de un sector que, no gracias a usted y a otros políticos, ha sobrevivido a la crisis, sino a pesar suyo, pues sus textos malintencionados no son otra cosa que misivas que parecen escritas por los consejeros de grandes firmas cuyo único interés es intentar acabar con un sector que representa mucho más que una competencia, sino toda una alternativa a una forma de producción nociva y que sacrifica los derechos sanitarios y medioambientales de la población en pos de los intereses de empresas con historiales de fraude público a sus espaldas más que notorios.

Señor Tamames, yo no represento al sector «»bio»». Sólo soy una persona que procura que su familia y los demás se alimenten de la manera más sana posible. Dirijo una publicación ecologista, The Ecologist, que ha publicado una gran cantidad de información en sus 14 años de vida acerca de cómo los productos químicos y la modificación genética representan una gran amenaza para la Humanidad. Me gustaría, sinceramente, poder enviarle algunos de los monográficos que hemos publicado al respecto. Pero le bastará consultar www.theecologist.net y otros medios de verdad independientes para saber que lo que digo es cierto. Le animo a tomar fuentes de información que sean fiables, con un cierto prestigio, informaciones contrastadas. Le insto a que no lance misivas tan dañinas para agricultores y empresas que están creando puestos de trabajo en estos momentos sin tener un conocimiento de lo que está hablando, porque esas palabras pueden hacer daño. Le recomiendo que usted y su familia se alimenten con productos ecológicos, sanos, sabrosos, sanadores, para mantener al galeno lo más alejado de casa. Al final, porque la salud es lo más importante, salen muy baratos. Finalmente, le animo también a que navegue por Internet: el sector «»bio»» no está formado por cuatro hippies iluminados, sino por gentes que ven en la agricultura biológica un sector con futuro, fiable, robusto y extraordinariamente vivo y dinámico. Muy al contrario que tantos otros sectores que hoy agonizan. Permítame que le invite a visitar BioCultura, del 8 al 11 de noviembre, en Ifema, Madrid. Para que pueda comprobar con sus propios ojos todo esto que le estoy diciendo. Vívalo usted mismo y no se deje guiar más por los consejeros de administración de grandes empresas del agro cuyos intereses confesables y ocultos tienen muy poco que ver con la salud medioambiental y eco-nómica del planeta.

 

Pedro Burruezo, director de The Ecologist, músico y compositor

 

0 1236688622_0-320x212Artículo publicado en el diario La Razón el 4 de noviembre de 2012

BIOCULTURAS, por Ramón Tamames. La Razón

De un tiempo a esta parte, se ha puesto de moda, en toda una serie de medios, la idea de la biocultura. Un término susceptible de diversas acepciones, puesto que al fin al y al cabo no significa otra cosa que el «cultivo de la vida»; algo que la Naturaleza hace por sí sola, sin que nadie tenga que decirle cómo ni cuándo. Y es que a veces nos lanzamos a lucubraciones varias, que cuando se aprecian con la cabeza fría pueden no resultar ni fehacientes ni útiles.

De manera predominante, la voz a que nos referimos, se relaciona con la afición, bastante extendida últimamente, de elaborar y consumir productos que se pretenden de ecológicos (¿es que los demás no lo son?), con la pretensión de que en ellos no interviene la pecaminosa mano del hombre: nada de abonos artificiales que se consideran nocivos, ni plaguicidas que pudieran ser tóxicos, ni de biotecnologías buscando organismo genéticamente modificados (transgénicos, para entendernos), porque no se sabe qué consecuencias tendrán a pesar de estar homologados por institutos científicos.

Ciertamente, se lo digo a los lectores de «Planeta Tierra», no soy ningún entusiasta de la biocultura, aunque la respeto. Pero no me parece lo más correcto que algunos biocultores lancen invectivas a los productos de elaboración masiva; que en la mayoría de los casos son de buena calidad, precio más bajo, y con garantías de salubridad.

Si se le preguntara a Borlaug -el Premio Nobel de la Paz que planteó la Revolución Verde- su opinión sobre las nuevas tendencias bioculturales, quizá habría contestado con observaciones similares a las que hemos hecho. Y es que en realidad, volver a los productos pretendidamente sanos y que nos van a hacer vivir muchos años más (lo que es harto dudoso), resulta algo así como retornar a los sastres tradicionales; olvidándonos que existen Zara y Emidio Tucci, por citar sólo dos marcas de lo más hispánicas.

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4 comments

  1. Gran artículo, te felicito Pedro. Artículos asi son cada vez más trascendentales. ¡Enhorabuena!

  2. Me he emocionado con la entrada de la carta, la alusión a los sabios y la manera de transmitir el mensaje ¡Bravo, Pedro Burruezo!

  3. No soy vegetariana pero comparto totalmente el mensaje

  4. Como editor quiero darle las gracias a Pedro Burruezo y coincido en que su carta es extraordinaria, merecedora de más de una lectura. ¡Gracias Cometín Sónico, La de Oviedo y Emi, por vuestro comentarios! ¡Un abrazo!

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