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En el Castro de Baroña: Un lugar increíblemente bello, para visitar una vez en la vida por lo menos

“Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”. Samuel Johnson

Siempre que estoy en un lugar como el Castro de Baroña imagino como sería allí la vida siglos atrás. Me monto mi propia película y me quedo absorto, me gustaría parar el tiempo.

He estado en varios castros pero en ninguno con puerta abierta expedita al mar como este.

El pasado 29 de junio fue una jornada muy especial. Viajar es una de mis grandes pasiones como bien sabe la audiencia de nosolocine.net

Un castro es un poblado fortificado celta, por lo general prerromano, aunque existen ejemplos posteriores que perduraron hasta la Edad Media existentes en Europa y propios de finales de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro. Se encuentran con frecuencia en la península ibérica, en particular en el noroeste con la cultura castreña y en la meseta con la cultura de las cogotas.

La palabra castro proviene del latín castrum, que significa «fortificación militar» (de ahí viene la palabra española castrense, «relativo a lo militar»).

Otro nombre con el que se conoce a los castros es oppidum (en plural oppida), en particular cuando son de gran tamaño.

El Castro de Baroña está situado en la parroquia de Baroña (municipio de Puerto do Son, en la provincia de La Coruña). El asentamiento está construido en una península, situándose su ocupación en los siglos I a. C. a I d. C. Poseía dos murallas a su alrededor y se conservan 20 viviendas de planta circular u oval.

En el istmo que une el poblado al castro se excavó un foso de cuatro metros de ancho y tres de fondo que constituye la primera línea de defensa. A continuación hay una muralla consistente en dos muros de mampostería casi paralelos con un relleno de arena y piedras. Se piensa que originariamente continuaba hasta conectar con la muralla del poblado, creando un espacio probablemente no ocupado con viviendas.

La muralla principal, bien conservada, cuenta con dos lienzos. Uno de ellos, a la derecha, consiste en tres muros de mampostería que suben gradualmente y el de la izquierda es semejante al del istmo. A la derecha de la abertura de entrada hubo un cubo defensivo y los muros se estrechan, por lo que se supone que se cerraba con una puerta que no dejaría pasar los carros. Posiblemente, la muralla rodeaba el castro casi completamente.

La entrada al interior consiste en una rampa. La zona habitada se estructura en cuatro áreas. En la primera, a la izquierda hay una construcción en la que había un banco corrido o, según otra interpretación, un simple pilar. En ella se encontraban un fogón, un agujero para un poste y varias cazuelas de barro. Pudo ser una forja. Frente a la puerta de la muralla hay otras construcciones de planta oval con vestíbulo y otra que también pudo haber sido otra forja.

El sector siguiente está separado por un muro, que tal vez servía para contener la tierra, y se pasa a él subiendo unas escaleras, las mejor conservadas de entre los castros gallegos. Se distinguen un «barrio» de casas que delimita una «plaza» protegida del viento.

Un sendero lleva al sector más alto del poblado, en el que también hay construcciones.

El poblado debió de ser autosuficiente. Dentro del castro no hay agua, ni en manantiales ni en aljibes, por lo que debió ser preciso ir a buscarla al exterior. Se piensa que la alimentación tenía como principal fuente el mar: mariscos y pescados; también se consumían bóvidos, cabras y ovejas y bellotas.

Hay restos de metalurgia, trabajo de la piedra y de tejido.

Me gusta viajar en coche porque decidas cuando sales, a donde vas y a que hora regresas, te da una gran libertad. Viajar a pie o en coche es lo que más me atrae, sin prisas, con mucha curiosidad, con ganas de aprender, de incrustarme en el paisaje y en sus costumbres.

Días después de nuestra estancia en el Castro de Baroña, charlando de forma distendida, Javier Méndez en el Restaurante La Polar de Monforte de Lemos,  me contó que años atrás Dani de la Torre, también monfortino y amigo de Javier, había rodado allí un cortometraje en el que se enfrentaban dos grupos, uno de skinheads, se titula «Lobos» y es de 2004.

El Castro de Baroña es un lugar bellísimo para visitar por lo menos una vez en la vida pero, curiosamente, y eso es algo habitual en Galicia, para llegar allí, las indicaciones son escasas, solo justo donde se encuentra el enclave encuentras el rótulo indicativo.

Uno de los déficits en toda la región es el feísmo y la degradación puntual de monumentos y recursos culturales, y esta frase no es mías, forma parte de un interesante artículo publicado en la edición en papel de La Voz de Galicia, el pasado domingo 2 de julio.

Finalmente quiero recordar que en Porto do Son precisamente rodó Alejandro Amenábar la magnífica película, «Mar adentro», en 2004

Continuará…

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: Bianca Baust

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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