El cine Alexandra vino a reforzar a los que existían en la Rambla de Catalunya. Se hablaba de la pugna entre el Paseo de Gracia, que contaba con el Savoy, el Publi, el Fantasio y el Comedia, y la Rambla de Catalunya con el Kursaal, el Alcazar y los cercanos Montecarlo y Windsor.

La inauguración del cine Alexandra, el 26 de marzo de 1949, fué un acontecimiento ciudadano. Un local elegante, diseñado con sumo gusto, en la misma onda del Montecarlo y el Windsor Palace, inaugurados pocos años antes. No en vano el artífice principal de los tres locales era el mismo, Modest Castañé, conocido decorador barcelonés. La calidad de la programación fué siempre acorde con la elegancia del local. El cine europeo encontró su sala, su sitio. Las películas de Fellini, Risi, Truffaut, Scola, Saura se estrenaban en el Alexandra. También se estrenó ‘El milagro de Malaquías’ (Bernhard Wicki 1960), película alemana en blanco y negro, que yo ví con mis padres a regañadientes. Fué un auténtico shock, con camareros disfrazados de cura y camareras de monja en un bar desmadrado que había montado el tal Malaquías, que era un monje. Aún no entiendo como se le coló a la censura tamaña irreverencia. Se despistarían por el título.

En 1980 el anfiteatro del Alexandra se remodeló y nacieron dos nuevas salas: el Alex 1 y el Alex 2, con una programación controlada por el imaginativo Circulo A. Y no podemos olvidar que el Alexandra esconde una joya en su interior: el Alexis. Una pequeña sala independiente, de 143 localidades, que fué inaugurada en 1954 como cine, para convertirse al cabo de un año en teatro y volver a ser cine, de arte y ensayo, a partir de 1969. Un cine-teatro de bolsillo, también diseñado por Modest Castañé, que es un regalo para los sentidos.

El Alexandra cierra sus puertas después de 64 años. La razón es simple: falta de espectadores. Ya sólo nos quedan cuatro grandes cines en Barcelona: el Comedia, inaugurado en 1941; el Aribau, en 1962; el Palau Balañá, en 1965 y el Club Coliseum, en 1978. La misma película y por el mismo precio la podemos visionar en una multisala o en una de estas cuatro, que disponen de los mismos avances técnicos pero ganan en elegancia y pedigrí. No esperemos a lamentar que las cierren.

Carlos Mir