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CINE EN DECONSTRUCCIÓN, HOY «LA CHISPA DE LA VIDA»: LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUE. POR RUIZ DE VILLALOBOS

Nadie le puede negar a Álex de la Iglesia una gran cantidad de voluntarismo a la hora de buscar constantemente lo original y ya desde “Mirindas asesinas” (1991), el corto que le abrió las puertas a Pedro Almodóvar, su filmografía está repleta de buenas intenciones en este campo de lo original y bastante hueca en lo que se refiere a los resultados finales.

Ahí están las buenas intenciones de “Acción mutante” (1993), su “locura” más fresca y convincente, “El día de la bestia”, “Perdita Durango”, “Muertos de risas” (su primera mirada sobre lo mediático), “La comunidad” (quizás su película más redonda), “800 balas”, “Crimen ferpecto”, “Los crímenes de Oxford” y “Balada triste de trompeta” (sus dos últimos errores más destacados), a los que hay que añadir “La chispa de la vida”. Dejando de lado que es una descarada copia (o quizás intento de homenaje de un cinéfilo a un cineasta irrepetible como Billy Wilder) de “El gran carnaval”, la última película de Álex de la Iglesia adolece de una serie de elementos que la hubieran mejorada y le sobran otros que la hubieran hecho menos tediosa y repetitiva. En primer lugar hay que recordar que el guión es del norteamericano Randy Felman, autor de guiones tan convencionales como los de “Tango y Cash”, “Sin escape: Ganar o morir” y “El negociador”, con lo cual, para ser justos, las responsabilidades del resultado final de la película se deberían repartir entre guionista y director, pero no cabe duda que, al final, quien firma la película es el director de ahí que la deconstrucción de “La chispa de la vida” debe hacerse sobre el trabajo de Álex de la Iglesia.

Si bien el propio director ha declarado en diversas entrevistas que no puede huir de su vena cómica, lo cierto es que la historia de la película: “Un destacado profesional de la publicidad que busca desesperadamente trabajo, sufre un accidente y se convierte en objeto mediático” es un drama y cómo mucho una tragicomedia, pero nunca una patochada como en ocasiones se convierte “La chispa de la vida”, porque es bueno recordar que la tragicomedia es uno de los géneros narrativos más delicados porque necesita del equilibrio más que ningún otro, y De la Iglesia demuestra en “La chispa de la vida” que carece de ese feeling para encontrar el equilibrio entre lo dramático y lo cómico. Cinco, según mi criterio, son los elementos que podrían ser mejorados en la película. A saber:

1.- El accidente que sufre el protagonista (un José Mota que no consigue hacer real al personaje de Roberto Gómez) es tan imposible (me gustaría saber la opinión médica sobre el mismo) que distancia al espectador (por lo menos a mí) del sufrimiento real que una persona, en esas circunstancias, padecería. Cualquier otro tipo de accidente, en el que el afectado no pudiera ser recuperado con prontitud hubiera sido mucho más convincente.

2.- El histrionismo, más que exagerado equivocado, de personajes como el alcalde, Mercedes, la responsable de las excavaciones, el médico que atiende al accidentado, el promotor televisivo o el director de la cadena de televisión a quien se le quiere vender la exclusiva del suceso, lo que repercute en que los intérpretes de cada uno de esos personajes estén en sus horas más bajas como tales.

3.- El mal chiste de poner al hijo de Roberto y Luisa (una Salma Hayek correcta, porque no en vano es una profesional hecha en el cine de Hollywood) como un gótico de zapatones, cruces y piercings (no se sabe si es una directa referencia a las hijas del señor Rodríguez Zapatero en su vista a Washington o una simple tontería de una noche de insomnio).

4.- La deficiente planificación de todo lo que ocurre en el anfiteatro de Cartagena, especialmente las tomas del personaje de Roberto Gómez postrado y el excesivo metraje de esas escenas que son, muy en la línea del cine de De la Iglesia, más de fuegos artificales que de valor narrativo.

5.- La secuencia final, con la patada de Salam Hayek al maletín de dinero que Juanjo Puigcorbé ha puesto en el suelo para comprar la entrevista que le ha hecho la periodista de la televisión local, absolutamente fuera de lugar cuando el personaje de Luisa y sus hijos acaban de ver morir a su marido y a su padre.

A Álex de la Iglesia, cómo a otros muchos directores, le pierde la ambición de querer ir más allá de sus posibilidades reales y películas como “La chispa de la vida” son la mejor muestra de que ignorar las propias limitaciones nos lleva a un espacio vacío. Como todo en la vida es mejorable, “La chispa de la vida” pulida y lustrada con más inteligencia hubiera sido otra película.

 

 

Ruiz de Villalobos

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One comment

  1. Hasta hoy no había reparado en que la sección Cine en Deconstrucción requiere haber visto la película analizada. Había leído los interesantes artículos cuando a veces no había visto el film. Hoy, que tampoco la he visto y tenía intención, hubiera agradecido uno de esos avisos de «spoiler», tan de moda últimamente.

    Aunque imagino que la culpa es mía por haberme puesto a leer esto sin haber visto la película. Ahora ya sé cómo acaba…

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