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CINE EN DECONSTRUCCIÓN. HOY «LUCES ROJAS» (RED LIGHTS): LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUÉ, POR MIGUEL-FERNANDO RUIZ DE VILLALOBOS

IMPORTANTE: POR FAVOR NO LEER ESTE ARTÍCULO ANTES DE VER LA PELÍCULA PORQUE EXPLICA ASPECTOS DE LA TRAMA Y PUEDE MOLESTAR AL QUE TODAVÍA NO LA HA VISTO

«RED LIGHST» (LUCES ROJAS): LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUÉ

Rodrigo Cortés (Pazos Hermos, Ourense, 1973) hizo un espectacular debut en el largometraje en 2007 con “Concursante”, una película que se adelantó a los acontecimientos y que ahora sería un buen termómetro de la situación que vive el país. Tras varios e interesantes cortometrajes, su debut en la doble faceta de guionista y director abría un resquicio de esperanza en el esquelético panorama del cine español de la primera década del siglo XXI.

Desgraciadamente, la continuación de su carrera en el largometraje se decantó por derroteros de más fácil recorrido como fue “Buried” (“enterrado”, 2010), una coproducción entre España. Estados Unidos y Francia, sobre un guión de Chris Sparling, una interesante idea para un cortometraje convertida en un pesado e insufrible largometraje, donde la intensidad de la situación que vive el protagonista y el espacio claustrofóbico llegaban a resultar tan falsos como el incomprensible éxito que tuvo entre la crítica española, demasiado deseosa de encontrar algo con lo que alimentar la esperanza sobre un cine español con cara y ojos.

Su tercera aventura cinematográfica, ya decididamente internacional, es una desequilibrada producción entre España y Estados Unidos, rodada en inglés, entre Barcelona y Toronto, fundamentalmente, con un reparto internacional donde destacan Sigourney Weaver, Robert De Niro y Cillian Murphy. Con guión del propio Rodrigo Cortés (cuándo los directores con pocas horas de vuelo descubrirán lo aconsejable que es viajar con un copiloto de experiencia), “Luces rojas” (“Red lights” para España por aquello de lo internacional que es el inglés), es un  frustrante intento de profundizar en el eterno tema de la parapsicología, de lo que tiene de verdad y de lo que tiene de mentira. Cinco son los aspectos que al poner en deconstrucción la película, en un intento lo más objetivo posible, saltan a la vista:

1.- Una primera parte (hasta la muerte del personaje que interpreta Sigourney Weaver) que se mantiene por la eficacia de un buen ritmo narrativo, una prudente utilización de los efectos especiales y, fundamentalmente, por la presencia siempre magnética e insobornable de una actriz que como Sigourney Weaver hace bueno todo lo que toca.

2.- A partir de ese momento, la película se le va de entre las manos a guionista y director, y lo que entraba dentro de una interesante reflexión sobre la ciencia pura y dura y los poderes sobrenaturales, se convierte en un capítulo más de las infinitas películas que sobre el tema se han producido a lo largo de los años, con una perversa utilización de efectos que más que especiales son risibles y con un cambio de guión y de diálogos que hacen sonrojar al más curtido.

3.- La mala elección de un actor plano, de rictus a lo Victor Mature, como Cillian Murphy, que si en la primera parte aguanta a su personaje es gracias a compartir plano con Sigourney Weaver, en la segunda parte, al quedar sin el bastón de la actriz, naufraga en un personaje que se desdibuja plano a plano.

4.- La presencia de personajes innecesarios, meros trucos para dar salida a un guión encallado en su resolución, como es la estudiante que se convierte en auxiliar de la pareja Weaver-Murphy, o el joven experto en ordenadores, por no mencionar a la ayudante del personaje que interpreta Robert De Niro.

5.- La parafernalia final en el teatro donde Simon Silver (otro trabajo de fácil olvido de un grande como Robert De Niro), donde todos los vicios del cine de Hollywood, es decir, los fuegos de artificio por los juegos de artificio, alcanzan cotas de extrema vulgaridad sin aportar nada a un género que necesita de más seriedad al ser tratado, porque no es un tema baladí en la cultura de la sociedad humana.

Estos cinco puntos se pueden resumir en dos:

1.- Que pena que el guionista y el director no haya sabido mantener el recorrido de la primera parte, ese análisis lúcido y explícito sobre ciencia y parapsicología.

2.- Y más pena si Rodrigo Cortés se ha visto presionado por la producción para ese vacuo e inútil festival de efectos especiales que ensucian las posibilidades de lo que es y lo que podría haber sido “Luces rojas”.

Ruiz de Villalobos

 

 

 

 

 

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