Siempre que se pueda hay que ir con la verdad por delante, y en esta ocasión voy a pecar de decir la verdad y nada más que la verdad. Me pide el buen amigo y gran profesional José López Pérez, ya saben el alma mater de esta página que cada día gana más adeptos, que escriba, reflexione o pondere (digan lo que quieran) sobre la última película de Pedro Almodóvar, “Los amantes pasajeros” en este espacio ocasional que es “Cine en deconstrucción”. La verdad es, la verdad de la verdad, que no me apetece nada de nada escribir y mucho menos reconstruir la película de Almodóvar, no tan sólo porque me parezca horrorosa  (la peor de su filmografía, que ya hace varias películas está haciendo aguas), si no porque me falta motivación para intentar especular sobre cómo podría haber sido construida de otra manera. Pero la amistad es la amistad, los retos son los retos y las motivaciones siempre son buenas, aunque a veces la indiferencia y la pereza se apoderen de uno.

Para hacer más fácil (para mí) este intento de desconstrucción de “Los amantes pasajeros”, voy a dividir mi análisis, mi disección (personal sin lugar a dudas y con todo el margen de error que hay en todas nuestras miradas) en diez puntos, por aquello del famoso decálogo, tan habitual en nuestra cultura europea:

1.- El título de la película, quizás lo mejor de la misma, juega con esa  equívoca y dudosa construcción gramatical “los amantes pasajeros” en vez de “los pasajeros amantes”, que permite hacer entender al espectador que los amantes son pasajeros (una verdad de amplio porcentaje), pero que los pasajeros no son amantes (aunque si es cierto que hay una pareja de amantes en la historia, los personajes de Álex Acero –nombre para la reflexión- y Joserra).

2.- Lo más inquietante de la película es que, según las pocas, pero directas, declaraciones que ha hecho Pedro Almodóvar, con “Los amantes pasajeros” vuelve a la comedia. Si “Los amantes pasajeros” es una comedia, tendré que repasar, muy a mi pesar, mis relaciones cinematográficas con Ernst Lubitsch, Preston Sturges, Billy Wilder y Howard Hawks. Ni una risa, ni una sonrisa, quizás un sonrojo por lo pedestre de lo que se supone quiere ser un gag, una situación cómica o una ironía. “Los amantes pasajeros” se cae desde el primer plano hasta el último, desde el primer intento de querer hacer reír al espectador.

3.- Lo más lamentable de la película es ese intento de plantear una metáfora sobre la situación que vive el país. Vamos por partes: El avión esla Españaactual, que tiene roto el tren de aterrizaje y no encuentra un aeropuerto donde hacer un aterrizaje de emergencia, con el peligro que tienen todos los aterrizajes de emergencia. Los pasajeros de primera clase y la tripulación son los diferentes representantes de la sociedad española (políticos, dirigentes sindicales, empresarios, artistas, videntes, asesinos y jóvenes), los pasajeros de clase turística son el pueblo, que ha sido adormecido para que no sepa el posible trágico final que se le avecina. Cómo es fácil elucubrar (imaginar sin mucho fundamento), cada personaje (los dos pilotos, los tres azafatos, la vidente, la dominatrix, el asesino, el empresario, la pareja de jóvenes recién casados) puede ser proyectado en personajes reales de la vida española, algo que se debe dejar al libre albedrío del espectador.

4.- Lo más curioso de “Los amantes pasajeros” es la obsesiva repetición por parte de todos los protagonistas de esta historia de la necesidad y ventajas del sexo oral, concretamente la felación (estimulación bucal del pene), vulgarmente mamada (palabra todavía no reconocida porla RAE, pero todo se andará), que termina por aburrir y que de tanto repetirlo pierda, justamente, su posibilidad de ser escandalosa.

5.- Es evidente que para mirar con ojos objetivos “Los amantes pasajeros”, no se debe tomar ninguna posición moral, ni a favor ni en contra de nada ni de nadie, de ahí que resulte chocante que siendo una película que hace una exaltación de la homosexualidad caiga, en determinados momentos, en un feroz machismo, lo cual lleva a preguntarse cuales son las intenciones de Pedro Almodóvar, un hombre que ha amado tanto a sus actrices (mujeres).

6.- Que la película transcurra en el espacio que transcurre (la cabina de los pilotos, el espacio de los azafatos y el departamento de primera clase, con puntuales salidas al exterior, gracias a la telefonía móvil), como un burdo homenaje o referencia innecesaria al camarote de los hermanos Marx (esto puede ser una magnífica elucubración) en “Una noche en la ópera”, no hace más que reafirmar el caos especulativo al que se ha visto abocado Pedro Almodóvar, bastante tocado por los malos resultados de sus más recientes películas.

7.- Pero eso sí, lo más divertido de la película, cómo guiño travieso de Pedrito antes de ser Pedro, es que finalmente el avión averiado con esos “amantes pasajeros” encuentre tierra en el aeropuerto fantasma deLa Mancha, donde los pasajeros ya amantes, logran salvar sus vidas, seguramente gracias a las grandes dosis de sexo que han desarrollado durante sus largas horas sobrevolando el país.

8.- Lo más patético es ver a excelentes intérpretes del cine, el teatro y la televisión de nuestro país interpretando a unos personaje que no se creen en ningún momento, y es que el gran director que fue Pedro Almodóvar de actores y actrices (especialmente estas últimas) parece haber tocado fondo en este importante apartado donde los personajes son los que sostienen la historia.

9.- Una historia, por otra parte, que tiene un guión tan flojito, tan poquita cosa, que da grima (desazón) pensar que la soberbia de Pedro no le permite aceptar un buen guionista a su lado que le ayude a superar sus actuales carencias.

10.- Y la pregunta final, la de miles de millones de la moneda que se quiera, es la de cajón ¿para qué “Los amantes pasajeros”? Que en su primer fin de semana se haya colocado en el primer lugar de recaudación no es el aval de calidad y de interés de una película. Cómo muy bien se sabe la sombra de Almodóvar es alargada y puede más lo mediático que una buena mamada (y ustedes perdonen). En fin, que cada uno aguante su vela, como yo he tenido que “aguantar” (una metáfora de esforzarme) para complacer a José López Pérez y escribir (seguramente muchas sandeces) sobre una película que ni me interesa, ni me ha motivado y que ya estoy empezando a olvidar.

 

Ruiz de Villalobos