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El cine y su luna buena. Por Roberto Navia

Nota inicial del editor: Recibo un email del gran Roberto Navia y por un buen rato me olvido de la actual situación en Catalunya. Me envía un enlace a un artículo suyo en El Deber, de Bolivia. Lo leo y me emociona porque siente una pasión por el cine similar a la mía. Por algo mi próxima película se va a titular «El Cine en las venas», es de ficción.

Luego le pido a Roberto que me deje publicar su artículo en nosolocine.net

Su respuesta es positiva.

Os dejo, pues, con Roberto Navia.

 

El cine y su luna buena

Era una sala grande, la más grande en la que entraba hasta aquellos años de mi niñez, cuando las historias me enarbolaban tanto como las latas vacías de sardina que eran mis juguetes oficiales. Quizá mis padres me llevaron al cine porque no había con quién me quede en casa -aquella casa-, quizá porque esa noche mamá no quería contarme los cuentos de Pie grande, del Caballito de siete colores, de la Mula gente…

Cualquiera que haya sido el motivo fue un encuentro precozmente adictivo, porque cuando me vi frente a esa pantalla enorme, rodeado de personas grandes sentadas y calladas, como si estuvieran a punto de despedirse de este mundo o de volver a nacer, todo cambió: mi forma de sentir la vida, de conocer el refugio de los silencios y los avatares mágicos de una banda sonora, y sobre todo, cuando terminó la película, de querer llegar a casa para que papá y mamá me cuenten más cuentos para creer que estoy de nuevo en esa sala del viejo cine Echazú de Camiri, que aquel año de mi niñez yo no sabía que era viejo, porque acababa de descubrir que una película lo podía todo, incluso, ayudar a soportar la realidad.

Desde entonces acudo a una sala de cine con la ilusión de quien va a un encuentro con la cuna de la felicidad, con el entusiasmo del viajero que con mochila en la espalda sale de casa sin intenciones de volver porque sabe que la casa de uno está donde el aburrimiento no entre. Entonces pienso en que me toparé con actrices y actores que encarnan a personajes de viva presencia, con escenarios que están al otro lado del mar, con risas y risotadas, con llantos quebrados, con besos emblemáticos, con despedidas obligadas, con manejos del tiempo que solo pueden hacerse en el cine o en la literatura, porque un director o un escritor lo pueden todo. Pueden, por ejemplo, hacer magia solvente como lo hace un creador disconforme y atormentado y poético.

Uno compra el boleto y es muy probable ir por la pipoca, por alguna soda. Después, meterse en la noche donde siempre existe una luna buena y la historia empieza a hacer de las suyas y alumbra con la potencia de un ferrocarril porque la película está empezando y la vida vuelve a existir y a gozar por todos sus sentidos.

 

Roberto Navia

@RobertoNaviaG

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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