Hace solo 3 días (el 15 de mayo) se puso a la venta el nuevo disco de estudio de Carlos Santana, con la Santana Band. Es el álbum número 36 del genial guitarrista de Autlán de Navarro, en el estado de Jalisco (México), afincado durante 4 décadas en San Francisco (U.S.A), hace un par de años que vive en Las Vegas.

EL QUE CAMBIA DE FORMA

Estamos ante un disco conceptual, instrumental, con un único tema cantado, probablemente el mejor de los 13, “Eres la luz”, en la línea de hits como “María María”, “Smooth”, “Foo Foo”, “Africa Bamba” o “Dale” (Yaleo). La fórmula se aleja de las múltiples colaboraciones desde el gran éxito del mítico “Supernatural” que lo volvió a llevar a lograr ventas millonarias.

Carlos Humberto Santana de Barragán, cercano a los 65 años, sigue en plena forma, haciendo giras, componiendo, grabando discos y apoyando a múltiples causas desde su fundación Milagro y otras organizaciones.

Virtuoso y al mismo tiempo propenso a lo místico, Carlos nos entrega un disco de estudio en la línea más espiritual, con esas fusiones que ahora parecen de toda la vida, pero que 35 años atrás fueron la base del rock latino y la primera piedra para acercarnos a la salsa, a los ritmos latinos y africanos, para acercar el jazz, el rock, el blues, el soul y los ritmos latinos y africanos al gran público. De la raíz a la modernidad, en caminos de ida y vuelta.

La banda es de auténtico lujo en el disco, con el regreso al piano y a los teclados de Chester Thompson, como hijo pródigo, grande entre los grandes. La sección de percusión la vuelven a formar Karl Perazzo en el timbal, Raul Rekow al bongó, conga y percusión, y a la batería Dennis Chambers. Se mantiene en el bajo Benny Rietveld, siguen en los coros y la voz Andy Vargas y Tony Lindsay (son voces muy afincadas en el sonido Santana). En dos temas, los que cierran el álbum, suena el piano de Salvador Santana, hijo de Carlos.

LAS CANCIONES

Abre el disco el tema “Shape shifter”, dedicado a los indios nativos de América y en el que Carlos canta, susurra y abre nuevas fronteras. El tema puede ser tildado de muy folklórico, en el peor sentido del término, el tema sigue el ritmo de una danza india, pero en directo gana fuerza y empaque, seguro que en parte, sonará a los asistentes a sus conciertos, como uno de esos interludios tan santaneros. Carlos quiere retornar al sonido de los nativos, pero con una perspectiva moderna, en un momento en el que se habla del final de una época, dado que la crisis nos encamina hacia un nuevo rumbo.

“Dom” apuesta por la batería como base percusiva y sus rifs de guitarra recuerdan a la época de “Caravanserai” o “Welcome”, en el centro del tema mantiene la estructura de ritual.

“Nomad” es el tercer tema, con una base rock, brilla su legendaria guitarra. No es uno de mis temas favoritos del disco, se hace algo reiterativo. Brilla en los teclados Mr. C.T. También es instrumental.

Con sonido de batería se abre “Metatron”. Tiene tono de himno y recuerda a una épica propia de los años 70. Con aire nostálgico juega con esas subidas y bajadas tan personales y difíciles del gran Carlos Santana. El título del tema hace alusión a un ángel al que le adjudica la virtud de su resurgimiento en la última década.

 “Angelica Faith” es el corte número 5, recuerda a algunos momentos del disco “Milagro”. El piano y la guitarra establecen un diálogo y se acaban complementando. Sigue fórmulas ya conocidas, momentos que en directo utiliza para presentar a la banda.

“Never the same again” es pura pulsión, cinco minutos que nos llevan al blues latino. Tema pausado, próximo a lo místico, puede llegar a recordar en algún momento a temas como “Samba pa ti”, pero sin bongós, ni congas.

El séptimo tema es “In the light of a new day”, se podría traducir como “Hacia la luz de un Nuevo día”, también es un tema lento, con connotaciones jazzísticas y alma rock.

Le sigue “Spark of the divine” (La chispa de lo divino), en el que Carlos intenta romper barreras.

Macumba en Budapest” se abre con percusiones latinas que dan paso a la guitarra acústica, es uno de los mejores temas del disco. Fusiona ritmos y mantiene una candencia, el piano salsero se une a la fiesta, con un solo más que notable que invita a bailar. Mestizaje sin destilación. Rekow y Perazzo se entregan a fondo.

Mr. Szabo” es uno de los temas más originales y uno de mis favoritos del disco. Con entrada misteriosa, casi cinematográfica, es como una película en formato de road movie. La guitarra y las percusiones establecen un duelo y a la vez se complementan. Carlos utiliza con maestría esas subidas y bajadas, o viceversa, en su sonido y que son tan difíciles de interpretar. Hay ecos ancestrales, nostálgicos y místicos. Dura seis minutos y veinte segundos y se hace corto. La canción está dedicada a Gabor Szabo, muy vinculado al pasado de Carlos, es el autor del tema “Gipsy Queen”, del disco “Abraxas” y que siempre se fusiona con “Black Magic Woman”, de Peter Green de Fleetwood Mac.

El mejor tema del disco es “Eres la luz”, tiene un arranque slow, para transformarse en un tema festivo y al mismo tiempo místico, ritual, nostálgico. Es el único tema no instrumental. Su letra es una manifestación de amor. Destaca el coro, una de las especialidades del catálogo marca de la casa. Está predestinado a ser el hit del disco. Brillan las percusiones latinas y especialmente el timbal de Karl Perazzo. Tony Lindsay y Andy Vargas se combinan en las voces.

“Shape shifter” cierra el círculo con dos canciones en las que toca el piano Salvador Santana: “Canela” y “Ah, sweet dancer”.

“Canela” es otra aproximación al llamado blues latino, con toda la banda apoyando a Salvador. El rif de Carlos recuerda a “Europa” y temas en esa línea. Es otro de los temas que rozan la excelencia, se cierra con ecos salseros, donde brilla el piano y los pies no pueden dejar de moverse.

El disco se cierra con “Ah, sweet dancer”, donde Salvador Santana muestra su virtuosismo y entabla un diálogo con la guitarra de su padre.

MARCAS EN EL CAMINO

Carlos al respecto de este disco ha comentado que los indios americanos creen que ellos tienen la capacidad de cambiar. De ser una tortuga, en un momento, un águila, un oso o un coyote. Es una manera diferente de decir, adáptate, ya que el cambio es inevitable.

El título del disco hace alusión a eso, podríamos traducirlo por “El que cambia de forma”.

“(…)A diferencia del crecimiento, que no siempre ocurre, el cambio llega siempre, aunque uno no lo quiera. Y uno tiene que tener la sabiduría de adaptarse. Eso es lo que acentúo en este álbum: cómo adaptarse a lo que trae la vida. No le tengamos miedo a los cambios”.

Carlos sigue manteniendo una actitud casi profética, pero en este aspecto su forma de ver las cosas es diferente. Tiene una visión muy crítica sobre muchos temas “(…) Si creemos que la realidad es lo que pasa en la televisión o en la radio, es una cosa. Pero si tomamos como realidad lo que sucede en la naturaleza, ahí encontramos que hay armonía, que hay amor. Lo que pasan los noticieros, donde se ve gente cruel, no es la realidad. Es, más bien, una ilusión colectiva. Porque, si la apagas, y caminas en el bosque, descubrís que hay armonía en los colores, en las plantas, en lo que ves. No hay dos realidades. Sólo existe la realidad del amor. Porque lo que viene del miedo es separación y distancia”.

Leyenda viva del rock es consciente de la trascendencia de su obra y de sus palabras, quizá por eso hace unos años dijo “(…) No creo en las religiones organizadas, son como la Coca-Cola, te engañan y no te quitan la sed”

“Shape shifter” es otra vuelta de tuerca del sonido Santana, un nuevo viaje, una nueva forma de cambio, de expresión.

                                José López Pérez