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CRÍTICA DE LA PELÍCULA “A ROMA CON AMOR”, POR MIGUEL-FERNANDO RUIZ DE VILLALOBOS

Ya desde el cursi título original “To Rome With Love” (que se ha mantenido en sus versiones para España) todo hacia prever que la última aventura europea de Woody Allen sería un desastre, y lo cierto es que el resultado supera las previsiones más nefastas que se podían hacer para este último viaje a las capitales europeas de un director que ha tocado fondo no se sabe si de manera definitiva o es un nuevo bache en una carrera que por lo irregular ha rebajado esa categoría de autor que en un momento de su filmografía tuvo Woody Allen.

“A Roma con amor” reúne todos los defectos que a lo largo de los años ha ido acumulando su cine, desde un guión infumable, con diálogos y gags que en nada recuerdan al brillante Allen de tiempos pasados (como ejemplo demoledor de su falta de imaginación, la secuencia en la que los tíos del joven provinciano llegado a Roma y que tiene que hacer pasar a una prostituta como su esposa, por un torpe malentendido, comentan cuando están visitando las pinturas de Miguel Ángel enla CapillaSextina, que el artista tuvo que pintar toda la bóveda echado de espaldas, lo cual era muy cansado, a lo que el personaje de la prostituta añade “ya me lo dirán a mi”), una interpretación desdibujada e incoherente (cuyo mejor ejemplo es Alex Baldwin que parece un pulpo en un garaje), aunque se salva Judy Davis, siempre brillante, y donde Woody Allen vuelve a hacer de Woody Allen más hipocondríaco que nunca, y un tempo narrativo tan equivocado como cansino, donde las cuatro historias que desarrolla la película no están bien repartidas. Especialmente la que interpreta  Roberto Begnini, cada vez más amanerado y poco creíble, que es de vergüenza ajena, porque en definitiva no quiere decir nada de nada.

“A Roma con amor” es, si el tiempo y la capacidad que todavía le debería quedar a Woody Allen, no lo remedia, el triste testamento de un cineasta que pudiendo cerrar una brillante carrera creativa se ha quedado, hoy por hoy, en un simple mercenario del sistema productivo cinematográfico, porque si “A Roma con amor” viene firmada por un director cualquiera se podría aceptar como una película de ver y olvidar, firmada por Woody Allen adquiere la dimensión de desastre total. Y quererla comparar con algunas comedias italianas de los años 60 es ofender aquel sólido cine italiano que dio tantas películas de calidad durante aquellos años.

El periplo europeo de Woody Allen se cierra en falso, dejando tantos puntos suspensivos, cómo preguntas sin respuestas, porque está por ver si el director de películas inolvidables como “Interiores”, “Hannah y sus hermanas” o “Delitos y faltas” puede volver a demostrar lo que fue.

 

Ruiz de Villalobos

 

 

 

 

 

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