Michael Haneke nació en Múnich el 23 de marzo de 1942 pero se considera austríaco (la nacionalidad de su madre, la actriz Beatrix von Degenschild).

Haneke es uno de los mejores cineastas europeos de todos los tiempos, con tres obras maestras en su filmografía: “Funny games”, “La Pianista” y “La cinta blanca”.

Envuelto en algunas ocasiones en polémica, su cine muestra una sociedad convulsa, contradictoria y que en su cotidianidad sufre.

“Amor (o Amour, su título original, en francés)” habla de varios temas importantes, de la palabra que le da título, de la vejez, de la enfermedad, de la eutanasia, de la muerte y de la soledad. Con un arranque excelente nos presenta cómo la vida cotidiana de una pareja de ancianos octogenarios, ya retirados del mundo de la música, cambia de forma radical al caer ella enferma.

Haneke reflexiona sobre las reacciones ante el sufrimiento y la pérdida, y lo hace buscando la cercanía.

Los dos protagonistas brillan especialmente, sus registros son muy meritorios, tanto Jean Louis Trintignanyt como Emmanuelle Riva logran llegar al espectador. Tiene un pequeño papel como la hija de ellos Isabelle Hupert, habitual en el cine de Haneke.

Galardonada en el festival de Cannes y en los premios del cine europeo, “Amour” acaba siendo una película demasiado previsible, demasiado larga, con treinta o cuarenta minutos menos el mensaje se abría mantenido pero el resultado sería mejor (dura 127 minutos). Haneke se acaba embarullando y se muestra demasiado autocomplaciente, algo extraño en su filmografía que se caracteriza por el riesgo.

Estamos ante un film interesante, pero de los más flojos de su creador, en el que destacan las interpretaciones, pero que flaquea en su tramo intermedio y en el final, se vuelve algo plano, le sobra algún elemento metafórico que parece algo impostado.

José López Pérez