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Crítica de la película “El árbol de la sangre” (2018): Julio Medem regresa por todo lo alto

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi “Vacas”, la ópera prima de Julio Medem (San Sebastián, Euzkadi, 21 de octubre de 1958), que ya en aquel momento, 1992, me hizo presagiar que era uno de los grandes cineastas españoles, que tenía un imaginario propio. Mi memoria emocional fue creciendo con sus siguientes películas.

“El árbol de la sangre” nos devuelve a un Julio Medem muy inspirado, pletórico, que demuestra que es uno de los mejores y más personales cineastas españoles, que tiene cosas que contar. Que sabe contarlas bien.

Su nueva película tiene entidad propia y es magnífica, se acerca a sus 3 primeras películas, todas muy diferentes (a Julio no le gusta repetirse y por eso intenta reinventarse, película a película): “Vacas”, “La ardilla roja” y “Tierra”, y además también conecta en algunas ocasiones con “Los amantes del círculo polar” y “Lucía y el sexo”.

Es su película que tiene más personajes, que nos presenta más historias de amor. Probablemente, también, la más visceral y la más dramática. Mantiene muy bien el suspense, a modo de thriller, y descubre varios secretos. Tiene un gran ritmo y no tiene ni un segundo de relleno, o superfluo.

La acción arranca cuando los dos protagonistas principales, Marc (Álvaro Cervantes) y Rebeca (Úrsula Corberó), una joven pareja que viaja hasta un antiguo caserío vasco que perteneció a su familia. Allí escribirán la historia común de sus raíces familiares, creando así un gran árbol genealógico donde se cobijan relaciones de amor, desamor, sexo, locura, celos e infidelidades, y bajo el que también yace una historia repleta de secretos y tragedias.

Medem es psiquiatra y cuando hace cine, le gusta complicarse, implicarse. En ocasiones de forma obsesiva. En esta ocasión de forma muy acertada. La historia que cuenta es dramática, trágica y enriquecedora. Hace pensar al espectador, a darle vueltas a la historia. El film crece una vez que se acaba la proyección.

Nos muestra diferentes lugares de España (fundamentalmente de localidades costeras) y nos cuenta parte de la historia de 3 generaciones diferentes.

El sexo vuelve a ser muy importante, y los diálogos son más inspirados que en otras ocasiones. También son importantes las casualidades, o las coincidencias, casi en la línea de Milan Kundera, aunque también se justifican a medida que avanza el film.

Gran banda sonora de Lucas Vidal, con un leiv motiv claro y acertado, por momentos melancólico, por momentos enigmático.

Medem es un gran director de actores y en esta ocasión lo vuelve a corroborar. Como suele decir, el riesgo le pone muchísimo.

Todo el reparto está muy bien. Álvaro Cervantes luce con diferente aspecto, más juvenil o el actual. Su personaje es el más honesto y sano de todos. Úrsula Corberó demuestra talento y gran complicidad con Álvaro (no en vano se conocen personalmente desde los 16 años), además de ser sexy y bellísima, como exige el personaje. Nawja Nimri es, como en “Quién te cantará”, una cantante de éxito pero sufrirá en sus carnes problemas que le llevarán a ser ingresada en un centro para personales con problemas.

Va a sorprender mucho el argentino Joaquín Furriel, el personaje más testosterónico, que es de pocas palabras pero gusta mucho a las mujeres. Daniel Grao es su hermano en la ficción y clave en toda la trama, aparentemente representa a la bondad. Marta Molins y Patricia López Arnaiz están muy brillantes y tienen varias escenas muy complicadas. Marta es la madre de Marc, una editora de libros. Patricia es una novelista que será muy importante en la trama. Y completan el reparto varios grandes actores: Josep María Pou, Ángela Molina, Emilio Gutiérrez Caba y Luisa Gavasa.

Hay una escena culminante que implica a varios de los protagonistas y que es clave en el desenlace final.

Estamos ante un drama romántico que tiene mucha fuerza, que es poderoso. Medem lleva la pasión hasta el límite.

También destaca la fotografía de Kiko de la Rica.

En definitiva, “El árbol de la sangre” nos muestra dos cadenas genealógicas que acaban coincidiendo. En este aspecto destacan las dos bodas, con años de distancias, que nos presenta, casi en paralelo. Y luego, casi en la actualidad, una tercera.

Medem reflexiona sobre la vida, sobre temas que le interesan y le preocupan. El film se abre con unas vacas en el campo y pronto nos muestra ese árbol que será importante en la narración.

“El árbol de la sangre” es de las mejores películas de Medem. Regresa en plena forma, a lo grande.

José López Pérez

@JLPnosolocine

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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