La primera película americana (tras su debut en un film francés) como director de Billy Wilder tras su exitosa carrera como guionista con guiones maravillosos como “Ninotchka” (que le valió el Oscar) o “La octava mujer de barba azul”, casi siempre para otro genio como fue Ernst Lubitsch es ésta comedia romántica, aparentemente “inocente” pero llena de picaresca y mucha, mucha crítica, oculta, eso sí, entre humor, romance, personajes divertidos y en algunos casos, extravagantes.

Ya desde la “broma” de poner a Ginger Rogers, que entonces tenía 31 años, fingiendo tener 13, provoca la mayoría de las hilarantes situaciones (la prometida de RayMilland que tiene celos, los cadetes que se la “turnan” todos los días…) que son las que hacen avanzar la acción hacia la historia que se supone que están contando: el más convencional romance entre los protagonistas.

Pero incluso esto está tan bien contado, que poco o nada malo se puede decir de ello, sobre todo, por la (agradecida) persistencia de Wilder en reincidir en los asuntos sexuales y maduros que tanto le gustaban, pero dándole una vuelta de tuerca riéndose de ellos (la primera secuencia, con la Rogers haciendo su masaje capilar al “baboso” Mr. Osborne (Robert Benchey), que convertiría al director alemán, en el “ácido critico” del conservadurismo americano, más famoso de Hollywood

No siendo, ni de lejos, uno de los mejores films de Wilder, la calidad del guión (basado en una novela y una obra teatral), las interpretaciones y los aspectos técnicos (fotografía, vestuario…) es digno de elogio, y será constante en la carrera del maravilloso director.

 

“El Mayor y la menor” es la película perfecta para un creador como Wilder: sencilla, directa, fácil de ver pero con muchos más elementos perdurables como pudiera tener en una primera visión. En definitiva, la demostración de que el talento de Wilder no estaba sólo tras la máquina de escribir. Tras las cámaras iba a hacerse un hueco. Un gran hueco.

Lo mejor: la idea inicial (mérito, en realidad, del material ajeno en el que se basa) y las interpretaciones.

Lo peor: el personaje de Pamela Hill (interpretado por Rita Johnson), la prometida de Ray Milland,  es demasiado “previsible” (aunque cumple su función).

Rubén Arnaiz