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Crítica de la película «El reino» (2018): Todos somos Manuel. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Efectivamente, todos somos Manuel, Manuel López-Vidal, todos somos corruptos, hipócritas,  falsos, traidores, egoístas, engreídos, soberbios, todos somos, en potencia, todo eso tan desagradable del protagonista y sus correligionarios  de “El reino”, la última película de Rodrigo Sorogoyen quien, una vez más, vuelve a contar con la inestimable colaboración en el guión de Isabel Peña, una de las guionistas más solventes del actual cine español y que ya había colaborado con Rodrigo Sorogoyen, en su segundo largometraje “Stockholm” (2013, codirigido por Borja Soler) y en el tercero “Que Dios nos perdone” (2016), un thriller espectacular donde la dimensión creativa de Rodrigo Sorogoyen (y de su guionista) ya se proyectaba con inusitada fuerza en la película, tras una etapa, indudablemente de aprendizaje en el campo de las series televisivas.

Buena parte de la crítica (y está en su derecho) ha querido ver en “El reino” una referencia directa al “Caso Gurtel”, no seré yo, porque ni me va ni me viene, y si es cierto o no, pero la dimensión de “El reino” y supongo que la dimensión que Rodrigo Sorogoyen quiere dar a esta magnífica películas va más allá de un caso concreto, de una corrupción concreta, de un “reino” concreto.

La película ilustra perfectamente, con un ritmo endiablado desde la primera hasta la última imagen, y con un Antonio de la Torre  (un extraordinario Manuel López-Vidal) poseído de una frenética actividad,  ese mundo del supuesto poder, donde todas las taras del ser humano encuentran cultivo. Una película devastadora, iconoclasta, donde hasta el periodismo mal llamado incisivo está retratado en toda su miseria, con una brillante Bárbara Lennie, como la feroz Amaia Marín, una servidora de los oscuros poderes y lejos de la luz de la objetividad. Una lección cinematográfica de como demostrar que no hay nada limpio en un sistema democrático que sigue, para bien y para mal, los mismos dictados de los reinos de antaño, ahora tan criticados, desde las falsas consignas progresistas, pero que son parte indestructible del ser humano. Hay dos frases que podrían definir muy bien la película, la primera la dice Manuel: “Si quieres cambiar las cosas hay que hacerlo desde dentro y con poder”, la segunda la pronuncia Amaia Marín: “El poder protege al poder”. Porque el verdadero problema político de la sociedad actual, que sigue igual que la sociedad medieval, pero con instagram, facebook y youtube, es que el poder es un cáncer que castiga por igual a quien quiere ostentarlo sin tomarse la medicina adecuada: la humildad. Porque como muy bien nos dice Rodrigo Sorogoyen (e Isabel Peña): todos somos Manuel.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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