Ficha técnica.- Dirección y guión: Francisco Vargas Quevedo. Fotografía: Martín Boege Paré. Intérpretes: Don Ángel Tavira, Dagoberto Gama, Mario Garibaldi,    Dirección artística: Claudio “Pache”. Música: Cuahutémoc Tavira, Armando Rosas. Montaje: Francisco Vargas, Ricardo Garfias. Vestuario: Rafa Ravello. Duración: 98 minutos. País: México

“El Violín” es una película mexicana que busca emocionar, llegar al espectador. Es rara avis, uno de esos casos en los que cuando termina la proyección te das cuenta de que el cine es Arte.

Pocas veces me he emocionado tanto viendo una película, pocas veces he visto una interpretación tan memorable como la de don Ángel Tavira. Hay que decirlo rápido, alto y claro. “El violín” es una obra maestra. Ha conseguido más de 50 premios internacionales. Se rodó en 2005, en un blanco y negro muy especial y adecuado, en el que  luce todo.

Ver a ese viejo violinista expresarse, sonreír y tocar con una de sus manos lesionada, fuertemente dañada, mientras trama como conseguir sus propósitos logra que el cine sea el Séptimo arte.

“El Violín” habla de injusticia social, un tema cada vez más actual.

Es la demostración de que no se necesitan grandes medios para transmitir una idea profunda.

El film nos cuenta la historia del violinista Plutarco Hidalgo, un viejo honesto y sabio, su hijo y su nieto que tienen una doble vida, por un lado son músicos que tocan por las calles a cambio de la voluntad (no siempre tienen que ser monedas o billetes) y por otro luchan de forma clandestina contra el ejército, contra la dictadura. Tienen una gran fuerza de voluntad, su lucha contra la adversidad es total.

Como decía al principio, el protagonista es Ángel Tavira Maldonado (Corral Falso en el estado mexicano de Guerrero, 3 de julio de 1924-Ciudad de México, Distrito Federal, 30 de junio de 2008) que nunca había sido actor y murió tres años después del rodaje de “El violín”. Fue un compositor, músico y violinista de son calentano. En 2006, ganó el Premio al Mejor Actor en la sección “Una cierta mirada” en la edición número 59 del festival de Cannes. Su voz en la película y su registro es magistral, la escena en la que explica a su nieto el motivo de su mala situación y su parábola sobre el mundo, es sensacional.

El tema central de la película es universal. Francisco Vargas Quevedo debutó con este film como director, dirigiendo, escribiendo el guión y produciendo. El libreto es una joya, de esos que a buen seguro gustan a Rubén Blades. Después de cursar estudios de Arte Dramático en el Instituto de Bellas Artes, se matriculó en la Universidad Autónoma Metropolitana para estudiar Comunicación, además de Arte Dramático en el taller Hugo Argüelles. En 1995 empezó a estudiar Dirección y Cinematografía en el Centro de Estudios Cinematográficos de la Universidad.

“Conejo”, su primer corto, se forjó una sólida reputación en el circuito internacional de festivales. Durante cinco años se dedicó a la producción de programas radiofónicos para la promoción y preservación de la música tradicional mexicana. A partir de 1997 empezó a trabajar como director de fotografía de anuncios, documentales y cortos.
En 2004 dirigió un documental, “Tierra caliente… se mueren los que se mueven”, que fue aclamado por la crítica nacional e internacional.
Francisco Vargas Quevedo definió “El violín” como: “(…) Una  protesta por el México escondido, el de unas voces ahogadas que acaban por tomar las armas para hacerse oír. Es una película que plantea preguntas que se han quedado sin respuestas. Es increíble que la violación de los derechos humanos, la marginalidad, la miseria de millones de personas, la represión armada, la carencia de democracia o de justicia social sean los grandes temas ausentes de los discursos políticos. Grandes diálogos y por momentos de lo que no se dice, de lo que se intuye, que permite interactuar al espectador”.

En la película hay varias escenas violentas y un tono realista. Todos los actores lo hacen muy bien. Los diálogos están muy logrados, buscan pegarse a la realidad y al mismo tiempo ser sintéticos.

Hay varias escenas antológicas. Cuando el viejo Plutarco dice que se acabo la música, la escena final casi metafórica, la del bar o el cuidado con el que desenfunda Plutarco su violín con mimo exquisito. En la narración, los diálogos, y en ocasiones lo que no se llega a decir, son muy importantes. En todo momento el director consigue que la historia respire y que el espectador pueda participar.

La música es otro elemento que adquiere gran importancia y especialmente el violín que llega a convertirse en uno de los protagonistas.

Una obra maestra. La escena final se queda en la retina y en la memoria.


Sin duda, “El Violín” es una película muy poco conocida en España y a reivindicar. De las mejores de los últimos años.

El film fue estrenado en México en 2007 y fue un gran éxito de taquilla, también causó un gran revuelo en los mass media.

José López Pérez