
Distribuida por Vértigo, el próximo 14 de septiembre se estrenará en España la comedia francesa “El nombre” (su título original coincide con el español, “Le Prenom”). En su país de origen ha sido un merecido éxito de taquilla.
Estamos ante una comedia con brillantes diálogos, se desarrolla mayoritariamene en el comedor de una vivienda parisina, donde en una cena saldrán a la luz varios secretos. Los 5 protagonistas (3 hombres y dos mujeres) discutirán, se quitarán sus propias máscaras y mostrarán sus prejuicios y su mezquinda, y al mismo tiempo que sus relaciones van cambiando nos muestran de forma lúcida muchos elementos cotidianos que nos alejan de los demás, por mucho que los queramos o apreciemos.
La trama se sustenta en sus excelente diálogos y en un grupo de actores muy bien dirigidos y en estado de gracia, a saber Patrick Bruel, Valérie Benguigui, Charles Berling, Guillaume de Tonquedec, Judith El Zein y Françoise Fabian.
Es Patrick Bruel el que está más brillante, este intérprete nacido en Tremecen, Argelia, el 14 de mayo de 1959 imparte su magisterio ante la cámara y domina todas sus escenas con precisión. También es conocido en Francia como cantante, compositor y jugador profesional de póker. Su nombre real es Maurice Benguigui. En su extensa filmografía destacan “Borrachera de poder”, “París Manhattan”, “Paparazzi” o “K”.
Alexandre de la Patelliere y Mathieu Delaporte son los autores del guión y han dirigido a 4 manos.
Hay varias escenas muy logradas, la de la discusión sobre el nombre del futuro hijo del personaje de Bruel que casi acaba en batalla campal, la confesión de uno de los invitados a la cena y que pensaban que era homosexual o el momento en que todos se burlan del protagonista que ha comenzado la velada como cruel bromista.
Los equívocos, la visión diferente de cada personaje y la ambientación logran captar la atención del espectador.
Estamos ante una comedia interesante, con secuencias de notable brillantez.
José López Pérez




Brillante? Es la película más pedante que he visto en años! Todo el tiempo están gritando, pretende tener un diálogo sofisticado cuando se hace pesado e intrascendente donde todo el tiempo se repite el mismo esquema, donde se van ofendiendo por turnos al sincerandose. Lo estoy viendo en el tren ave, es tan aburrida que prefiero escribir un postre por el móvil. Es mi opinión claro. Un saludo!