Ya tenemos en cartel una de las películas favoritas para liderar la taquilla estas navidades. Y los amantes de este tipo de blockbusters no saldrán decepcionados porque ofrece acción y entretenimiento a raudales. Y sí, es más de lo mismo pero envuelto en esa indiscutible aura que lleva el sello “made in Hollywood + algún que otro millón de doláres más”. Y toda esa multimillonaria inversión da sus frutos porque consigue que estés más de dos horas clavado en la butaca en tensión constante. Y lo de menos es la trama. Qué más da si el malo es inglés y quiere provocar una guerra nuclear. También podría ser de Europa del Este y querer volar la Casablanca. Pequeñeces. Lo importante es cómo se lo montan para cumplir la misión que, como siempre, no perturbe la paz en el mundo (los americanos, esas adorables criaturitas autoproclamadas lo que Huntington denominaba el “Gendarme Universal”).

Tom Cruise muy guapo, la verdad. Si el secreto de su eterna juventud está en la Cienciología, que vayan preparando una hoja de solicitud… En ocasiones se le ve caminando excesivamente erguido, como si llevara un corsé ortopédico a lo Forrest Gump. Nimiedades ya que ofrece lo que se espera de él. Conforma un perfecto y típico BEBO (Bourne-Ethan-Bond-Ocean). Toda la película es así, llena de tópicos a mansalva. Pero es que, si no estuvieran, los echaríamos de menos. Por poner algún pero, quizás el metraje es un poco excesivo. Y como seguidora de “Lost” no habría estado mal que el personaje que interpreta Josh “Sawyer” Hollowey tuviera un poco más de protagonismo.

Y aviso a navegantes: no hace falta haber visto las anteriores partes para seguir ésta con facilidad. Yo no vi la tercera (y creo que la segunda tampoco) y la he disfrutado mucho. Porque el pase de prensa fue por la mañana y estaba cerrado el puesto de palomitas que si no…

                     Helena García