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Crítica de la película “Ready Player One”: En busca del Rosebud perdido. Por Noemí Osorio

En busca del Rosebud perdido

(La crítica contiene numerosos spoilers)

Trece años después de La Guerra de los Mundos, Steven Spielberg regresa a la ciencia ficción por la puerta grande. Basada en la novela homónima de Ernest Cline, Ready Player One reina en lo más alto de la taquilla y los 175 millones de dólares que ha costado están, a estas alturas, de sobra amortizados.

Spielberg nos sitúa en un futuro desangelado y sin esperanza donde la gente prefiere evadirse de su anodina vida a través de una realidad virtual llamada Oasis, que les permite ser y hacer todo aquello que sueñan. Y así, con unas gafas que nos transportan a otro mundo y a golpe de avatar, la película nos sumerge en la búsqueda futurista de un tesoro, al más puro estilo de las aventuras de Indiana Jones, pero con toques actuales de escape room.

Todo comienza con Wade Watts, un joven huérfano, tímido y apocado (en ocasiones recuerda al Peter Parker de Spiderman) que navega frecuentemente por Oasis, donde su alter ego virtual, Parzival, se maneja con muchas más agallas y la valentía propia de su nombre artúrico.

Al morir el creador de Oasis, James Halliday (una especie de Steve Jobs del futuro enamorado de la década de los 80), propone a todos sus seguidores un reto ingente para que puedan heredar su fortuna y los derechos sobre su empresa. Para hacerse con el legado de Halliday, los competidores del juego (todo el fandom de Oasis y sus rivales empresariales más directos, los Sixers) tendrán que buscar incansables las 3 llaves secretas que conducen al gran Huevo de Oro, tras superar duras pruebas que requieren del ingenio y, sobre todo, del profundo conocimiento de Oasis.

A partir de aquí comienza una carrera espectacular de los cientos de voraces jugadores que luchan entre sí (a veces solos y a veces en clanes) por encontrar el Santo Grial de Oasis antes que el resto. Watts es, sin duda, uno de los candidatos fuertes para logarlo porque lleva años analizando minuciosamente todos los detalles de Oasis.

La primera parte de la película transcurre entre un despliegue visual simplemente impecable. El film te atrapa con la grandiosidad de su planteamiento desde el minuto uno. La furia de King Kong obstaculizando la carrera no te deja pestañear ni por un segundo.

En la segunda parte, el argumento se pone interesante. Parzival ya no compite solo, ahora hay una chica (Art3mis) y una pandilla de amigos. El sentimiento de búsqueda en grupo se acentúa. La cosa se pone divertida y la música de los Bee Gees nos introduce en una pista de baile a lo John Travolta en Fiebre del Sábado Noche. A golpe de cadera descubrimos que el amor perdido se erige como una de las claves de la trama.

Sin bajar el ritmo, la película nos ofrece uno de los momentos más sublimes: el homenaje a El Resplandor de Stanley Kubrick. Una joya que brilla con luz propia dentro del film y que bien merece la sonrisa cómplice y satisfecha del espectador. Kubrick y Spielberg se abrazan amorosos en este futuro ochentero.

Ready Player One avanza a caballo entre el mundo real (que en ocasiones cojea por la simplicidad emocional que transmiten los actores) y el mundo virtual de avatares (que resulta mucho más trepidante y atractivo).

No se entiende muy bien cómo, pero la película se precipita hacia una larga (larguísima) batalla final que aglutina un sinfín de personajes y referencias cinematográficas que empachan al espectador y lo avocan a un final más que previsible. Un final que flojea tras un par de horas de deleite visual, en parte por culpa de un villano extremadamente plano y de una moraleja un tanto ambigua que queda flotando en el aire. Al fin y al cabo, no parece que Oasis consiga una sociedad menos deshumanizada en 2045.

 

Ready Player One es fundamentalmente un viaje a través del tiempo por un sinfín de películas, series, videojuegos y cómics que conforman nuestro conocimiento y que homenajean de forma amplia y concienzuda la cultura pop desde los años 80 hasta nuestros días. Un relato futurista que nos reconecta con el niño curioso que todos llevamos dentro y que nos mete de lleno en una fantasía plagada de referencias del pasado. Cine de evasión en su más pura esencia.

Haría falta más de un visionado para cazar todos los easter eggs (cameos y referencias) que alberga el film. Personajes como Batman y su Batmóvil, Lara Croft, el Joker y su amada Harley Quinn, Clark Kent, Bitelchús, Chucky, el Gigante de Hierro que se derrite como el T-800 de Terminator 2, las Tortugas Ninja más actuales o la propia Hello Kitty se pasean por la pantalla con más o menos protagonismo. No faltan tampoco referencias a videojuegos míticos como Mortal Kombat, Streetfighter o Goldeneye, ni guiños musicales a Michael Jackson, Prince o Duran Duran.

Pese a la voluntad de Spielberg de no autohomenajearse, ha sido casi inevitable no incluir huellas de sus propias obras en el film. Por ello, encontramos el famoso T-Rex de Jurassic ParK o el mítico Delorean de Regreso al Futuro que conduce el protagonista de Ready Player One.

En definitiva, Ready Player One es una buena película de entretenimiento sobre el futuro, que mira más que nunca al pasado, y que nos invita a la búsqueda perpetua del Rosebud de Ciudado Kane.

Noemí Osorio Blas

@OsorioBlas

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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