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Crítica de Oti Rodríguez Marchante de la película “El gran baño” (2018): Al agua gansos

Nota inicial del editor: Uno de los estrenos destacados este fin de semana en España es “El gran baño” que en Francia ha sido un gran éxito de público, superando los 4 millones de espectadores. Os ofrecemos ahora la crítica de Oti Rodríguez Marchante que se ha publicado hoy mismo en el diario Abc, medio en el que lleva escribiendo desde hace más de 6 lustros. Y la publicamos, como siempre, con autorización expresa de su autor.

No hay ningún argumento que se haya hecho película que no lleve dentro un mensaje de superación: ni los héroes, ni los villanos, ni el tipo corriente, galán, pistolero o funcionario que no entre a una pantalla con la idea de superarse. Y a pesar de ello, hay películas, dramas o comedias, cuya existencia solo tiene sentido si se escucha ese recado, y esta francesa es una de ellas. Un grupo de hombres ya entrado en años y en devastación física, prácticamente inservibles socialmente, patéticos en su vida matrimonial o de pareja, auténticos perdedores y, por lo tanto, atractivos para una «hazaña» cinematográfica: formar un equipo de natación sincronizada, un deporte tan tradicionalmente masculino como el encaje de bolillos. Y esa distorsión con lo socialmente extravagante acerca a la historia de Gilles Lellouche a los alrededores de aquel «Full Monty» de Peter Cattaneo.

El tono general del relato es el de la comedia mezclada con el amargor vital de sus personajes, tan dotados para la sincronía en el agua como para la sensatez fuera de ella, aunque el director no escarba en la sustancia de sus personajes más que lo necesario para que quede un relleno de, digamos, crema pastelera: no deberían ser convencionales, pero lo son, y responden a clichés de corto recorrido. Afortunadamente, el equipo de actores está muy por encima de sus personajes, y Mathieu Amalric, insoportable siempre, consigue hacer del suyo algo comprensible y cercano; o Guillaume Canet, con la gracia en la matrícula, que le saca algo de punta al suyo; y mejor aún Jean-Hugues Anglade, que le inocula sentimiento a su papel de padre y rockero ridículo. Hay superación, hay cierta conexión con el de la butaca de enfrente, hay catarsis y también hay ralladura de limón en los personajes femeninos, especialmente en la entrenadora borde que interpreta Leila Bekhti. No es ni para partirse de risa, ni para partirse el alma, ni para tirarse a una piscina en sincronía con nadie, pero consuela verla.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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