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Crítica de Oti Rodríguez Marchante de la película “Utoya, 22 de julio”: La tragedia resumida en un solo ojo

Nota inicial del editor: Uno de los estrenos destacados de este fin de semana (19-21 de julio de 2019) en España es “Utoya, 22 de julio”. La distribuye Caramel Films, se puede disfrutar en 26 cines. Aquí podéis recuperar mi crítica. Os ofrecemos ahora la de Oti Rodríguez Marchante que apareció en las dos ediciones del diario Abc (papel y online), en el que colabora desde hace más de 3 décadas. Y por lo tanto, os la ofrecemos, como siempre, con autorización expresa de su autor. Oti ha puntuado el film con 3 estrellas, sobre un máximo de 5.

 

Hace ocho años, el 22 de julio de 2011, Anders Behring Breivik, hizo explosionar una bomba en el distrito gubernamental de Oslo y posteriormente se dirigió, disfrazado de policía, a la isla cercana de Utoya, donde celebraban una acampada las juventudes del Partido Laborista Noruego, y organizó una masacre en la que murieron casi setenta jóvenes. La tragedia sigue en la memoria de todo el mundo, y esta película la aborda. El director Erik Poppe, que ha hecho películas como «La decisión del Rey» o «Mil veces buenas noches», utiliza una narrativa sorprendente para situar la cámara y los ojos del espectador en el lugar de los hechos; completamente distinto a lo que hiciera Paul Greengrass hace un par de años en «22 de julio».

Eriik Poppe, director de «Utoya, 22 de julio»

Lo que en Greengrass era reconstrucción casi sumarial de la tragedia, en Erik Poppe es punto de vista. Su cámara no reconstruye la tragedia, sino que construye la tensión, el terror, la confusión y la angustia de una de las jóvenes atrapadas en esa ratonera. Sin corte de plano, en un inagotable y desquiciado plano-secuencia, con la cámara siempre apuntando a la protagonista y en el intento de extraerle a ella toda la magnitud de la tragedia. Es, ante todo, un ejercicio de gimnasia cinematográfica que exige lo máximo al fotógrafo, Wolfgang Plagge, y a la actriz protagonista, Andrea Berntzen, cuya mirada, pánico y pulso acelerado es la correa de transmisión del argumento. Recuerda, en cierto modo, a «El hijo de Saul», del húngaro Laszlo Nemes.

Notable esfuerzo por narrar desde dentro para comprender, sin apenas ver, lo de fuera, aunque es discutible si esta elección de estructurar el relato de un modo tan concentrado en tiempo real y en un único personaje logra realmente el propósito de verlo y comprenderlo mejor. Y es discutible si el efecto de no ver la amenaza, o sea a Breivik con su fusil automático disparando indiscriminadamente, es más «respetuoso» o menos desgarrador para el impacto y la emoción de la película. Cabe la duda razonable de si estamos mirando a la Luna o al dedo que apunta a la Luna

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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