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Crítica de Oti Rodríguez Marchante de la película «Vida oculta»: Terrence Malick explica con hermosura la sutil diferencia entre los principios y la «causa»

Nota inicial del editor: El pasado viernes, 7 de febrero de 2020, se estrenó en España «Vida oculta». Os ofrecemos ahora la crítica de Oti Rodríguez Marchante que fue publicada en el diario Abc, el día se su estreno aquí. La publicamos, como en casos similares, con la autorización expresa de su autor.

 

Existe desde hace ya algunos años un flujo de opinión crítica que considera a Terrence Malick un auténtico pelmazo, un director cuya cámara se queda entontecida mirando una gota de agua, una brizna de hierba, la respiración del viento o cualquier otra señal que le mande la Naturaleza, mientras que él o una voz en «off» te sermonean sobre la vida, las armonías, los tránsitos y los latidos de nuestro mundo. Y de ser así, es decir, un pelmazo, lo sería por los mismos motivos que otro flujo, o reflujo, de opinión lo considera un cineasta genial, capaz de capturar lo ínfimo y lo grandioso, lo fugaz y lo eterno, lo espiritual y lo ordinario… y, en fin, transmutar en belleza y poesía lo que habitualmente es bla, bla, bla.

Sea Malick un pelmazo, un profundísimo poeta o ambas cosas, lo cierto es que su cine se aspira y se jadea de un modo distinto al de cualquier otro, y él lo maneja con un alma gigantesca y como para confraternizar con las cosas más pequeñas y sencillas del mundo y sus habitantes…, utiliza las mayúsculas para hablar de las minúsculas, y le arranca a «lo natural» todo ese vaivén de agitación, belleza y dolor con el que arropa (y amortaja) al ser humano. Aquella manera con la que en «El árbol de la vida» explicaba, entre visiones espaciales y turbulencias de fuegos y aguas, ese milagro de la niñez, de la familia, del transcurrir y el tránsito hacia la muerte…

Claro que Terrence Malick es disperso, y excesivo, pero también preciso y concreto, y con una tozuda solidez de principios y fundamentos, tan espirituales (religiosos) como racionales y humanos. Es su estilo, su modo de expresarse, y no lo iba a cambiar precisamente aquí, donde nos cuenta la vida de alguien con principios, fundamentos, espiritualidad y con una trágica obstinación por mantenerlos. No vivimos en un mundo en el que los principios tengan más valor que los fines, ni que se precie más el «ser» que el «estar», pero bien se pueden dedicar tres horas a estimar en lo que valen los irrenunciables principios de Malick y de su personaje.

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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