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Crítica de Oti Rodríguez Marchante de la película “Wonder wheel” (2017)

“Wonder Wheel” es nuestra película de la semana. Quizá por ello esta es la tercera crítica que publicamos de este magnífico drama de Woody Allen. Aquí podéis recuperar la mía, aquí la de mi buen amigo Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Y ahora le toca el turno a la de Oti (publicada originalmente en el diario Abc pero que como siempre, lo hacemos aquí con permiso de su autor). Oti la ha puntuado con “solo” 3 estrellas, sobre un máximo de 5, está claro que le ha gustado, pero menos que a Miguel-Fernando o a mí. Oti ha titulado su crítica “Un Woody Allen más grave que agudo”. Os dejo con él.

 

Se puede no tener un color o un plato favoritos, pero es imposible no tener un «woodyallen» preferido, y tras esta excelente película, «Wonder Wheel», confieso ya que no está el mío. La puesta en escena es formidable y está bañada por el talento fotográfico de Vittorio Storaro y por una atmósfera escénica a lo Tennessee Williams, incluso lo están también algunos de sus personajes centrales, como esa pareja que componen Humpty y Ginny, un Jim Belushi con trazas decadentes de Kowalski y una inconmensurable Kate Winslet más atravesada aún de amargura que Blanche Dubois. El drama humano que plantea tiene calado existencial, desgarro y emociones que le dan vueltas a su mundo, arriba y abajo, como la noria de Coney Island que asiste a los hechos, enrevesados, tortuosos y que le plantean al espectador dudas sobre si ha de mirarlos a través de una lente de comedia, de tragedia o de melodrama…

En fin, es una película redonda, amarga y que husmea en las cocinillas del corazón humano donde hierven los deseos, las decepciones, lo que se hace o lo que se deja de hacer cuando alguien pierde el control sobre lo que quiere, lo que sueña y lo que tiene, pero no es una de esas películas en las que el talento de Woody Allen explosione en frases que duran años en tu cabeza, o en giros argumentales que provocan un vuelco en la baldosa en la que pisas con lógica, ni consigue ese toque milagroso con el que diluye la amargura entre la dulce y jocosa ligereza de una idea que cualquiera ha estado a punto de pensar alguna vez, pero que ha sido el ingenio de Allen el que nos da la oportunidad de ver entre risas. Sí, es una gran película, un magnífico y yugular Woody Allen, lástima que yo prefiera el otro que titubea.

La perfección dramática y el clima nos llega a través de un narrador, el personaje que interpreta con encanto naif Justin Timberlake, un vigilante de playa, poeta de bragueta y semilla de una discordia que invoca a los demonios de los que quiere hablar Woody Allen, ese grumo doloroso y áspero de ocaso, ilusión, sexo y decepción, que aquí no combate con su eficaz píldora del humor ácido, sino con una subtrama de mafia descolorida y desaprovechada, y con el único objetivo de proporcionarle la coartada moral a su relato, y un desenlace más desconcertante que genial.

Por descontado que ni Timberlake, ni Belushi, ni la espléndida Juno Temple, ni (casi) la insuperable Winslet han estado nunca mejor, a pesar de que (creo) no han sido bendecidos por ese maravilloso «toque Allen» que le quita peso, gravedad, a un yunque.

@OtiRMarchante

 

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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