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Fuera de cuadro: El año nuevo. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Parece una obviedad, y seguramente lo es, pero la sociedad humana, necesita de fechas, de lugares y de personas, para dimensionar su existencia. Hay fiestas y fiestas, pero todas tienen su significado, más allá de lo religioso, de lo ideológico, de lo político, de lo cultural o de lo tradicional. La celebración del año nuevo es la fiesta más paradigmática del ser humano. Si se razona fríamente, algo que habitualmente cuesta, porque somos animales emocionales, cada día es un año nuevo, cada día cumplimos años, pero necesitamos una fecha concreta para que podamos tener un punto de partida y de llegada. En buena medida, la vida del ser humano, como la de las otras especies animales o vegetales, se construye en base a medidas concretas, a fechas exactas, a actividades normalizadas, incluso aquellas que no entran dentro de las normas de una sociedad, pero que también tiene sus condicionamientos. Tanto la virtud como el vicio están atados a unos parámetros inamovibles que, en gran medida, nos hacen esclavos de un sistema, no se sabe por quién creado, pero que funciona desde que el ser humano es ser humano. De ahí la abstracción del concepto libertad, porque la libertad del ser humano está ligada a esas normas supra racionales, que nos condicionan en todos los momentos de nuestras vidas.

Y celebrar el año nuevo, con la noche de despedida y la resaca del día siguiente, que es ese primer día del convencional nuevo año, es la máxima demostración de la fragilidad de nuestra especie, aferrada a elementos absolutamente gratuitos, pero imprescindibles para poder fijar nuestras vidas y nuestros destinos. Somos animales pensantes y, también,  dialogantes, pero eso no evita que precisamente por esa dualidad entre realidad animal y realidad racional, necesitemos de ayudas de todo tipo para sacar adelante nuestras existencias.

Por lo tanto, celebremos con alegría y optimismo el hecho de tener en nuestra genética la capacidad de saber celebrar las fiestas, aunque sean formas abstractas de conformar nuestra identidad y en lo más hondo de nuestra capacidad pensante sepamos, con absoluta seguridad, que aunque celebremos lo que se pueda celebrar, la evidencia total, la verdad absoluta,

es que somos mucho más frágiles, transitorios y circunstanciales de lo que, en verdad, desearíamos ser.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine
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Estrambote: “Año nuevo, vida nueva” (Del refranero popular)

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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