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Fuera de cuadro: La amabilidad. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

El término amabilidad, que tiene su origen etimológico en el latín, tiene dos acepciones en el Diccionario de la Real Academia Española que dimensionan su importancia en las relaciones humanas como son “Cualidad de amable” y “Acción amable”. La amabilidad es por lo tanto una cualidad, una cualidad humana que se proyecta en una acción amable.

La amabilidad, por tanto, es una virtud que el ser humano ha olvidado radicalmente. Hay que recuperar la amabilidad como moneda de cambio en esta sociedad de las prisas, los teléfonos móviles, del consumo gratuito, de la incapacidad de comunicarse y del egoísmo a ultranza. Amabilidad es entrar en un ascensor donde hay dos personas y dar los buenos días o las buenas tardes. Es subir a un autobús urbano y saludar al conductor, quien aunque esté cansado de decir “Hola” o “Buenos días” agradece que no se le vea y considere como un objeto más del autobús. Amabilidad es ceder un asiento a una persona anciana sin necesidad que te lo recuerden los letreros (inútiles ellos) que los Ayuntamientos (que llegan tarde) colocan en lugares estratégicos, con la sana, pero ilusa, intención de humanizar a los ciudadanos. Porque la amabilidad debe desarrollarse desde el núcleo familiar para seguir en la escuela y proyectarse en la calle.

La amabilidad es no creerse superior a la persona que viaja a tu lado, al peatón que cruza el paso cebra, al vendedor que intenta entender tus peticiones, al funcionario que te atiende, aunque no te atienda como tú quieres, al camarero que no te ha traído el café como tú querías.  Amabilidad es respetar a los ancianos, vigilar a los niños, cuidar a los enfermos, preocuparse por los problemas sociales de tu entorno. Amabilidad es romper la rutina de salir a la calle malhumorado, de responder con paciencia al compañero que te insiste en un tema que no es el que te corresponde, de mirar en horizontal a tu entorno y saber que con amabilidad puedes conquistar todos los corazones del mundo porque amabilidad que viene de amable, un adjetivo que tiene dos hermosas  definiciones: “Digno de ser amado” y “Afable, complaciente, afectuoso”, describen a la perfección la dimensión que el ser humano puede dar a la amabilidad.

Ganémonos el derecho a ser amados gracias a nuestra capacidad para ser afables, complacientes y afectuosos, que no quiere decir que debamos renunciar de nuestras ideas personales, de nuestros deseos, incluso de nuestras debilidades. En un mundo donde imperara la amabilidad sería más fácil ser feliz, más fácil convivir y relacionarse, más agradable compartir y, sobre todo, más esperanzador, porque la sociedad actual (ese conglomerado de seres de muy diversos intereses) debe tener presente que sin amabilidad el futuro es tan incierto como inseguro.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

Estrambote: “Hay tres cosas importantes en la vida: la primera, ser amable; la segunda, serlo siempre; y la tercera, nunca dejar de serlo” (Henry James, 1843-1916, escritor, dramaturgo y crítico literario estadounidense, nacionalizado británico al final de su vida. Autor de “Otra vuelta de tuerca”)

 

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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