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“DE CHINA A COREA”, POR MIREIA PUERTO

Hace un cierto tiempo que en nosolocine.net estábamos barruntando la idea de crear una nueva sección sobre viajes, siempre con la voluntad de buscar la polifonía, es decir que diferentes personas trataran esta temática.

 

Nos parece de vital importancia la parte gráfica en esta nueva sección.

 

Por eso, hoy estamos de enhorabuena.

 

Inauguramos la sección y lo hacemos de la mano de una de nuestras colaboradora, Mireia Puerto. Os dejo con ella.

 

 

«DE CHINA A COREA»

 

Todo este viaje empieza cuando cuatro amigos deciden escapar tres semanas en mayo a China. Entre ellos me encontraba yo, y justo quince días antes de emprender el viaje me ofrecen el trabajo que tanto andaba buscando; me dijeron: necesitaríamos que empezaras en los próximos días; esta fue la premisa.

Así que sin seguro de cancelación ni posibilidad de reembolso me quedo sin saber dónde encajar el billete y me mentalizo para emprender el viaje sola a China, meses después.

 

El primer viaje a oriente y conociendo de antemano la barrera lingüística. Ya me veía rodeada de millares de personas y sin poder comunicarme con ellas, solo la idea me mareaba, hasta tal punto que se me hacía imposible planear el viaje. ¿Qué rutas seguir? ¿Que ciudades visitar? Cómo voy a saber si me gustará mas el diminuto pueblo Xi’Tang o la gran muralla.

 

Al final, en las guías ensalzan siempre lo bonito de cada ciudad, así que todo acaba siendo valioso de ver.

 

La segunda semana de agosto pude al fin marchar. Unos días antes intento contactar con varios viajeros que van a estar por la ‘tierra central’ pero no llego a trazar una ruta ni reservar alojamiento con antelación, solo lo hago para las dos primeras noches en Pekin. Mapa y guía de conversación en mano me dispongo a emprender esta aventura.

 

Ya en la cola para facturar la mochila en el Aeropuerto de El Prat me encuentro al mítico viajero Miki Moto, ¡que buen presagio! Y bueno, como resumir las llegada a Pekin y las primeras impresiones? Ya desde el primer día el choque cultural es bastante notable, sobretodo en relación a la higiene y los olores. Suciedad a raudales, en los bares puedes ver como las cocinas parecen nunca haber sido limpiadas, con chorretones cayendo por todos lados, lavabos públicos con agujero en el suelo y una pestilencia rozando lo insoportable y el soundtrack de china; escupitajo al suelo mezclado con las bocinas de las bicis que circulan por las estrechas calles de los hutongs. El ambiente te puede dejar aturdido el primer día.

Después de las primeras impresiones vas descubriendo la ciudad y ves que son enormes privilegios poder ver los grandes espacios arquitectónicos de la capital. Por ejemplo la inmensa plaza de Tianan’men, preciosa especialmente por la noche cuando no hay nadie y pasear por el Palacio de Verano. Todos estos espacios, dicen algunas teorías, fueron concebidos expresamente con medidas megalómanas para intentar hacer sentir incluso a una gran población como esta, bien empequeñecida e indefensa frente a su entorno.

 

El distrito artístico 798 es un lugar único e inesperado al noroeste de Pekín, te encuentras con un complejo industrial de más de un km cuadrado. Estas antiguas fábricas militares están hoy llenas de exposiciones de arte, podrías pasar una semana entera entrando y mirando detenidamente en cada galería.

 

En la capital también son muy típicos los mercadillos de regateo, ‘silk market’ o ‘fake market’ dónde encuentras réplicas muy bien conseguidas de ropa, complementos o pequeños aparatos. También existen los ‘taylor makets’ donde uno se puede confeccionar sus propias prendas de vestir. Eliges la tela y el patronaje y los comerciantes te diseñan desde un traje de fiesta a una chaqueta de invierno.

 

Para la gran muralla, parada casi obligada, existe toda una estrategia para llegar hasta allí. Te cuentan que el recorrido tiene diferentes tramos hasta los que se accede desde diferentes puntos del territorio. Se ve que hay tramos que han adquirido más popularidad y la afluencia es mayor. Entre varios viajeros optamos por uno de los tramos que no estaba muy transitado y fue especialmente divertido porque subías en telesilla y una vez habías visto la muralla descendías a toda velocidad por la montaña con un un tobogán durante casi 2 km

 

Los desplazamientos de todo el viaje fueron en tren; a lo largo del camino entre las grandes ciudades de Pekin y Shanghai, existen ciudades más pequeñas, cerca de la gran Shanghai denominadas pueblos de ‘agua’ en los que paradójicamente uno puede llegar realmente a encontrar la calma y la relajación. El pueblo de Suzhou o Xi’Tang es un buen ejemplo con sus canales y frondosa vegetación adornándolos, y Hangzhou con su gran lago concede al viajero preciosos atardeceres.

 

Y bueno, que decir de Shangai, desde el primer momento uno se da cuenta que es una ciudad donde conviven dos mundos diferentes; por un lado la población china sorprendentemente bien adaptada al modo de vida business dowtown y por otro un amplio sector de ejecutivos expatriados residentes en la ciudad. Estos últimos pueden llevar un vida perfectamente occidental en su día a día. Grandes marcas francesas, inglesas y americanas invaden las calles y por un momento te deslocalizas de dónde estás. Ya no es tan fácil ubicar la ciudad con el país que has visto hasta entonces.

 

El tráfico allí es una autentica locura, cada uno se toma la teoría a su entender y no quieres imaginar como debía desarrollarse el tráfico cuando en las primeras concesiones francesa e inglesa. La circulación sigue siendo una auténtica anarquía.

 

Shangai es una ciudad que a su vez está ofreciendo muchas oportunidades laborales a los arquitectos, me quedé sorprendida de la gran cantidad de jóvenes de nuestro país que están desarrollando su carrera allí y en los pocos años en que se ha edificado la ciudad casi desde 0. Así no fue una novedad descubrir que hay multitud de estudios de arquitectura de origen español que están tan bien establecidos en la ciudad.

 

Pude comprobar con ellos el agradable ritual después de la jornada de trabajo, consistente en ir a tomar unas copas en las terrazas y jardines privados que se encuentran en lo alto de rascacielos y grandes edificios al lado del muelle . Son lugares únicos, pequeños rincones de tranquilidad en medio de todo el caos que hay en la calle.

 

Este viaje duró casi 3 semanas y al regresar a Barcelona pronto surgió otro viaje inesperado, esta vez a Corea. En el próximo artículo os lo cuento…

 

                                                                      Mireia Puerto

Fotos: Mireia Puerto y Ángel Hernández

 

 

 

 

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