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De falsos gurús y profetas. Por Oriol Pérez Treviño

Martes, 30 de junio de 2020

Nuestros son los tiempos de gurús. Y de profetas. Los hay honestos, claro, pero muchos de ellos son más falsos y peligrosos que un mono con una metralleta como el que se veía, hace unos días, en un vídeo viral donde unos soldados rebeldes dejaban un arma a un primate y éste, obviamente, empezaba a disparar al azar contra la multitud, en una escena que ni el mismo André Breton hubiese imaginado para su primer manifiesto del surrealismo. En el caso de los falsos gurús, pero, ellos no hacen el papel de mono sino, más bien, otro mucho más perverso donde sus acólitos, muchas veces, inician por mimesis o abducción un cambio. Todos tenemos en mente algún conocido que, de la noche a la mañana, ha decidido transformar su vida en «alguien nuevo» y, para hacerlo, ha cambiado su vestimenta. Pero ya sabemos, gracias a la sabiduría de los refranes, que el hábito no hace al monje y, por tanto, algunos por mucha túnica naranja y / o vestimenta pseudoesotérica que se pongan, siguen siendo el mismo. Se comportan, tantas veces, de forma inocente, naïf y sin saberlo, como auténticos monos. Y ya sabemos también que «la mona aunque se vista de seda, mona se queda».

Pasa que nuestros tiempos son, sin embargo, en palabras de Santa Teresa de Jesús (1515-1582) «recios», robustos. Gruesos. No son tiempos ligeros y tranquilos sino, como ya hemos dicho tantas veces, distópicos y es en momentos como éstos cuando proliferan los gurús, los profetas, los analistas. A propósito del artículo de ayer, una extraordinaria amiga a quien, cariñosamente, bauticé un día como Pepito Grilo me tildó, amablemente, de oráculo. Más que oráculo diría que, más bien, nos pasa a que algunos tenemos, como el mito de Casandra, el don de la profecía -al ser ésta una profetisa inspirada-, pero que, también como Casandra, nadie les hace puñetero caso. A fe de Dios, les puedo asegurar que multitudes de análisis como los míos fueron escritos en las fechas comprendidas entre el 6 de septiembre y el 27 de octubre de 2017. Pero, claro, el primer impedimento para hacer caso y/o reflexionar sobre ellos era que no lo decía «alguien de los nuestros», por lo que seguro que estaba equivocado o quería confundir.

Mucho me parece, sin embargo, que detrás de todo esto se esconde la incapacidad para ser capaz de leer los tiempos «recios» viviéndolos en toda su plenitud y magnitud. Esto no se refiere, tan sólo, a la máxima budista de «vivir plenamente el aquí y el ahora» sino con la conciencia de vivir ya no tan sólo unos tiempos propios, según Carl Gustav Jung (1875-1961), de una «civilización en transición» sino de una civilización que, posiblemente, ya ha entrado en una nueva esfera y dimensión, pero que sigue muy huérfana de referencias culturales y morales que sean auténticos faros. Al igual que hace unos días hablábamos como el «mundo viejo» estaba muy condicionado por el egoísmo, el materialismo, el narcisismo, el economicismo y el egocentrismo, no es menos cierto que la sustitución de la cultura -la que por tradición era referencia y luz-, por distracción alienante y entretenimiento lelo tiene mucho que ver. Y es que éstos ya no sólo llenan el espacio de las redes sociales, sino también de las programaciones, denominadas hasta ahora culturales, de las televisiones públicas y de la propia enseñanza porque ahora, al colegio, los niños deben ir a divertirse y a ser felices para satisfacción de psicopedagogos tan catastróficos como mediocres. Estos «productos», y uso esta palabra porque es su verdadera denominación y la que más les satisface, imposibilitan por completo vivir nuestros tiempos en su plenitud y magnitud. ¿Por qué? Porque para hacerlo necesitamos salir de este inmenso acuario que es nuestra colectividad y que su medio natural es agua. No en vano, Zygmunt Bauman hablaba de una «sociedad líquida». Necesitamos querer y anhelar salir de esta inmensa pecera para empezar a ver el comportamiento de este acuario constituido por una gran diversidad. Por respeto y que nadie se sienta aludido no les diré quien hace de tiburón, tintorera, calamar, pez o, incluso, mejillón. Según las feministas, hay muchos pulpos y muchas lapas. Sí que les puedo decir que de orcas, estas preciosas ballenas inteligentísimas y que algún doctor en telecomunicaciones me aseguró que eran un «pez», escasean.

Necesitamos, sin embargo, ser capaces de querer dejar de ser peces y convertirnos en hombres y mujeres. No en vano, muchos cuentos infantiles hablan de las conversiones de peces en hombres, o de sirenas en chicas …. Para hacerlo, claro, necesitamos aceptar esta nueva comprensión de los tiempos. Y, para lograrlo, necesitamos referencias que huyan esta limitada realidad, tan inmediata y huidiza a la vez. Necesitamos adoptar un criterio propio que, por qué engañarnos, permanece fuera del citado acuario. Y es sólo así como podremos iniciar el primer paso hacia una comprensión verdadera de nuestros tiempos actuales y de su naturaleza «recia» y donde hay que estar muy atento a los autodenominados profetas y gurús. ¿Como discernir uno falso de uno verdadero? Es relativamente fácil. El auténtico profeta y gurú apela siempre a la necesidad de encontrar la respuesta y/o la lectura por uno mismo. Para alcanzarlas, es posible que opte más por la formulación de preguntas que por la facilitación de respuestas y, en el fondo, por esa necesidad de mirar las cosas desde un papel de espectador reflexivo. El mismo que adoptamos cuando vamos a un acuario y miramos el comportamiento de los peces.

En ausencia, sin embargo, de los instrumentos que la cultura nos había proporcionado en forma de lecturas, audiciones, actividades … que llevaban a la necesidad de pensar y de autopreguntar acerca de la validez de los relatos dominantes del mundo, ahora todo parece dispuesto a adaptarse, a ser competitivo y a tener las competencias básicas. Pero con estos elementos, nunca seremos capaces de darnos cuenta que en dichos relatos hay numerosas piezas, diciendo con palabras del antropólogo y poeta Gerard Horta, «que no encajan en un rompecabezas descriptivo al final frustrante en cuanto a nuestras expectativas de saber qué demonios hacemos aquí, por qué esto y no aquello, y qué hilos mueven élites económicas distantes a las decisiones de las que quedan sistemáticamente fuera de nuestro alcance».

Para poder hacer todo esto, antes de todo, y como profetizó Jung necesitamos aquella no menos importante y esencial tarea del «conócete a ti mismo». Y para ello debemos alejarnos de falsos profetas, de gurús y, para que engañarnos, de los ineptócratas de nuestra clase política. Para Nietzsche, estos no llegaban ni a gurús ni aprofetas. Ellos eran monos trepadores. «Mirad como trepan estos ágiles monos. Trepan aplastándose entre sí y de esta manera se hunden en el barro y en las profundidades. Todos tratan de alcanzar el trueno». Así habló Zaratustra, precisamente, profeta. De los de verdad.

Oriol Pérez Treviño

@Oriol67638017

 

 

DE FALSOS GURUS I  PROFETES

 

Dimarts, 30 de juny de 2020

 

Els nostres són temps de gurus. I de profetes.  N’hi ha d’honestos, és clar, però molts d’ells són més falsos i perillosos que una mona amb una metralleta com la que es veia, fa uns dies, en un vídeo viral on uns soldats rebels deixaven l’arma a un primat i aquest, òbviament, començava a disparar a l’atzar contra la multitud, en una escena que ni el mateix André Breton hagués imaginat per al seu primer manifest del surrealisme. En el cas dels falsos gurus, però, ells no fan el paper de mona sinó, més aviat, un altre de molt més pervers on els seus acòlits, moltes vegades, inicien per mimesi o abducció un canvi.  Tots tenim en ment algun conegut que, de la nit al dia, ha decidit transformar la seva vida en «algú nou» i, per a fer-ho, ha canviat la seva vestimenta. Però ja sabem, gràcies a la saviesa dels refranys, que l’hàbit no fa el monjo i, per tant, alguns per molta túnica taronja i/o vestimenta pseudoesotèrica que es posin, segueixen sent el mateix. Es comporten, manta vegades, de forma innocent, naïf i sense saber-ho, com autèntiques mones. I ja sabem també que «la mona aunque se vista de seda, mona se queda».

 

Passa que els nostres temps són, però, en paraules de Santa Teresa de Jesús (1515-1582) «recios», robustos. Gruixuts.  No són temps lleugers i tranquils sinó, com ja hem dit tantes vegades, distòpics i és en moments com aquests quan proliferen els gurus, els profetes, els analistes. A propòsit de l’article d’ahir, una extraordinària amiga a qui, afectuosament, anomeno Pepito Grillo em va titllar, amablement, d’oracle. Més que oracle diria que, més aviat, ens passa a alguns que tenim, com el mite de Cassandra, el do de la profecia –en ser aquesta una profetessa inspirada–, però que, també com Cassandra, ningú els fot cas. A fe de Déu, els puc assegurar que multituds d’anàlisis com el meu van ser escrits en les dates compreses entre el 6 de setembre i el 27 d’octubre del 2017. Però, és clar, el primer impediment per a fer-ne cas i/o reflexionar-hi era que no ho deia «algú dels nostres», per la qual cosa segur que estava equivocat o volia confondre.

 

Molt em sembla, però, que al darrere de tot això s’amaga la incapacitat per ser capaç de llegir els temps «recios» vivint-los en tota la seva plenitud i magnitud. Això no es refereix, tan sols, a la màxima budista de «viure plenament l’ara i aquí» sinó amb la consciència de viure ja no tan sols uns temps propis, segons Carl Gustav Jung (1875-1961), d’una «civilització en transició» sinó d’una civilització que, possiblement, ja ha entrat en una nova esfera i dimensió, però que continua molt òrfena de referències culturals i morals que siguin autèntics fars. Igual que fa uns dies parlàvem com el «món vell» estava molt condicionat per l’egoisme, el materialisme, el narcisisme, l’economicisme i l’egocentrisme, no és menys cert que la substitució de la cultura –allò que per tradició era referència i llum–, per distracció alienant i entreteniment ximple hi té molt  veure. I és que aquests ja no només omplen l’espai de les xarxes socials, sinó també de les programacions, dites fins ara culturals, de les televisions públiques i del mateix ensenyament perquè ara, a estudi, els nens han d’anar-hi a divertir-se i a ser feliços per a satisfacció de psicopedagogs tan catastròfics com mediocres. Aquests «productes», i uso aquest mot perquè és la seva autèntica denominació i la que més els satisfà, impossibiliten per complet viure els nostres temps en la seva plenitud i magnitud. Per què? Perquè per a fer-ho ens cal sortir d’aquest immens aquàrium que és la nostra col·lectivitat i que el seu medi natural és aigua. No pas en va, Bauman parlava d’una «societat líquida». Ens cal voler i anhelar sortir d’aquesta immensa peixera per començar a veure el comportament d’aquest aquàrium constituït per una gran diversitat. Per respecte i perquè ningú se senti al·ludit no els diré qui fa de tauró, tintorera, calamar, peixet o, fins i tot, musclo. Segons les feministes, hi ha molts pops i moltes lapes. Sí que els puc dir que d’orques, aquestes precioses balenes intel·ligentíssimes i que algun doctor en telecomunicacions em va assegurar que eren un «peix», escassegen.

 

Ens cal, però, ser capaços de voler deixar de ser peixos i convertir-nos en homes i dones. No pas en va, molts contes infantils parlen de les conversions de peixos en homes, o de sirenes en noies…. Per a fer-ho, és clar, ens cal acceptar aquesta nova comprensió dels temps. I, per a assolir-ho, ens calen referències que defugin aquesta limitada realitat, tan immediata i fugissera a la vegada. Ens cal adoptar un criteri propi que, per què enganyar-nos, roman fora de l’esmentat aquàrium. I és només així com podrem iniciar el primer pas cap a una comprensió veritable dels nostres temps actuals i de la seva naturalesa «recia» i on cal, és clar, estar molt atent als autoanomenats profetes i gurus. Com discernir-ne un de fals o un de veritable? És relativament fàcil. L’autèntic profeta i guru apel·la sempre a la necessitat de trobar la resposta i/o la lectura per un mateix. Per a satisfer-les, és possible que opti més per la formulació de preguntes que no pas per la facilitació de respostes i, en el fons, per aquesta necessitat de mirar-se les coses des d’un paper d’espectador reflexiu. El mateix que adoptem quan anem a un aquàrium i mirem el comportament dels peixos.

 

En absència, però, d’instruments que la cultura ens havia proporcionat en forma de lectures, audicions, activitats… que portaven a la necessitat de pensar i d’autopreguntar-nos sobre la validesa dels relats dominants del món, ara tot sembla disposat a adaptar-se, a ser competitiu i a tenir les competències bàsiques. Però amb aquests elements, mai serem capaços d’adonar-nos que en els esmentats relats hi ha nombroses peces, dient-ho amb paraules de l’antropòleg i poeta Gerard Horta, «que no encaixen en un trencaclosques descriptiu al capdavall frustrant quant a les nostres expectatives de saber què caram fem aquí, per què això i no allò, i quins fils mouen elits econòmiques distants a les decisions de les quals resten sistemàticament fora del nostre abast».

 

Per a poder fer tot això, abans de tot, i com va profetitzar Jung ens cal aquella no menys important i essencial tasca de «coneix-te a tu mateix». I per a fer-ho cal que ens allunyem de falsos profetes, de gurus i, per què enganyar-nos, dels ineptòcrates de la nostra classe política. Per a Nietzsche, aquests no arribaven ni a gurus ni a profetes. Ells eren mones trepadores. «Mireu com trepen aquestes àgils mones. Trepen aixafant-se entre si i d’aquesta manera s’enfonsen en el fang i en les profunditats. Tots tracten d’assolir el tro». Així va parlar Zaratustra, precisament, profeta. Dels de veritat.

 

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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