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“El creyente”, sobre las adiciones. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Dirigida por el francés Cédric Kahn (1966), de quien hay que recordar películas como “Tedio” (1998), “Roberto Succo” (2001), “Una vida mejor” (2011) y “Vie sauvage” (2014), “El creyente” (“La prière”, 2018), es, sino su mejor película, la más interesante de su filmografía por la propuesta que hace, no solo sobre la drogadicción, sino sobre las adicciones en general, como uno de los males de nuestra sociedad actual. La historia es bien sencilla y lineal. Un muchacho, Thomas (excelente Anthony Bajon, mejor actor en el Festival de Berlín de 2018, visto en “Rodein”, 2017), con problemas de drogas y tendencias violentas ingresa en una comunidad de ex adictos que viven aislados en una zona montañosa, dedicados a la oración y al trabajo físico, orientados por religiosos. Esta nueva situación, entre el difícil carácter del joven, falto de cariño y su adicción a las drogas, y la actitud pacífica, recogida y contemplativa de sus cuidadores y sus compañeros, le llevará a continuos situaciones de crisis, incluso de huidas del centro, hasta que su amistad, y posterior enamoramiento, con una joven que llevan provisiones al centro, le hacen superar su adicción a las drogas e integrarse al grupo, hasta el punto de que, influido por los elementos religiosos que le rodean, decide ser sacerdote. Con una narración en momentos crispada, para dar dimensión a los demonios internos de Thomas, y en otros pausada y contenida, para proyectar la paz y el recogimiento del lugar, con especial importancia a la música y los cánticos religiosos, la película proyecta la dimensión adictiva del joven protagonista, que de la droga pasa a la religiosidad, siempre víctima de esa necesidad de amor que le ha faltado en su infancia.

Una película singular, en buena medida desoladora, aunque el final parece que Thomas se cura de su tendencia adictiva, donde junto al joven Anthony Bajon, brilla el sobrio y contenido trabajo de Àlex Brendemühl (un actor siempre en alza), y de una veterana gran actriz como la alemana Hanna Schygulla, aquí como una monja acogedora y compasiva. Memorable la escena entre Thomas y ella. Una película a tener muy en cuenta y que confirma a Cédric Kahl como un director a seguir, dentro del siempre interesante panorama del cine francés.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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