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“El cuento de la criada” o los ojos de Elisabeth Moss

Por motivos de salud me he visto obligada a estar unos días de baja, momento que he aprovechado para acordarme de una de las recomendaciones más ávidas de mi compañero Natxo Torres, y animar mi obligado reposo disfrutando de la serie “El cuento de la criada”.

Si bien es cierto que el médico me recomendó tranquilidad, debo decir que he hecho caso omiso, ya que la serie, protagonizada por una magistral Elisabeth Moss, me ponía tan tensa que a veces paraba el capitulo para retomarlo minutos después. Y es que la serie es durísima, llegando a plantearme si seguir o no viéndola capítulo tras capítulo. Así que me tomaba el relajante muscular prescrito por mi médico y seguía, masoca que es una…

Qué odio acabas teniendo al comandante Waterford…

 

Este es su argumento: En un futuro distópico donde se ha implantado una dictadura fundamentalista, una joven (Elizabeth Moss) se ve forzada a vivir como una concubina para dar hijos a su señor (Joseph Fiennes). Tras el asesinato del presidente de los Estados Unidos y la mayoría del Congreso, se instaura en el país un régimen teocrático basado en los más estrictos valores puritanos. Los Estados Unidos de América, desde ese momento, pasan a ser conocidos como la República de Gilead. En esa nueva sociedad, la mayor parte de los valores modernos occidentales han quedado desterrados. La mujer pasa a un segundo plano, siendo prácticamente un objeto cuyo único valor está en sus ovarios, pues hay un problema de fertilidad en Gilead.

La serie, basada en el libro de Margaret Atwood y merecida ganadora de sendos Globos de Oro en 2017 a mejor serie dramática y actriz para Elizabeth Moss, es de los mejores productos televisivos que he visto en el último año. Moss se come con patatas a todo el resto de actores únicamente con la expresión de sus ojos. Esos planos mirando directamente a cámara en los que no necesita hablar para expresar cualquier tipo de emoción son de ponerte los pelos de punta. Sus ojos son los protagonistas absolutos de la serie. Y esa banda sonora que le acompaña, ese leitmotiv de cuerdas (¿violonchelo, quizás?)… ¡absolutamente genial!

Esos ojos…

 

El resto de actores también está excelso, aunque la única que me chirría es el personaje de Alexis Bledel, que no acaba de gustarme. No es que la actriz no interprete bien su papel sino que su historia no termina de atraparme.

Joseph Fiennes se pone en la piel del señor de la casa, el comandante Waterford, y consigue que le odies intensamente. Fiennes es inglés, y la impostura que otorga al personaje, así como su manera de hablar y tono de voz consigue que te asquee profundamente. Me gusta también el personaje de su mujer, Serena (Yvonne Strahovski) que tiene una lucha interna que aparece con cuentagotas capitulo a capitulo y va evolucionando hasta la resolucion del episodio final de la segunda temporada.

Yvonne Strahovsky, tremenda también como la inteligentísima Serena

 

Los flashbacks muestran cómo, poco a poco, Estados Unidos ha llegado a ese futuro distópico tan tremendo y duro, que poca diferencia tiene con otros países donde las mujeres son meros objetos, obligadas a casarse siendo niñas, violadas y maltratadas con el objetivo de tener hijos. Claro que, cuando esta situación se da en la primera potencia mundial, los ojos con los que se mira son más críticos, por mucho que se trate de un producto de ficción.

 

Helena García Castaño

@hgcsirena

 

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