Un cura en la pantalla puede quedar tan bien encuadrado como un pianista en el Saloon. Lo que luego haga dentro de la pantalla el cura, ya es otra cosa. El cine ha encontrado muchas veces un filón en el sacerdocio, que amplifica y agranda en varias veces cualquier sentimiento: un cura solidario, un cura enamorado, un cura ladrón, un cura aventurero, un cura cantante… Cualquier cosa que haga un cura (en la pantalla) es más o menos como si la hiciera una banda de laicos, y esta semana se nos caen encima dos curas de golpe y que, además, ofrecen entre los dos un amplio abanico de posibilidades cinematográficas: luchador, solidario, enamoradizo, mártir, proletario, impetuoso, cachondón…  Yo confieso que mi cura favorito del cine es Bing Crosby, pero reconozco que Ricardo Darín también da el tipo en “Elefante Blanco”

                  Oti Rodríguez Marchante