La premisa convertida en éxito: ¿Qué pasa cuando metes en una casa llena de alcohol, cámaras y camas a cuatro chonis teñidas de pelo crepado, maquilladas como puertas y vestidas como fulanas baratas y a cuatro tíos con más músculo que cerebro que se creen los reyes del mambo y con vía libre para organizar fiestas, salidas e invitar a ligues? Pues un “Sodoma y Gomorra” televisado.

Cada episodio es un día en la vida de estos ocho ni-nis que, sin oficio ni beneficio, han visto en este programa la oportunidad de pasar el verano de su vida (y de permitir que cientos de miles de espectadores seamos testigos de ello).

Imagino que la gente que lo ve puede sentirse identificada con el estilo y modo de vida y diversión que muestran en la pantalla, pero otros tantos nos hemos visto enganchados a este fenómeno por varios factores: la curiosidad por descubrir esta cultura del “chonismo”, “canismo” y del “sodomagomorrismo” en vivo y en directo y sin censura y por la diversión que nos confiere ver a esta gente mostrándose como son, con su modo de expresarse, la manera en la que ven la vida… Es brutal. Reírnos de ellos y no con ellos. Es como ver un documental de animales donde cada capítulo es una sorpresa más. Y, ojo, que ellos han dado su consentimiento.

Lo cierto es que ya se veía venir este tipo de degradación en los realities de convivencia. A lo largo de los años, la versión española de “Gran Hermano” fue poquito a poco decantándose por emitir escenas cada vez más subidas de tono, nada que ver con ediciones como la turca, brasileña o inglesa, donde a los productotes no les dolían prendas en emitir momentos que rayaban lo pornográfico. La cadena amiga pudo comprobar, datos de audiencia en mano,  que eran precisamente esas escenas las que lograban conseguir más espectadores. De este modo, llegó un momento en que el reality de Tele 5 lograba reunir a toda la familia en casa, a la hora de máxima audiencia, para que fuera testigo de las fiestas, borracheras, peleas y devaneos amorosos de los concursantes. Puro voyerismo.

La evolución razonable de estos programas ha sido “Gandía Shore”, un reality que conjuga un formato similar al de “Gran Hermano”, con concursantes sacados del casting de “Mujeres, hombres y viceversa” y que viene precedido del éxito de la versión americana (“Jersey Shore”) e inglesa (“Geordie Shore”).

Según datos publicados por ABC.es, tras 14 episodios, el reality ha logrado batir todos los récords de audiencia, con un promedio del 3,7% de share y 768.200 espectadores, lo que ha contribuido a un crecimiento del 429% sobre la media del canal.
El éxito del programa se extiende más allá de la televisión. Con 1,2 millones de seguidores entre las cuentas oficiales de Twitter y Facebook, “Gandía Shore” arrasa en las redes sociales y se convierte en todo un fenómeno. Cada domingo, el programa acapara el share social en Twitter y logra generar el ruido social televisivo más alto en la red en la mayoría de sus emisiones.

Helena García