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«EL FUTURO PRESENTIDO» (PERO SI TU TAMBIÉN ERES CINE), POR CARLOS VILLARRUBIA. DANZAS HÚMEDAS 2

Os ofrecemos ahora la segunda entrega de la serie «Danzas húmedas», del artista multimedia Carlos Villarrubia. Os dejo con él

«El futuro presentido»

En la escuela del ensueño el futuro presentido amanece como un niño tan curioso como el mar que se acerca a tu ventana ofreciéndote un mañana indeciso pero vivo que en ti quiere madurar. Amaréame, llévame contigo con tacto divino y sabor a miel. Pasos de comedia, bulevar de Broadway, fontana di Roma, muchachas de Piazza Spagna. Bambis extraviados por lejanos hayedos, nube de caminos para averiguar dónde está tu hora, la de los valientes, la que se decide a dibujar la paz. En cine me demoro, al cine tanto debo; la magia y el enigma, la voluntad de amar con ojos nuevos. No fue copiar modelos, la vida fue tan sabia que siempre rompió espejos; procura nunca imitar. Pero en la gran pantalla, en carrusel continuo, recibí el dulce guiño del todo puede ser. Ocurre que me ocurren los sueños que soñaba desde la tierna escuela de la imaginación. Cine, que no pare la máquina.

Ahora que poco a poco alcanzo mi estatura opino que es bello el arte de explorar. Si ya soy geografía, paisaje encadenado al juego y al milagro en el oficio de soñar. Juguemos a jugar, viajemos por la luz que ofrece el vendaval si el cine sabe hablar. Fragmentos esparcidos, colores renacidos, futuro que me inventa las ganas de volar. Recuerdo con Fernando Savater desde el Pub Dickens y los viajes de Hiperión, «el explorador sabe que la primera mirada es la que vale; la que deja huella en lo visto». Las horas olvidadas no fueron malgastadas, abrieron el camino, el tiempo de emprender. La voz de las caricias creciendo por mi almohada, el cine me ha guiado con alas de verdad; de las que no se mojan ni acaban en el desguace como naves perdidas, casi barquitos de papel para poetas tristes. Bendito Julio Verne, eternos robinsones, de últimos mohicanos aún guardo el talismán. Cahiers de Cinemá, descalzos por el parque. Más allá de los muros de tu habitación puedes escapar con los pasos de baile de Ginger Rogers y Fred Astaire. Un desayuno con diamantes, champagne en la nevera y un final feliz en bandeja de plata.

El cine es alimento, bengala y travesía, el corazón de un cuento que siempre continuará. Me voy por la calle donde está mi amor, yo también sabré cantar bajo la lluvia. El cine me ayudó a encontrar mi propia voz, a bailar la vida. Sentir que todo era posible, saber que en el último rincón de tu alma nada es inalcanzable. Si hablas con el corazón, si te sientes más allá de cualquier asomo de narcisismo. Si dejas de ser simplemente espectador. Tienes una vida y has de vivirla con intensidad, sin descartar nada que se presente al alcance de tu voluntad de explorador. Imágenes-pértiga superando muros, colores en el aire más allá de las fronteras.

Futuro presentido, el duende renacido. Hay más vidas en tu vida, explora tu geografía, construye tu argumento, ocupa el escenario que si emerges desde tu «adentro», el foco te buscará. Estos tiempos modernos nunca serán eternos, conviene no perderse en la desilusión. De aquellas aventuras que agigantaron nuestras calles tiene que quedar algo de geiser anímico; no podemos reducirlas a derrotadas miniaturas. Crecer desde la imaginación, saber que hay más allá… paisajes, personajes, historias. Aspiras el aroma de Deià en el microcosmos de Robert Graves o imaginas los personajes del Bearn de Vilallonga demorándote por los Jardines mallorquines de Alfabia o Raixa. Atardecer en Porto Covo escribiendo cuadernos de atlánticas humedades; rememorar los planes de Juan Lebrón con Saura o Borau por las terrazas de Plaza Alfaro; escuchar a Antonio Betancort dibujar con sus manos garabateando espacios en el cielo para los planos de El Torcal de Antequera. Sabor de batukada en las playas de Brasil. Un Brel perdido por Las Marquesas, no lejos de Tahití. Antorchas, bucaneros, sutiles pendencieros, también chamarileros que tan gozosamente me recreaba en sus conversaciones Luis Carandell al hilo de sus tentativas operísticas. Hombre bala, romanos de leyenda, princesas seductoras, vampiresas sin nadie a quien rematar. Llaneros solitarios, detectives, coyotes. piratas cojos al estilo Sabina, vikingos en la costa, Madrid galdosiano, estepas futuristas y algún bosque animado.

Vivir es confirmar plano a plano los sueños que se mecen en la narración intemporal a fuego lento. Fantasías animadas, pepitos grillos que danzan en tus bolsillos diciéndote por qué y por qué, pero tú a dónde vas. El cine siempre acude -fiel y tesonero a tu rescate, cuando todo es pasado y aprendes a olvidar; te  mima con su abrigo de noches encantadas y avanzas sin reservas en plena oscuridad. Vuelves al futuro presentido, al amanecer amaneciendo, a sentirte más que un quise queriendo. Pero si tú también eres cine y en cine proyectas lo mejor de ti.

Carlos Villarrubia

 

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