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El Martes Crítico, de Oti R. Marchante: Un monstruo viene a veros, críticos

De los cientos de estrenos que hubo este fin de semana, y muchos de ellos realmente buenos, vamos a destacar fundamentalmente dos, “Un monstruo viene a verme” y “Jota de Saura”. ¿Por qué estas dos solamente?, pues, porque sí, que es un motivo contundente. ¡Porque sí! Y también un poco porque Bayona descoloca ligeramente a los críticos, que siempre andan entre que sí y que no con su cine, muy volcado en la emoción, y porque Saura es capaz de sorprender con lo mismo, como Messi y su jugadita paralela a la línea del área grande sorteando contrarios y chupinazo… Repasamos la jugada:

Javier Ocaña, en El País, hace unos esfuerzos terribles para que no se le acabe de entender… Todo un ejercicio de precisión dubitativa:

El director de El orfanato y Lo imposible ha compuesto una película que a (casi) todos les parecerá impecable. Y a este crítico también. Pero lo impecable algunas veces se da de bruces con su propio interior, con sus subtextos y sus mensajes, con sus interioridades verdaderamente dolorosas, y no superficialmente lacrimógenas…   Demasiado estructurado y anunciado, el relato de Bayona está lejos del abismo que nos convoca con nuestra propia verdad, no ya la que pide el monstruo al crío, sino la que llama a nuestros demonios como espectadores. Para los poseedores de una cierta sensibilidad (que cada uno tiene la suya), la verdad será un cargamento de lágrimas. Para otros, y ahí se sitúa el que esto escribe, la verdad será un gran producto que no conmueve por exceso de precisión narrativa.

Luis Martínez, en El Mundo, parece ser que bastante entusiasta de la película, y comienza a hacer senderismo por el folio para terminar en un adjetivo fácil de entender: brillante:

El resultado es una película a la vez excesiva, emocionante, desigual e inolvidable. Rota en su tercer acto por el exceso melodramático, pero siempre inmensa. En un momento, el niño traza sobre un papel en blanco un simple rectángulo. Se trata de un límite: el espacio de su dibujo. De eso y de una puerta de acceso. La línea demarca el umbral que separa el mundo real del imaginado. También es la propia pantalla del cine. Somos nosotros los interpelados. Brillante.

Muy útil y acertada me parece la intervención al respecto de Quim Casas en El Periódico, donde apunta la influencia confesada por Bayona del dibujante japonés Jiro Taniguche

Bayona equilibra la turbadora imagen real con las tres historias de particular animación, la inquietud con el melodrama. Apela por igual a la emoción y la superación como a la fantasía, materia de la que está hecho el propio cine.

Y también esa facilidad para ir al grano de Jordi Batlle, que en La Vanguardia habla de Bayona, de Spielberg, de la relación de ambas películas y también de esta de “Un monstruo…” con la anterior, “Lo imposible”… Y dice, entre otras cosas, que:

Bayona se supera con una historia más compleja y arriesgada, una profunda exploración de los miedos de la infancia materializada con mucha oscuridad, tristeza y dolor…

Nuria Vidal en su blog razona objetiva y subjetivamente sobre las dos Jotas de la semana (la Jota de Bayona y la de Saura):

De las tres películas de Bayona, esta es sin duda la que más me gusta. Seguramente porque es la que mejor conecta conmigo misma. Nunca debemos olvidar, y menos los que escribimos de cine, que las películas tienen dos lecturas: la objetiva, (es buena, nos guste o no) y la subjetiva (me gusta o no me gusta). Un monstruo… es buena objetivamente, como lo eran sin duda Lo imposible y El orfanato. Pero subjetivamente, Un monstruo… es la que está más cerca de mi actual estado de ánimo.

Yo, en un intento desesperado por decir algo de “Un monstruo…”, al final de mi comentario en ABC me pongo a justificar el porqué de esos excesos melodramáticos, como si fueran culpa mía:

Las magníficas y sorprendentes técnicas de animación, la capacidad de Bayona para sugerir terror y efecto balsámico a la vez, la sugerencia de que la fantasía (el cine) modela sentimientos y pensamientos útiles para sobrellevar la realidad… Eso es lo grande de la película de Bayona, de su historia, tan feroz y llena de amarguras, que decide templar con un punto más en el grado del melodrama, vaciándose los bolsillos de acentos que derrama sobre la realidad de Connor, en forma de música, de escenas emotivas y de sensibilidad esponjosa. Cualquiera puede pensar que todo está magnificado, exagerado, sacado de quicio, llevado a un extremo (el de la lágrima es el que más molesta para verlo claro), pero son el punto de vista y las emociones de un adolescente: ¿hay algo en el mundo menos centrado y más sacado de quicio que eso?

José López en Nosolocine es quien se muestra más reticente con la película de Bayona, o sea, que le mete un palito:

Uno de los temas de la película es el acoso escolar pero acaba teniendo menos importancia de la esperada. El final me parece un poco alargado y excesivamente lacrimógeno. El film es arrítmico. El melodrama no acaba de funcionar. Otros de los temas centrales son la pérdida, las relaciones entre madre e hijo y cómo madurar, cómo superar los problemas.

jota_de_saura

En cuanto a la “Jota de Saura”, la otra película que destacamos aquí, los críticos han resultado todos muy baturros y han disfrutado con ella.

Destaco a Javier Ocaña, en El País, se muestra entendido en música folclórica, y da la impresión de que haya hecho algún cursillo sobre la influencia del ravel y la zampoña en el cancionero popular:

Música desconocida para la mayoría, el encuentro con la jota en la película de Saura resulta desigual, tanto en el fondo como en la forma. A números incuestionables, como el del Fandango de Boccherini, interpretado con genio por el violonchelista italiano Giovanni Sollima, o el del baile de Sara Baras y Miguel Ángel Berna, suceden otros encorsetados por el playback, y en los que la sonorización no resulta adecuada, caso del de Carmen París. El homenaje a Labordeta, porque la canción es preciosa, y porque las imágenes de la Guerra Civil que lo acompañan son conmovedoras, levanta el vuelo de nuevo, pero la jarana final, con gigantes y cabezudos en un entorno radicalmente opuesto a su esencia, deja un regusto amargo. Como homenaje endogámico, es posible que sea efectivo. Como intento de captación de nuevos adeptos para la jota, mucho más dudoso.

Francisco Marinero en El Mundo es más escueto y preciso sobre esta película de Saura:

El recorrido va de la jota más tradicional a la que en ocasiones incorpora acompañamiento de flamenco y de jazz y llega desde Castilla hasta Galicia, casi siempre haciendo comulgar el canto con la danza, recordando su naturaleza popular y folclórica y homenajeando a Imperio Argentina, Paco Rabal y Labordeta con imágenes retrospectivas.

Nando Salvá en El Periódico no oculta que hay letras en el abecedario que le interesan más que la jota (dice, incluso, que tiene mala reputación. Es un crack):

Carlos Saura reincide en el efectivo método para poner imágenes a la música y la danza que lleva años perfeccionando, esta vez para homenajear una de las formas folclóricas con peor reputación de nuestro país. La película sin duda sorprende por los prejuicios que derriba y las riquezas que revela sobre su objeto de estudio aunque difícilmente disuadirá a quienes tienen claro que la jota no es para ellos.

En cambio, Nuria Vidal le encuentra el aliciente y el valor a la música y a la película:

La jota aragonesa elevada a la categoría de bellas artes gracias a la sensibilidad de un director que a sus 84 años sigue teniendo la mirada clara del auténtico creador. Se podría decir que Jota sigue una fórmula ya utilizada por Carlos Saura en otras ocasiones: Sevillanas, Fados… Si es cierto. Pero usar una fórmula no es algo peyorativo en sí mismo. Las fórmulas si funcionan están muy bien, sobre todo si gracias a ellas se puede poner en valor elementos a veces menospreciados o incluso olvidados.

Y Lluis Bonet Mojica en La Vanguardia subraya los homenajes de Saura a Paco Rabal y a sí mismo en “Goya en Burdeos” y al melodrama de Florián Rey “Nobleza baturra”, con Imperio Argentina, que tiene un par de momentos estelares de cante y baile.

la_fiesta_de_las_salchichasY no quiero cerrar este Martes Crítico sin mencionar “La fiesta de las salchichas”, la película perfecta para recomendársela a la suegra.

Una película tan peculiar que, incluso, Jordi Costa, en El País, se siente obligado a hablar claro:

La fiesta de las salchichas esgrime ahora con orgullo su condición de primera película de animación digital clasificada R: es decir, con entrada tutelada por adulto para menores de diecisiete años. Conviene subrayar esta singularidad: la película no da gato por liebre (sino que ofrece liebres en celo a paletadas) y los índices de estupor y bochorno que se medirían en una platea atestada de niños podrían batir récords. La fiesta de las salchichas es una sincera y, sobre todo, generosa verbena de incorrección lúdica y grosería bien esculpida.

Pero es Antonio Weinrichter quien borda un comentario sobre La Fiesta de las salchichas” en el ABC, que titula holocausto caníbal y está lleno de sentido del humor y tabasco picantón:

Los chistes sexuales culminan en una orgía panteista donde la panecilla Kirsten Wiig es enfilada por el perrito (muy) caliente de Seth mientras un taquito mexicano lésbico aún más caliente (Salma Hayek) le hace un panilingus. Bueno, más chocante es el momento en que los alimentos comprueban que lo que les espera es como ver la matanza del cerdo desde el punto de vista del cerdo; ni «Babe» se atrevió a tanto.

 

En fin, y me he dejado tantos críticos y películas por poner aquí, que igual me voy a otra web para venderles un cesto de todo ello al peso.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine[/autor]

@OtiRMarchante

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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One comment

  1. Creo que me he comido como si fuera un canapé el texto que quería subrayar de Nuria Vidal sobre «Un monstruo viene a verme». Y es éste (el texto, no el monstruo, claro):

    Nuria Vidal en su blog razona objetiva y subjetivamente sobre las dos Jotas de la semana (la Jota de Bayona y la de Saura):

    De las tres películas de Bayona, esta es sin duda la que más me gusta. Seguramente porque es la que mejor conecta conmigo misma. Nunca debemos olvidar, y menos los que escribimos de cine, que las películas tienen dos lecturas: la objetiva, (es buena, nos guste o no) y la subjetiva (me gusta o no me gusta). Un monstruo… es buena objetivamente, como lo eran sin duda Lo imposible y El orfanato. Pero subjetivamente, Un monstruo… es la que está más cerca de mi actual estado de ánimo.

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