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El Martes Crítico de Oti Rodríguez Marchante. Conoces al crítico: descubre la película

Hoy se introduce en el Martes Crítico un detalle de sutileza, se evita el título de la película y se pone solo el nombre del crítico que la hace. Una gilipollez, lo sé, pero que establece un jueguecito más bien tonto de adivinar de qué película se habla. Más bien tonto, porque los que leen esto saben perfectamente cuáles son los estrenos de la semana y hay en los extractos de las críticas más “pruebas” que las que tiene Villarejo en el talego (doble acepción). Me faltan algunos nombres de cabecera de críticos de la sección, Jordi, Nando, Carmen, Luis, el insustituible Llopart… Para la próxima.

Carlos Boyero:

Carlos Boyero y José López Pérez. Foto de Bianca Baust

No siento ninguna simpatía, pero sí duradero estupor ante esta criatura aparentemente plácida y subterráneamente patológica. Pero el director Luis Ortega imprime a la historia un tono enigmático y poderoso, una atmósfera malsana, que no me permite desinteresarme hasta el final de la cotidianeidad de este tipo tan singular y peligroso. Provoca desasosiego que el mal no exhiba colmillos, cuernos, ni rabo.

Jordi Costa:

… el énfasis formal flirtea con lo publicitario y hay momentos de una marcada opacidad ética –el modo en que el personaje de Úrsula Corberó responde al secreto de su padrastro-, pero la fuerza de este tsunami melodramático que habla de la posibilidad de afirmar una cierta pureza frente a los pecados de los padres –y de la historia colectiva- viene impulsada por algo muy infrecuente: la osadía de un creador dispuesto a reconciliarse con las zonas más irracionales –y gratificantes- de su propia identidad.

Javier Ocaña:

Ante una biografía tan imponente como la de Freddie Mercury, con tantas esquinas y hasta esquinazos, vertientes musicales, vitales, emocionales, sexuales y sociales, caben múltiples posibles películas. Los autores de la película han elegido la más obvia, y quizá la más comercial y menos artística: la inspirada en el mito sin recovecos, solo con facetas, que no es lo mismo, pues lo primero supone una indagación compleja, y lo segundo, un simple recorrido.

Nuria Vidal:

Hay en este film, ecos de Vacas, sonrisas de La ardilla roja, misterios de Tierra, amores de Los amantes del círculo polar, sexo de Lucía y el sexo, búsqueda de explicaciones de Caótica Ana. Es como si todas estas historias, hubieran decidido florecer en una nueva aventura, que no copia, no busca la referencia, pero nace de ellas, como la fruta es distinta a la semilla, la planta y la flor de la que procede. 

Eulalia Iglesias:

La apuesta en este sentido resulta un triple salto mortal sin red que podría haberse saldado en un desastre antológico. Por el contrario, Medem orquesta todos estos elementos (Nota externa: hay que leer la crítica para conocer esos elementos) de manera que cobran sentido como toda una declaración de intenciones sobre su forma de entender y vivir el cine. 

José López:

Es su película que tiene más personajes, que nos presenta más historias de amor. Probablemente, también, la más visceral y la más dramática. Mantiene muy bien el suspense, a modo de thriller, y descubre varios secretos. Tiene un gran ritmo y no tiene ni un segundo de relleno, o superfluo.

Beatriz Martínez:

Cuando la narración más lo necesita, siempre hay un hit a la vuelta de la esquina preparado para levantar el ánimo a través de inevitables dosis de pegadiza nostalgia. La música parece rellenar así los huecos más superficiales por los que atraviesa de puntillas la historia y quizás por esa razón se le da tanta importancia al proceso de elaboración de cada uno de los temas. 

Quim Casas:

Luis Ortega no enjuicia nunca al personaje, sino que lo muestra y, con ello, con esa contención objetiva, muestra también la sociedad argentina de aquellos años.

Sergi Sánchez:

La complejidad de la sátira de Spike Lee carga con los defectos que lastran su filmografía –la falta de sutileza, los problemas de ritmo, los finales apresurados- pero la urgencia política de su discurso, que desplaza hasta lo contemporáneo bombardeando el apoyo de Trump al supremacismo radical, es, ahora más que nunca, necesaria.

 

Oti Rodríguez Marchante:

Arranca con un falso documental, un prólogo capitaneado por Alec Baldwin (el imitador oficial de Donald Trump) y termina con imágenes de archivo sobre los sucesos raciales en Charlottesville… En el medio, el relato jocoso de la aventura de Stallworth trazado con la habitual liturgia de Spike Lee y su capacidad y talento para hacerte sentir mal siendo «blanco» en sus películas, tan bien pobladas de belleza y gracia «negras» y de grosería y zafiedad «blancas».

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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