El estreno esta semana de la excelente película “El capital”, de Konstantinos Costa-Gavras, vuelve a poner de actualidad a un personaje tan repudiable y peligroso como el arribista según la definición del Diccionario dela RealAcademia: “Persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos”, palabra que procede del francés “arriviste”, y que tiene otros sinónimos tan sonoros y deleznables como oportunista, aprovechado, trepador, trepa y, sobre todo, egoísta, porque por encima de todo los arribistas, como el personaje de Marc Tourneuil (primorosamente interpretado por Gad Elmaleh), el protagonista de “El capital”, son seres egoístas y mezquinos. La historia del cine está llena de películas que, de una forma más directa o indirecta, tratan a este personaje, sus tácticas, su evolución y, como es inevitable, su caída. Por encima de todas las películas destaca “Eva al desnudo”, el monumental retrato que el genial Joseph L. Mankiewicz hizo en 1950 del personaje de Eva, magistralmente interpretado por una poco valorada Anne Baxter, aunque le va a la zaga, en cuanto a calidad e importancia, la cruel mirada de Vincente Minnelli sobre el personaje de Jonathan (memorable Kira Douglas) en “Cautivos del mal” (1952), un productor cinematográfico dispuesto a todo con tal de triunfar, que repitió diez años más tarde con “Dos semanas en otra ciudad”.

El arribista de antaño, que se movía en el mundo del espectáculo, el teatro o el cine, como en las tres películas mencionadas, se ha trasladado al mundo de la finanzas y la banca, como propone Costa-Gavras en esta sonora bofetada que es “El capital”, para descubrir al espectador, aunque ya lo supiera, donde están realmente la cloacas del poder. El poder económico, el dinero en definitiva, es el nuevo Dios de una sociedad no ya mercantilizada y materialista, sino absolutamente enloquecida por acumular más y más. El personaje de Marc Tourneuil en “El capital”, ese ejecutivo modesto que llega a la cumbre del poder, es el personaje que vemos en los telediarios, en las noticias de primera plana, en los noticieros radiofónicos, no es el hipotecado desesperado que se lanza por la venta. Es el personaje que hace tambalearse ala Bolsa, compra y vende almas entre desayuno y desayuno, despide y humilla, desprecia y tortura y, poco a poco, se convierte en un loco solitario, en un loco agresivo y peligroso.

“El capital” con su dimensión didáctica, si se quiere simplista, pero efectiva (que es lo que importa), denuncia sin ningún tipo de tapujos, la verdadera dimensión de esos seres dispuestos a todos para conseguir el poder, el control del dinero.

Personajes como Marc, Eva o Jonathan son personaje de ficción, pero desgraciadamente en la vida real hay muchos como ellos y no hace falta más que volver la cabeza para observar la larga fila de arribistas que esperan su turno para llegar a ser Marc, Eve o Jonathan.

 

                                                                              Ruiz de Villalobos