El cine es la disciplina artística y creativa que más evoluciona en sus contenidos, siempre siguiendo, de una forma u otra, la actualidad y la evolución de los usos y costumbres de la sociedad. Por eso, cada vez aparecen nuevos personajes y nuevos objetos en el panorama de la historia del cine. Con la llegada del teléfono móvil el cine lo incorporó rápidamente a las historias como un elemento más para puntuar una historia, una situación, una secuencia o un plano. Con los personajes está pasando lo mismo, esta semana se ha estrenado en nuestro país la película “Starbuck”, una acertada comedia canadiense de Ken Scout donde aparece un novedoso personaje (que ya había hecho su aparición en alguna película anterior, sin ir más lejos “Los chicos están bien” (2010), de Lisa Cholodenko, pero no de manera tan protagonista) como es el donante de esperma.

Un personaje singular, nada gratuito, porque sabido es que en la actualidad la concepción puede dejar de lado al sexo para convertirse en una simple operación clínica. El personaje del donante de esperma, tanto en la vida real como en el cine (en la película “Starbuck” nuestro protagonista se encuentra que es padre -biológico se entiende- de 533 hijos, de los cuales 142 quieren conocerle) ha revolucionado la formulación natural de engendrar mediante el coito y se ha convertido en un nuevo ensayo clínico para deshumanizar a la persona. Ese donante anónimo de esperma (dicho en lenguaje más directo un masturbador pagado, lo cual, se mire como se mire, no está nada mal) proyecta la duda en la inteligencia humana de la dimensión que debería tener la concepción como tal, es decir el acuerdo mutuo de dos personas para perpetuar su ADN, que se proyecta tanto en la concepción misma como en la educación y responsabilidad sobre el futuro ser. Presentada como una comedia, Ken Scott además de director es cómico, “Starbuck” plantea, entre carcajadas, un tema más serio de lo que un tratamiento ligero pueda darle y, a la vez, configura una nueva y nada desdeñable figura cinematográfica (siempre basada en la realidad misma, que eso no hay quien se lo salte), como es el donante de esperma y, no hay que olvidar, los hijos de tantos y tantos espermatozoides, muchos más serios que el interpretado por Woody Allen en aquella mediocre, pero oportuna “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, pero nunca se atrevió a preguntar” (1972).

                                                   Ruiz de Villalobos