Nota previa del editor: Los seguidores de nosolocine.net sabéis que esta sección (El Personaje de la semana) fue idea de Oti Rodríguez Marchante y la escriben por turno rotatorio o centro de interés, el propio Marchante, Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos, Carlos Mir y José López Pérez. En esta ocasión nos muestra una reflexión lúcida sobre la visión que ha dado el cine del vendedor, Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos. Os dejo con él.

 

El estreno esta semana en los cines de toda España de la película canadiense “El vendedor”, dirigida en 2011 por Sebastián Pilote, pone de actualidad una figura menos heroica que los superhéroes de turno, los aventureros inacabables o los detectives impasibles: la del vendedor, un personaje de por sí gris, poco relevante, pero que en la creación literaria, teatral y cinematográfica también ha tenido sus minutos de gloria.

El personaje del vendedor se remonta a los orígenes del ser humano, pero siempre ha aparecido en el cine de forma muy colateral, secundaria, y es ahora cuando empieza a tener más protagonismo. En la memoria de cualquier buen aficionado al cine estará el recuerdo de la adaptación cinematográfica que se hizo de la extraordinaria obra teatral de Arthur Miller “Muerte de un viajante”, en el año 1985 por parte del alemán Volker Schlöndorff, con Dustin Hoffman y John Malkovich, mientras que quedará más difusa la primera adaptación de 1951 por parte de László Benedek, ambas recogiendo fielmente el espíritu de la obra teatral sobre el fracaso personal y profesional, algo que de alguna manera se apunta en “El vendedor”. Y curiosamente el cine español más reciente ha recogido en “A puerta fría” (2012), el excelente film de Xavi Puebla, la historia de un vendedor y su personal crisis de trabajo durante una convención.

El vendedor es, por si mismo, un personaje solitario, que debe aparentar lo que no siente y que no puede dar nunca su brazo a torcer. Profesión tan digna como cualquier otra, pero dura y compleja como pocas, el arte de vender no está alcance de todos, aunque, en definitiva, todos vendemos y compramos algo a lo largo de la vida. Como señalaba antes el cine, desde hará unos veinte a o treinta años ha empezado a tratar con mayor diligencia la figura del vendedor. Un ejemplo exquisito es “Glengarry Glen Ross” (“Éxito a cualquier precio”, 1992), de James Foley, con una interpretación memorable de Al Pacino, Ed Harris y Jack Lemmon, como unos agentes inmobiliarios de Chicago que intentan sobrevivir en un mundo altamente competitivo. Lo mismo se puede decir de “Door to Door” (“Puerta a puerta”, 2002), una producción para televisión dirigida por Steven Schachter, basada en hechos reales, donde el actor William H. Mancy interpreta a un vendedor puerta a puerta que padece una enfermedad cerebral.

Ahora, a los antiguos vendedores se les llama comerciales que parece ser es más elegante, más eufemístico, pero que no deja de ser lo que es, y ya se sabe que hay que cambiar algo para que todo siga igual (Giuseppe Tomasi Lampedusa dixit). Pero vendedores o comerciales, lo cierto es que el cine ha puesto, mejor o peor, su mirada sobre un personaje nunca protagonista y que ahora está recuperando el tiempo perdido. En este apresurado e incompleto repaso de películas con vendedores como protagonistas se puede recordar “Algo más que un jefe” (“In Good Company”, 2004), de Paul Weitz, con Dennis Quaid, Thoper Grace y Scarlett Johansson, una amable comedia, pero donde se muestra con acierto la dura batalla de vender publicidad, así como “Duro de vender” (“The Goods: Live Hard, Seel Hard”, 2009), de Neal Brennan, una comedia un tanto alocada sobre un variopinto personaje que se pone a vender coches, sin olvidar a Will Smith vendiendo escáners portátiles y luego todo tipo de productos financieros a sus clientes en “En busca de la felicidad” (“The Pursuit Happyness”, 2006), de Gabriela Muccino.

Pero como decía, la figura del vendedor siempre había sido tratada de refilón en el cine, aunque en ocasiones de forma magistral como en “Un día en las carreras” (“A Day at the Races”, 1937), de Sam Word, donde Chico está de vendedor de helados y le endosa a Groucho el pronóstico en clave para una carrera. Cómo se puede comprobar el vendedor ha estado siempre  presente, aunque en un segundo plano, en todos los géneros y en todas las situaciones, pero es ahora, en el actual cine que empieza a ser protagonista, como ocurre en “El vendedor, que ahora se estrena y que debe ser recomendada.

Ruiz de Villalobos