Tras unas semanas en el limbo vuelve esta sección que creamos gracias a la idea de Oti Rodríguez Marchante y en la que cómo bien sabéis participamos junto al propio Oti, Ruiz de Villalobos, Carlos Mir y yo mismo.

Finiquitado el periodo vacacional para la mayoría de la población espero que podamos ofreceros esta sección con su periodicidad lógica, es decir cada viernes.

En esta reentrée es el buen amigo Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos el que abre fuego, os dejo en buenas manos.

“LAS CENAS FAMILIARES”. PERSONAJE DE LA SEMANA PARA MIGUEL-FERNANDO RUIZ DE VILLALOBOS

Como se sabe muy bien, los personajes de una historia no son siempre los intérpretes, porque si se quiere ir más allá en el análisis de una película, en muchas ocasiones un lugar geográfico, una situación, un hecho histórico, por poner algunos ejemplos, se pueden convertir, también, en los protagonistas de la película. De ahí que esta semana proponga un personaje un tanto metafórico, pero real como cualquier personaje al que da vida una actriz o un actor, como son las cenas familiares, las reuniones familiares. Un personaje que es el eje central de una muy divertida, y a la vez ácida, comedia francesa titulada “Le prenom”, en nuestro país “El nombre”, que han dirigido a cuatro manos Alexandre de La PatellièreMathieu Delaporte, a partir de una obra de teatro original de los propios directores (como es lógico también guionistas), estrenada con gran éxito en Francia  en 2010.

Todo el mundo conoce perfectamente que las reuniones familiares (y también las de amigos), comidas o cenas, festividades o periodos vacacionales) son todo un espectáculo en si mismas, como un mar, donde el constante movimiento de los personajes, que entran y salen, hablan con unos y con otros, puede entenderse como el de las olas y donde siempre, siempre, hay unas poderosas corrientes subterráneas, que pueden convertirse, en minutos, en tremendas tormentas de resultados incalculables. La historia del cine está trufada de cenas o comidas, de reuniones festivas o de acontecimientos familiares (bodas, bautizos o entierros) donde lo que inicialmente es un mar calmo y sosegado puede convertirse en un tormentoso océano embravecido y violento. En un repaso, donde la memoria falla tantas veces, de algunos títulos que están en esta categoría, quien no recuerda una película ya clásica como “Adivina quién viene esta noche” (1967), de Stanley Kramer, con el tema del racismo como trasfondo; y otras más modernas como “Volviendo a casa” (1997), de Bart Freundlich, y “A casa por vacaciones” (1995), ambas con la cena de día de acción de gracias como eje central; sin olvidar que el cine francés, como pasa con “El nombre”, ha tocado en numerosas ocasiones estas cenas inicialmente pacíficas y que con el paso del tiempo se convierten en verdaderos infiernos familiares. Ahí están títulos como “Cena de Navidad” (1999), de Danièle Thompson, o la más reciente “El Skylab” (2011), de Julie Delpy, por recordar tan sólo dos títulos.

“El nombre” da una nueva vuelta de tuerca sobre esas cenas familiares que se convierten en verdaderos dramas y donde los conflictos van apareciendo conforme se van ensuciando los platos, abriendo nuevas botellas de vino y calentando el ambiente. Una película que, con un magnífico trabajo de sus intérpretes (como es habitual en el cine francés), propone, en tono de ácida comedia, una reflexión sobre estas reuniones familiares que se inician como un mar en calma y que terminan, en un porcentaje muy alto, como la tormenta perfecta.

                                                     Ruiz de Villalobos