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El personaje de la semana: Relaciones entre maduras y jóvenes. Por Ruiz de Villalobos

265309_jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxEl estreno de “Obsesión”, de Rob Cohen, una película sencillamente mala y desaprovechada, toca, no obstante, un tema en buena medida bastante tabú en la sociedad machista de todos los tiempos como son las relaciones entre una mujer madura y un hombre mucho más joven. Un tema que puede ser perfectamente el personaje de la semana, y que se presenta siempre con aristas. Mientras esta sociedad mal llamada civilizada ve con condescendencia las relaciones entre un hombre maduro con una jovencita, las relaciones de maduras con jovencitos despiertan tanto recelos morales como sociales. En “Obsesión”, Jennifer López no es que interprete el papel de una madura, pero si el de una señora ya madre, en proceso de separación, con un hijo adolescente, mientras que Ryan Guzman, con 28 años, da vida al joven vecino de 20 años que se obsesiona con la mamá de su amigo adolescente. No es una historia nueva en el cine, aunque tampoco es tan vieja como el cine mismo, porque este tipo de relaciones han empezado a ser tratadas mucho después, con la liberación de la mujer y la libertad sexual como estandartes.

el-crepusculo-de-los-dioses1A vuela pluma se puede afirmar, con todo ese margen de error que tiene todo lo no científico y comprobado un millón de veces, aunque se podría poner a “El crepúsculo de los dioses” (1950), de Billy Wilder, como un antecedente prehistórico, que una de las primeras películas que tocaba de forma frontal el tema fue “El graduado” (una película para odiar), de Mike Nichols, basada en una novela que en su momento, como la película, provocó, a mediados de los años 60, todo tipo de reacciones. No se si se puede decir que con ella se rompió el fuego, pero sí que a partir de ese momento empezaron a aparecer algunas películas que tocaban de forma muy directa el tema, como la francesa “Morir de amor” (1971), de André Cayatte, con una sensacional Anne Girardot de profesora enamorada de un alumno; “Verano del 42” (1971), de Robert Mulligan, los recuerdos de adolescencia de un verano de calidez madura; “Harold y Maude” (1971), de Hal Ashby, la más imposible historia de amor entre un joven depresivo de 20 años y una anciana, y “Todos nos llamamos Alí” (1974), de Rainer Werner Fassbinder, la historia de amor entre una viuda alemana de 60 años y un marroquí treintañero. Pero es ya a partir de finales de los 80 y principios de los 90, cuando esta temática adquiere carta de naturaleza. La definitiva emancipación de la mujer, la caída, no tan sólo del muro de Berlín, sino mucho más importante, de las barreras de la hipocresía sobre la sexualidad que dominaba en la sociedad occidental, provoca que sean muchos los directores de prestigio que traten el tema con toda naturalidad, sin que sea piedra de escándalo. Y así llegan películas como “Pasión sin barreras» (1990), de Luis Mandoki, donde un joven y brillante ejecutivo conoce a una mujer madura para que su vida de un vuelco inesperado, “Todo por un sueño” (1995), de Gus Van Sant, donde Nicole Kidman seduce a un jovencísimo Joaquin Phoenix, y “La belleza de las cosas” (1995), de Bo Widerberg, donde se plantea la vieja historia del alumno que se enamora de su maestra. Y hasta en el cine español, Manuel Lombardero se atrevió con el tema en 1997 con “En brazos de una mujer madura”, basada en una novela de Stephen Vizinczey. Pero es a partir del año 2000 cuando el tema se normaliza en el cine, no se sabe si en la sociedad, y son muchas las películas que tratan el tema sin espavientos, de forma seria y nada escandalosa. la-pianistaY así, llegan películas como “En la habitación” (2001), de Tood Field; “La pianista” (2001), de Michael Haneke; “The Mother” (2003), de Roger Mitchell; “Diario de un escándalo” (2006), de Richard Eyre; “El lector” (2008), de Stephen Daldry; “Mi segunda vez” (2009), de Bart Freundlich,; “Chéri” (2009), de Stephen Frears, y “Dos madres perfectas” (2013), de la directora franco-luxemburguesa Anne Fontaine, donde se riza el rizo y por lo tanto se cierra este círculo alrededor de una antigua obsesión: la de que lo que estaba bien para los hombres no estaba bien para las mujeres. Algo se adelanta, poco a poco, en la vida, y el cine se quiera o no se quiera aporta su muy especial contribución.

 

 

Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

 

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