Aunque hecho pedazos, como Terminator, vuelve a la palestra Arnold Schwarzenegger y detrás de una estrella de sheriff. La película se titula como su propia vuelta al cine: “El último desafío”, y la dirige Kim Jee-won, un coreano mítico en ese género en el que Schwarzenegger se mueve con la gracia de Baryshnikov en el lago de los cisnes: el género de los mamporros. Ex culturista, ex gobernador, ex del clan Kennedy… Schwarzenegger es probablemente el único caso en la historia de su profesión de actor que llega a la edad de jubilación sin ampliar su registro interpretativo ni un milímetro: empezó a los setenta con dos gestos, el de enfadado y el de muy enfadado, y cuarenta años después todavía es capaz de protagonizar una película entera sin que nadie le saque ningún otro gesto. Aunque con eso le sobra para adueñarse por completo de la historia y la acción de “El último desafío”, donde encarna al sheriff Ray Owens, cuyo interés para el mundo sería absolutamente nulo si en vez de interpretarlo Schwarzenegger lo interpretara, pongamos por caso, un actorazo lleno de registros como Guillermo Toledo. Incluso se permite, encerrado en el armario ropero de sí mismo, dotarle a su personaje de una cierta ironía y autoparodia, muy evidente y obvia, sí, pero que vale su peso en oro viniendo de él. Por lo demás, este personaje se convierte en la auténtica pesadilla de Eduardo Noriega, más incluso que Candela Peña con su cruel repaso en “Una pistola en cada mano”.

Oti Rodríguez Marchante