Me regaló una botella  uno de mis mejores amigos en mi cumpleaños (18 de septiembre) y lo he tenido guardado durante meses como oro en paño.

Tras probarlo con una ternera, una primera conclusión rápida, es un gran tinto con todo lo mejor de su Denominación de Origen, además no se sube a la cabeza, siempre que se beba con moderación y se sepa disfrutar.

Sabido es que en verano nos inclinamos más, por una mera  cuestión térmica, por los vinos blancos, mientras que el resto del año disfrutamos con los tintos.

Tres generaciones contemplan la evolución de la bodega Emilio Moro. Nació en el entorno que rodea la villa de Pesquera, en la provincia de Valladolid (comunidad de Castilla-León). Al parecer, siendo un adolescente de 14 años de edad, Emilio Moro se dedicaba a vender vino de la zona, junto a su padre. En aquella época el caldo se llegaba a vender a cuartillos a los vecinos más cercanos.

Generaciones después este vino es un monovarietal de la zona, algunos lo llaman tinta fina y otros, tempranillo.

Pesquera es conocido como pueblo de tradición vitivinícola, donde se conjugan terrenos arcillosos y calizos, donde se obtienen vinos de gran calidad.

Emilio Moro 2008 es un gran vino que se logran tras 23 días de maceración, 12 meses en barrica francesa y americana. Tiene 14,5 grados y se embotella sin estabilizar por frío.

Tinto, con ribetes azules y fondo rojo picota, destaca por sus aromas primarios con ecos de fruta, también destaca por su fondo final dulce.

Es ideal para combinar con jamón (sobre todo Guijuelo), ternera, caza y en invierno casi con cualquier comida o cena que nos haga disfrutar. Crea adicción.

José López Pérez