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En Deba (y en otros lugares de las provincias de Gipuzkoa y Bizkaia)

“Se puede saber mucho de una ciudad por la manera en que trata a sus visitantes”. Mary Knight Potter, escritora

Como todo lo que importa en la vida, un gran viaje es una obra de arte”. André Suarès, escritor y poeta

Deba (y también Deva)

El pasado 1 de mayo iniciamos unas mini vacaciones de 4 días. Nos hospedamos en Perlakua Saka, en Deba (Gipuzkoa). En esos 4 días estuvimos además en Zumaia, Azpeitia, Gaztelugatxe y Bermeo.

Deba, también se escribe Deva, es un municipio de Gipuzkoa. Es una localidad costera, de unos 5.500 habitantes. Situada al noroeste de la provincia de Guipúzcoa y ubicada en la desembocadura del río Deva, pertenece a la comarca del Bajo Deva.

Se distribuye por dos vertientes diferentes, la del río Deva y la del río Urola, y su terreno es muy accidentado. La costa destaca por la llamada rasa mareal que se extiende hasta Zumaya. Se sitúa en la margen derecha de la ría que el río Deva forma en su desembocadura; en ella, en otra época, hubo un puerto comercial importante; en la actualidad únicamente se utiliza como puerto deportivo y de recreo.

La villa toma su nombre del río en cuya desembocadura se ubica, el río Deva.

La palabra deva significa en sánscrito dios, deidad. Se considera que deriva a su vez de una palabra proto-indoeuropea, deiwos, utilizada para designar dioses; las propias palabras dios o Zeus, derivarían de dicha palabra original. Por ese hecho, y por estar el topónimo relacionado casi siempre con ríos en España, se ha solido relacionar Deva con el nombre de una hipotética diosa o numen celta de los ríos.

La aplicación del nombre a la actual localidad proviene del hecho de que Deva fue fundada en el lugar que ocupa actualmente el barrio de Icíar en 1294 y fue bautizada con el nombre de Mont-Real. En 1343 fue trasladada a su actual ubicación en la desembocadura del río Deva, pasando a denominarse Mont-Real de Deva; finalmente el nombre de la villa acabaría confundiéndose con el del río al perder el apelativo de Mont-Rea.

 

Avanzando algunas cuestiones sobre próximos artículos relacionadas con este viaje

Una de mis ciudades favoritas es Donosti, o San Sebastián si se prefiere, en la que he estado muchas veces. En esta ocasión no.

Varias cosas me han sorprendido. Unas positivas, y otras no tanto, en nuestros 4 días en Euzkadi. En muchos restaurantes en el exterior no figura la carta, algo fundamental para mí, porque en caso contrario no entro, necesito saber los platos que me ofrecen (y los precios) para decidirme. También me ha llamado la atención que cada vez más personas se expresan en euskera por las calles (la rotulación mayoritaria es en ese idioma, modelo muy superior al de Catalunya que es criticadísimo, y que comprendo).

En los restaurantes en los que hemos estado, sorprendentemente, el trato no ha sido especialmente afable, algo que “siempre” era destacable en mis anteriores viajes por Euskadi. Hemos probado una sopa de pulpo, una cerveza tostada vasca magnífica y disfrutado una vez más de una gastronomía de gran nivel. Los precios, en general, son más altos que en Barcelona, por ejemplo.

Los lugares que visitamos valen mucho la pena. Hicimos varios descubrimientos. La experiencia en Zumaia fue de traca (en el próximo artículo profundizaré al respecto), pasamos un día inolvidable. También disfrutamos en Azpeitia, Gaztelugatxe y Bermeo.

 

La economía de Deba

Y cerramos este artículo hablando de nuevo de Deba, donde comenzamos y cerramos este tour primaveral. Tuvimos buen tiempo, excepto el 3 de mayo en el que llovió durante todo el día.

Históricamente la economía de Deva ha estado sustentada por el comercio y la industria, amén de la actividad rural centrada en la ganadería y agricultura. Las rutas comerciales por mar llegaban al entonces puerto de Deva o al vecino fluvial de Alzola, en Elgóibar, allá por los siglos XVI y XVII. Tenía dos ferrerías y el comercio de la lana castellana, que llegaba desde Vitoria, y el hierro inglés, hacía que Deva fuera considerada rica. En su ría hubo astilleros hasta el siglo XX.

En la actualidad, al igual que antaño, también son la industria y el comercio, esta vez con carácter de turismo, los que mantienen la economía de la villa. El sector servicios, con cerca de un 50% de la ocupación, y la industria, con un 38%, son el pilar económico. La ganadería y agricultura mantienen una cierta importancia.

El sector primario, con 3.506 hectárea dedicadas a explotaciones agrícolas y ganaderas, principalmente ganaderas, ocupa, en las 220 pequeñas explotaciones, al 6,5% de la población activa. La agricultura es casi exclusivamente para el autoconsumo y la venta en los mercados de los pueblos de la comarca. Las ganaderías se dedican a la leche y a la carne. Hay alguna ganadería de toros bravos.

En el sector secundario, la industria metalúrgica, como en el resto de la comarca, es la que monopoliza, prácticamente, este sector. Las industrias de accesorios del automóvil y la máquina herramienta son las que están más implantadas. Se aprovechan algunas tierras del valle del Deva para su ubicación, aunque el foco industrial importante se halla en Itziar. La comarca del Bajo Deva, eminentemente industrial y poco extensa, tiene un tipo de ubicación industrial que permite a los habitantes de sus pueblos vivir en unos y trabajar en otros. Las necesidades de las fábricas ubicadas en los centros históricos industriales, como Éibar y Elgóibar, han hecho que se expandan por toda la comarca y aún fuera de ella.

El sector servicios, basado en el turismo, ocupa a cerca del 50% de la población activa. El gran atractivo turístico es la playa, y alrededor de ella se han desarrollado diversas actividades de hostelería, restaurantes, hoteles, etc. La parte rural del municipio está accediendo a esta actividad mediante el turismo rural.

Sobre la casa rural donde nos alojamos (Perlakua Saka), aunque en esta ocasión no voy a ir a un detallismo absoluto, decir que encontramos luces y sombras. El lugar es fantástico, el trato es familiar, las habitaciones son amplias, pero tienen muy poca luz. La ducha es excesivamente pequeña para el espacio total de que dispone y la conexión a internet no es mala, ni lo siguiente, la mayoría del tiempo el wifi o no funcionaba o se situaba sobre unos paupérrimos 20k que no te permitían visitar más de una página (y me impedía poder publicar posts en www.nosolocine.net), con el riesgo, además, de que en cualquier momento se cayera la conexión. Para poder publicar artículos tuve que usar la conexión de mi móvil. La velocidad de internet en Perlakua Saka es la peor que he tenido en los viajes de los últimos 15 años, mucho más mala de la que había hace una década en Piño, la aldea de mi padre, en el interior de Lugo. Es algo que deben mejorar con urgencia.

Dimos varios paseos por Deba, una localidad acogedora y tranquilla en esta época del año. Solo un día llovió, fue el 3 de mayo, de eso os hablaré en próximos artículos.

Continuará…

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: Bianca Baust

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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