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En el Monasterio de Piedra

El pasado 25 de marzo, sábado, salimos temprano de la casa rural Teo, en Huérmedes, donde estábamos alojados, porque a las 10:30 de la mañana comenzaba la visita guiada en el Monasterio de Piedra

Recorrimos en coche unos 30 kilómetros con un paisaje cambiante y sorprendente. Hacía frío, aunque poco a poco la mañana fue mejorando. Pasamos una jornada muy disfrutable porque también estuvimos en el Parque del Monasterio de Piedra, le dedicaremos un artículo completo al respecto. Os hablaré de cetrería.

La visita guiada duro un poco menos de una hora. Fue muy interesante. Descubrimos que fue en el Monasterio de Piedra donde se pudo disfrutar del primer chocolate en Europa, de eso os hablaré más tarde.

El Monasterio de Piedra está en la provincia de Zaragoza, en Nuévalos.

Nuestra guía, que era rusa en esta ocasión, lo hizo muy bien. Esta es una opción que recomiendo. Entre otras cosas nos contó cómo era la vida religiosa al principio y como fue cambiando con el paso de los años. También del espolio que hubo tras la desamortización de Mendizábal y, también, de la presencia del famoso Eric, el belga, en los años 70 del siglo pasado, que terminó “limpiando” muchas piezas ante la ausencia total de seguridad.

La fundación del Monasterio de Piedra se relaciona con un doble marco histórico: Es parte del fenómeno de las repoblaciones de la segunda mitad del siglo XII y también es un capítulo de la expansión de los cistercienses por la Península Ibérica. En 1186, Alfonso II de Aragón y su esposa, Sancha de Castilla, donaron a los monjes de Poblet el castillo de Piedra (castrumPetrae) con el objeto de fundar allí un monasterio cisterciense. Entre 1186 y 1194 los monjes de Poblet realizaron los preparativos necesarios y, el 10 de mayo de 1194, bendecidos por el abad Pedro Masanet, que gobernó Poblet entre 1190 y 1196, salieron del monasterio catalán 12 monjes, a la cabeza de los cuales se encontraba Gaufrido de Rocaberti, I abad de Piedra. Gaufrido debió ser hijo del vizconde Jofre, hermano del vizconde Dalmau, pariente del arzobispo de Tarragona, Ramón de Rocaberti, del obispo de Zaragoza, Rodrigo Rocaberti y del obispo de Gerona, Pere Rocaberti. Sus poderosos parientes dieron protección e impulso a la nueva fundación.

La intención inicial del I Abad era establecer una comunidad filial de Poblet en algún lugar no predeterminado de los territorios meridionales del Reino de Aragón. Hubo tres ubicaciones diferentes antes de encontrar el emplazamiento definitivo. A finales de 1194, se instalaron en Santa María de Cilleruelos, muy cerca de Peralejos (Teruel). Allí empezaron a construir un monasterio, que abandonaron y transformaron en un priorato, manteniéndolo en uso hasta 1835. De él aún pueden visitarse en la actualidad una ermita y escasos restos materiales de sus dependencias priorales.

La construcción del Monasterio se realiza en los años de transición del Románico al Gótico. El estilo arquitectónico de la Orden está presente en el Monasterio: Gótico Cisterciense, arquitectura sobria, austera, sencilla y luminosa.

En mayo de 1195, Alfonso II ratificó la donación de Piedra a los monjes cistercienses otorgándoles el dominio y jurisdicción completa sobre estos territorios: el mero y mixto imperio, con la jurisdicción civil y criminal, ejercida en nombre del rey. El pergamino con la donación se conserva en el Archivo Histórico Nacional (Madrid) y en él se recoge la obligación de los monjes a rezar una misa anual por el alma del monarca y de sus parientes.

Entre 1195 y 1203 se documenta un problema relacionado con la patrimonialidad de Piedra, que explica la construcción y abandono del tercer monasterio, llamado de Piedra Vieja. En la orilla derecha del río Piedra existía un castillo que, en algún momento de la década de 1120, fue donado a la familia Malavella. En 1200, Juan de Malavella renunció a los derechos sucesorios que le podían corresponder sobre el castillo de Piedra. A partir de entonces, los monjes cistercienses quedaron como únicos dueños del coto redondo del señorío, unos 30 km2, repartidos entre los actuales términos de Nuévalos, Ibdes y Monterde.

Los monjes se establecieron en la orilla izquierda del río Piedra en un monasterio provisional, llamado de Piedra Vieja, construido en madera y adobe. El Monasterio de Piedra Nueva fue la cuarta y definitiva ubicación de la Abadía. Los edificios empezaron a construirse en 1203. En 1218 las obras estaban suficientemente avanzadas como para que los monjes pudieran ocupar los edificios. El 16 de diciembre de 1218, se hizo la ceremonia de traslación de la comunidad desde Piedra Vieja a Piedra Nueva. La consagración de la Iglesia Abacial fue presidida por el IV Abad de Piedra, Jimeno Martín, por el arzobispo de Tarragona, Asprago de la Barca, que actuó en nombre de Jaime I,  por el obispo de Zaragoza, Sancho Ahones, y por el obispo de Albarracín, Domingo Ruíz de Azagra, que había sido monje profeso en Piedra. En el sitio donde estuvo Piedra Vieja los monjes construyeron una ermita, llamada de Santa María de los Argalides, cuyos epígrafes constatan que fue reformada en 1755, siendo abad Inocencio Pérez.

En la actualidad, la iglesia está en ruinas como consecuencia de los años de abandono que, en el siglo XIX, sufrieron los edificios tras la Desamortización. Piedra conoció tres procesos desamortizadores.

En plena guerra de la Independencia, un decreto de José I, de 1808, supuso la supresión de la comunidad. Los monjes fueron expulsados en 1809 y el ejército francés saqueó la abadía, transformada en hospital. En 1814, terminada la guerra, Fernando VII permitió a los monjes que habían sobrevivido recomponer la comunidad. En 1820, durante el trienio liberal, el monasterio volvió a ser suprimido, sus bienes fueron inventariados, nacionalizados y, algunos de ellos, subastados.

En 1823, después de la entrada de los 100.000 hijos de San Luis, la comunidad volvió a restablecerse. En 1835, la reina regente María Cristina, siendo Isabel II menor de edad, admitió la promulgación del decreto de disolución de órdenes masculinas y la desamortización de bienes eclesiásticos para, con las ventas, obtener los recursos necesarios para financiar al ejército liberal que apoyaba a su hija durante la I Guerra Carlista.

El decreto de Mendizábal de 1835 significó el fin definitivo de la comunidad de Piedra. Los bienes, inventariados, fueron subastados en Ateca, Zaragoza y Madrid en las décadas de 1840 y 1850. Los edificios conventuales fueron administrados por funcionarios entre 1835 y 1843, fecha en la que fueron subastados y adquiridos por D. Pablo Muntadas Campeny por 1.250.000 reales.

Desde 1844 Juan Federico Muntadas, consolidado como propietario de Piedra, transformó la huerta en un jardín paisajista y las dependencias conventuales en una instalación hostelera e hidroterápica, a lo que añadió la construcción de una piscifactoría, que fue pionera en España, parte de cuyas instalaciones son visitables en el recorrido por el Parque.

Desde entonces hasta nuestros días, Piedra se ha convertido en un destino turístico de primer orden. La adquisición de los edificios por la familia Muntadas, la transformación del Monasterio en un Hotel y los nuevos usos turísticos que se dieron a las dependencias frenaron su degradación y lo han preservado en el estado actual. Catalogado como Monumento Nacional el 16 de febrero de 1983 (hoy en día, Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento), el Monasterio de Piedra es en la actualidad uno de los parajes más espectaculares de Europa, siendo además galardonado con la Medalla al Mérito Turístico por el Gobierno de Aragón en 2011.

Fue el 16 de diciembre de 1218 cuando los monjes celebraron la Ceremonia de Traslación, desde Piedra Vieja a este recinto, después de varios años de duro trabajo en su construcción. Este edificio medieval, como todos los monasterios cistercienses, tienes sus estancias dispuestas de la misma manera alrededor del claustro. Este se sitúa al sur de la iglesia abacial para aprovechar mejor la luz del sol, tiene planta rectangular, y en torno al mismo se articulaban las dependencias donde vivían los monjes. Los cistercienses lo usaban como lugar de meditación y lectura. Sus galerías o pandas se dividían en:

Panda Este, del Capítulo, con la Sala Capitular. Era la habitación donde se reunían el abad y los monjes, una vez al día, para leer y comentar la Regla de San Benito y tomar decisiones relativas al gobierno del Monasterio. Se construyó en el siglo XIII. La portada, abierta al claustro, es tripartida y está concebida a la manera de un monumental arco de triunfo. El suelo de la sala capitular se reservaba para enterrar a los abades.

Panda Norte, del Mandatum, con la Puerta de Santa María. Permitía a los monjes acceder desde el claustro a la iglesia abacial. Era un espacio reservado al conocimiento, puesto que aquí se ubicaba el armarium, una alacena usada como biblioteca, y el banco corrido, utilizado como lugar de lectura. Durante los siglos XIII y XIV, algunas familias nobles, protectoras de Piedra, eligieron fijar su sepultura familiar en esta parte del claustro. Altar de San Benito, en el siglo XVIII se transformó este espacio para acoger un retablo de estilo barroco decorativo, en yeso policromado e Iglesia de Santa María de Piedra, estilo gótico. Se construyó entre 1262 y 1350. La planta se ajusta al modelo de templo de ritos mayores y al tipo hispano-languedociano: tres naves, cinco ábsides, pilares cruciformes en la cabera y octogonales en las naves. Se cubrió con bóvedas de crucería. A finales del siglo XIV se hicieron las celosías mudéjares que se conservan aún en algunas ventanas. Entre 1684-1701 se construyó en el extremo norte del crucero la capilla barroca de San Inocencio Mártir. En el siglo XVIII se remodeló el edificio enmascarándolo de yesos que, al caerse, han dejado visible el edificio del siglo XIII.

Panda Oeste, del Trabajo, con el Pasillo de hermanos legos-conversos. Los cistercienses distinguían entre monjes sacerdotes, que eran profesos que podían rezar misa (Reverendo, Padre) y por debajo de ellos estaban los monjes profesos (Fray).Todos ingresaban en la abadía con dote económica. Por último estaban los hermanos legos conversos; éstos, al no tener dote, no podían hacer votos completos. No eran monjes, asumían las actividades más duras al servicio del monasterio y vivían normalmente en granjas. Para no mezclarse con los otros religiosos tenían su propio acceso a la iglesia: la puerta y el pasillo de conversos. En este lugar aún son visibles restos del castillo Malavella del siglo XII y la Antigua cillería, convertida hoy en Museo del Vino. Tenía tres plantas: la bodega en el sótano; la cillería, situada en la misma planta que el claustro, era el almacén de alimentos imperecederos, y, por último, el dormitorio de hermanos legos conversos. En la cillería se conservan una de las neveras (un pozo para guardar la nieve que caía durante invierno para conservar mejor los alimentos) y el lagar con el canalillo para recoger el mosto y las cubas donde se vigilaba el fermento del vino. Una de las actividades agrarias predominantes fue la producción de caldos para consumo propio de los monjes (una jarra diaria de vino) y para venderlo en Calatayud y Daroca. La importancia que el vino tuvo para el Monasterio de Piedra y la calidad de los caldos del valle del Jalón han hecho que en la actualidad se haya convertido en el Museo del Vino de la Denominación de Origen de Calatayud.

Panda Sur, del Servicio, con la Cocina construida en el siglo XIII. Tiene planta cuadrada cubierta con bóveda dividida en ocho nervios, con la originalidad de haber conservado el tiro central para la evacuación de humos y cuatro tiros supletorios laterales. El fuego se ubicaba en el centro de la sala y en él se cocinaban los alimentos para toda la comunidad. La base de la alimentación cisterciense era: el pan, las legumbres, el arroz, la fruta y las verduras. Los días de fiesta podían consumir pescado, carne y dulces hechos a base de miel y frutos secos. En la cocina de Piedra se consumió chocolate por primera vez en Europa y alberga la Exposición de la historia del chocolate.

El Refectorio, comedor de la abadía. Fue construido hacia 1250 y tiene planta rectangular. En 1413, el Papa Luna, Benedicto XIII, donó 1000 florines de oro para hacer sus tres bóvedas de crucería, cada una de las cuales tiene seis nervios y clave única. Las ventanas en arco de medio punto, corresponden a la fase constructiva del siglo XIII; las ventanas en arco apuntado, al pleno gótico del siglo XIV. Los monjes cistercienses comían dos veces al día: un almuerzo y una cena. Debían hacerlo en silencio, mientras escuchaban una lectura que se realizaba desde el púlpito. Las mesas se disponían formando una U, de modo tal que el abad les presidía y era más cómodo el servicio de alimentos y bebidas desde la cocina. En el refectorio está expuesta la reproducción fotográfica del Retablo Tríptico Relicario del Monasterio de Piedra, de 1390, una obra sobresaliente de la pintura gótica aragonesa y muy representativa del fenómeno artístico que se ha dado en llamar gótico mudéjar. El retablo se hizo para guardar la más importante de las reliquias que se custodiaban en el Monasterio de Piedra: En 1380 se produjo un hecho milagroso en la iglesia de la Presentación de Cimballa. Un sacerdote, diciendo misa, dudó que la Sagrada Forma se transubstanciara en cuerpo y sangre de Jesucristo y, milagrosamente, la Santa Hostia sangró. La reliquia fue donada por el príncipe Martín, Duque de Montblanc, hijo del rey Pedro IV el Ceremonioso y por ello se custodió en el Retablo Tríptico Relicario del Monasterio de Piedra. Desde 1851 el Retablo Relicario original se conserva en la Real Academia de la Historia, en Madrid. El actual Retablo es una reproducción fotográfica del original hecha a la misma escala.

El Calefactorio, única habitación del monasterio dotada con un sistema de calefacción por glorias de aire caliente bajo el suelo. Era aquí donde los monjes pasaban el invierno y donde se rasuraban el pelo. Fue construido en el siglo XIII y tiene planta cuadrada. En el siglo XV se aprovechó esta habitación para ubicar en ella una escalera de la que aún pueden verse algunos testigos en la pared. En el siglo XVI se eliminó la escalera y se colocó una columna renacentista de orden corintio en el centro, con el objeto de dar mayor solidez al suelo de la habitación situada en la segunda planta, donde estuvo, a partir de entonces, el archivo y la biblioteca.

Continuará…

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: Bianca Baust / José López Pérez

Próxima entrega de esta serie dedicada a nuestro viaje a Zaragoza y algunos lugares de su provincia: En el Parque del Monasterio de Piedra

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Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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