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En el Monasterio de Sant Pere de Rodes

“El mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen una página”. San Agustín

 

En el último fin de semana del pasado mes de marzo estuvimos en varios lugares de la provincia de Girona, cercanos a Figueres. Fue un fin de semana de mal tiempo, lluvia y viento, bajas temperaturas.

Uno de los lugares que más nos gustó fue el Monasterio de Sant Pere de Rodas. Eso sí, la carretera que te lleva allí está llena de curvas y debes aparcar el coche en las inmediaciones y caminar un poco.

Nos decidimos por una visita guiada que fue muy instructiva. Pudimos apreciar las diferentes épocas de esplendor del lugar y como fue saqueado tiempo después.

Cuando visito lugares así, ya lo he comentado en varias ocasiones, activo de inmediato y, diría, que de forma inconsciente, un proceso mental que me lleva a imaginarme como sería la vida cotidiana allí en siglos pasados.

El Monasterio de Sant Pere de Rodes se levanta en una de las cimas de la sierra de Rodes, una cadena en primera línea de mar al norte del Alt Empordà. Es uno de los numerosos testigos de la arquitectura románica catalana, pero quizás es uno de los más sofisticados arquitectónicamente.

Desde el siglo XI al XIV fue el principal centro espiritual del condado de Empúries y su esplendor se muestra en las grandes dimensiones del conjunto monacal. Este está formado por la iglesia, el campanario, el claustro, las sacristías, las dependencias convencionales para vivir y el palacio del Abad.

El monasterio está construido en terrazas para adaptarse el terreno y los diversos edificios se organizan en torno al claustro y la iglesia, levantada entre los siglos X y XI. En estos dos edificios se puede apreciar una muestra excepcional de la escultura románica: las columnas (originales de la antigüedad) y los capiteles que las coronan nos hablan de la marcada influencia clásica que tiene esta singular iglesia.

En el exterior, la portalada, a cargo del Maestro de Cabestany, mostraba diferentes escenas de la vida de Cristo esculpidas en mármol blanco. Los escasos fragmentos que han llegado hasta nosotros nos dan muestra de su extraordinaria calidad, probablemente una de las mejores de su época.

El origen del monasterio se encuentra envuelto por las leyendas, que unidas a los interrogantes arqueológicos e históricos, hace que el lugar tenga un cierto aire de misterio. Estas leyendas hablan también del cuerpo, o de las reliquias, de san Pedro y de otros santos, depositadas en este lugar desde la antigüedad.

Lo cierto es que junto al monasterio se conservan unas estructuras de origen muy antiguo, posiblemente romano, y que de este lugar proceden pequeños fragmentos marmóreos decorados, de aquella época, reutilizados más adelante.

Desde el monasterio se puede disfrutar de una de las mejores vistas del Cap de Creus. Poco antes de llegar, se encuentran los restos del pueblo medieval de Santa Creu de Rodes, entre los que destaca la iglesia de Santa Helena de Rodes.

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: Bianca Baust

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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