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En la muerte de Narciso Ibáñez Serrador: ¡Hola, Chicho! Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

A “Chicho” Ibáñez Serrador (Narciso Ibáñez Serrador, MontevideoUruguay4 de julio de 1935Madrid7 de junio de 2019​), nunca se le podrá decir adiós, siempre se le deberá decir ¡Hola “Chicho”!, porque para siempre, pasen los siglos que pasen, su obra en la televisión y en el cine quedará como testimonio de un creador sin límites, de un imaginario que se adelantó -como siempre hacen los imaginarios- a su tiempo y dejó bien apuntaladas las claves de la creación en la televisión -entretener e inquietar- y del cine -imaginar y sorprender-. Nunca, cuando la televisión de nuestro país balbuceaba sus primeras imágenes, y se produjo el fenómeno “Chicho”, y nunca, en la televisión actual, ha aparecido un creador de la talla y la dimensión de Ibáñez Serrador. De casta le viene a “Chicho” ese don de saber contar y dar dimensión a lo cotidiano, porque su padre fue Narciso Ibáñez Menta (Sama de LangreoAsturias25 de agosto de 1912 – Madrid15 de mayo de 2004), actor y director teatral español nacionalizado argentino, que les trasmitió su amor por el arte de la narración y con el que trabajó en muchos de sus trabajos televisivos, y su madre fue, nada más y nada menos, que la gran actriz argentina Pepita Serrador  (Buenos Aires2 de marzo de 1913 – Madrid24 de mayo de 1964), de la que, sin lugar a dudas, heredó su capacidad creativa y su impronta.

Narciso Ibáñez Serrador, el “Chicho” al que siempre se le deberá decir ¡hola!, seria famoso tan solo por el mejor concurso de televisión que se ha hecho nunca en nuestro país y que, se mire como se mire, nunca será superado. “Un, dos, tres… responda otra vez”, durante varias décadas fue el pulso de la sociedad española, donde entretenimiento se mezclaba armónicamente con conocimientos culturales. El curso era tan perfecto, tan concurso, concurso, que se ven los de la actualidad y se puede llorar de pena. Pero si la famosa Calabaza, Don Cicuta, las azafatas, las secretarias y las hermanas Tacañonas con su irrepetible “Vamos que nos vamos”, no eran suficientes para hacer más que grande a “Chicho”, éste se sacó de la chistera otro milagro televisivo como son, porque siempre perdurarán en la historia de la televisión de nuestro país, las “Historias para no dormir”, una serie nacida antes del popular concurso y en la que Ibáñez Serrador abrió la mente de los espectadores españoles al terror en estado puro, donde a lo largo de tres etapas muy diferentes “Chicho” dio a conocer a autores como Frederic Brown, Ray Bradbury, Edgar Allan Poe, Carlos Buiza y él mismo, siempre con unas realizaciones ejemplares y acercando al gran público un género hasta entonces poco explotado en nuestro país.

También el cine fue un campo de batalla en la exitosa carrera de “Chicho”, con dos películas fundamentales en el género de terror. La primera es, por méritos propios, por el atrevimiento de su historia, una película de culto, una “rara avis”. Porque “¿Quién puede matar a un niño?” (1975) es una película que rompe los esquemas del cine de terror de aquellos años, para penetrar en un espacio de terror insólito y sorprendente. Es todo un clásico del género a nivel mundial y, evidentemente, una película irrepetible. No tanto se puede decir de “La residencia”, realizada seis años antes, en 1969 (que en gran medida ha sido inspiración para más de una película actual y no hace falta decir títulos), basada en una historia de Juan Tébar (1941), mientras el guión está firmado por Luis Peñafiel, el seudónimo como escritor de Narciso Ibáñez Serrador.

La figura de Narciso Ibáñez Serrador sigue sobrevolando el espacio televisivo de nuestro país y su obra, pese al paso del tiempo, sigue tan fresca e imaginativa como el primer día. Por ello, solo se puede decir ¡Hola “Chicho”!, siempre volveremos a vernos.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

 

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Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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