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En la provincia de Zaragoza (24 y 25 de marzo de 2017)

“Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”. Samuel Johnson

 

He estado muchas veces en Aragón, es una comunidad que he visitado mucho y donde lo he pasado muy bien, pero nunca había estado en la zona de Calatayud y alrededores.

Se encuentra a unos 90 kilómetros de Zaragoza.

Estuvimos allí dos días, concretamente el 24 y el 25 de marzo.

Hubo de todo, cosas buenas y otras no tanto.

Fue una buena elección alojarnos en la Casa Rural Teo de Huérmedes (está solo a 4 kilómetros de Calatayud). Huérmedes es un lugar con encanto, muy tranquilo, despoblado. Pasear por sus calles o sus alrededores merece la pena. Eso sí, en la primera planta de la Casa Rural Teo el wifi no llega (por lo tanto no hay conexión a internet), supongo que como consecuencia del grosor de las paredes. El precio es bueno. Tampoco hay televisión en las habitaciones, eso sí, casi en la entrada hay una sala de televisión cómoda. En invierno nos contaron que en Huérmedes viven unas 30 personas.

Viajamos por carretera desde L´Hospitalet de Llobregat, algo menos de 4 horas, parando tranquilamente para desayunar y repostar. Era el pasado 24 del mes de marzo, día del cumpleaños de Bianca, mi compañera. Tras dejar el equipaje nos dirigimos a Calatayud. Era viernes, a mediodía, y había poco ambiente. Estuvimos buscando un restaurante para comer durante mucho rato pero o eran caros (para no conocerlos, ni tener referencia alguna) o teníamos que cambiar de plan y dejar la celebración para la cena, nos decidimos por unas tapas. Pese a que desde la calle el Bar Anyelo nos pareció una buena opción, finalmente no lo fue, no suele equivocarme, en esta ocasión sí. El local es digno de una visita del televisivo Chicote. La camarera que nos sirvió (comía mientras nos tomó nota y nos sirvió), tenía algún conflicto con el propietario o encargado. Poco después se marchó a la estampida. Lo que nos sirvieron no daba la talla, no estaba en muy buenas condiciones. Las rabas eran congeladas y la rotura de la cadena del frío y/o el aceite las habían castigado. El chorizo frito no parecía tal cosa (nos lo sirvieron troceado, casi fileteado) y eso que pensábamos que estaría bien porque me habían hablado bien de este producto de la zona. Las patatas bravas tampoco destacaban por su buena presencia, ni su calidad. Estaban recocidas y la salsa era una mezcla de mayonesa y kétchup picante barato. Pedí una copa de vino blanco y estaba caliente. La atención tampoco fue la más adecuada. El pan estaba duro.

Al día siguiente sí que lo pasamos muy bien en el Monasterio de Piedra y en el Parque del Monasterio que está al lado.

Disfrutamos de un delicioso chocolate Atienza, de la zona (concretamente de Ateca), nos gustó especialmente el chocolate negro con almendras. Lo venden en una tableta de 500 gramos. Me gustaría conocer a los propietarios para felicitarlos. Nos quedamos con ganas de probar más variedades.

A la salida del Parque la oferta gastronómica es poca, menús muy parecidos, para turistas o guiris, pero como no llevábamos vituallas (vimos gente que si iba preparada en ese sentido), finalmente elegimos uno de los establecimientos de Nuévalos, una población de solo 335 habitantes que seguro viven en su mayoría de la restauración generada por el Monasterio de Piedra.

En el restaurante Las Trucas tomamos como aperitivo unos torreznos de Soria que estaba bastante bien (me sorprendió que nos los sirvieron con dos salas: mahonesa y barbacoa). Nos decidimos por un menú de 15 €, yo elegí un arroz caldoso de bogavante y chorizo frito con la idea de resarcirme de la mala experiencia del día anterior. El servicio es bueno, ágil, rápido y atento. La comida no tanto. El arroz más que de bogavante era con un poquito, una carcasa, de bogavante y tenía demasiado colorante alimentario. El chorizo sí que estaba bueno. Las raciones son amplias. Hay facilidad para aparcar.

Bianca pidió churrasco, la ración era enorme, muy copiosa.  De primero eligió Migas con uvas y chorizo.

El vino del menú estaba bastante potable.

El frió nos quitó las ganas de seguir paseando por Nuévalos, de manera que nos dirigimos a Huérmedes. Y al día siguiente ya nos fuimos a la ciudad de Zaragoza, donde estuvimos un par de días, pero eso es ya otra historia, os la contaré en el próximo capítulo.

José López Pérez

@JLPnosolocine

Fotos: Bianca Baust / José López Pérez

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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