Vuelve la sección radicales libres en la que como sabéis las seguidoras y seguidores de nosolocine.net mostramos visiones diferentes, en ocasiones contrarias y en ocasiones complementarias.

Hoy participan Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos y José López Pérez que muestran visiones dicotómicas de “Cosmópolis”, película estrenada hace unas semanas, de David Cronenberg. Arranca Ruiz de Villalobos.

 

“COSMÓPOLIS”, DE DAVID CRONENBERG. POR RUIZ DE VILLALOBOS

A partir de un extraordinario texto literario y premonitorio de Don DeLillo (Nueva York, 1936), editado por Seix Barral en su Biblioteca Formentor, donde se narra la agonía de la “nueva economía”, el director canadiense David Cronenberg (Toronto, 1943), ha realizado una película modélica, un “tour de force” narrativamente desgarrado, donde en un solo día y abordo de una limusina, en un viaje hacia la nada, el joven multimillonario Eric Parker (como un Dante moderno) se hunde en los abismos de la  modernidad.

Construida como un viaje imposible por la ciudad de Nueva York, en una obsesiva decisión de irse a cortar el cabello en la antigua peluquería a la que iba de niño, el joven Eric Parker ira conversando con diversos y variopintos personajes sobre los temas que en la actualidad mueven el mundo, desde el sexo al mercado global, pasando por el terrorismo, la relación entre poder y tecnología, la muerte, el mercado global y las finanzas. En ese amplio vehículo de cristales tintados, donde el mundo exterior es como un territorio devastado por una guerra total, Eric Parker se enfrenta a dos retos tan opuestos como fundamentales, apostar su fortuna contra la subida del yen y llegar a tiempo a la peluquería de su infancia. El primero es la metáfora de la sociedad actual, el segundo la búsqueda de esa inocencia perdida que tiene la infancia.

Con el estilo habitual que pone en marcha David Cronenberg, donde la desolación y el pánico se apoderan del espectador, “Cosmópolis” se adentra en lo más profundo de la realidad actual a través, y ahí está el gran acierto de Cronenberg, el de haber creado un Eric Parker interpretado por Robert Pattinson, el nuevo galán nacido del fenómeno “Crepúsculo”, que representa perfectamente la agonía de la sociedad que se ha creado artificialmente a través de las finanzas y los bancos, de la cultura de masas y de la alienación informativa.

Película visionaria, nada fácil de asumir, que precisamente por la frialdad narrativa, los interminables diálogos y la quietud interior de ese vehículo fantasma que no sabe a donde va en la tumultuosa y ya envejecida ciudad de Nueva York, restalla en el ánimo del espectador como el látigo golpeando la espalda del torturado. Por eso, “Cosmópolis” resulta una película demoledora y consecuentemente polémica, como lo es la novela de

Don DeLillo.

 

Ruiz de Villalobos

 

“COSMÓPOLIS”: FRÍO, FRÍO. POR JOSÉ LÓPEZ PÉREZ

Mucha verborrea, mucha pretenciosidad y exceso de artificio y falsa trascendencia, aburrimiento total. Predominio apabullante de los diálogos sobre la imagen.

“Cosmópolis” es una de las peores películas de 2012 con uno de los finales más absurdos que recuerdo. Dura 108 minutos en los que predominan el artificio y no hay nada que interese.

David Cronenbergh (Toronto, Canadá, 15 de marzo de 1943) es un cineasta algo irregular (sus títulos más redondos me parecen “Promesas del Este”, “Videodrome” y “Una historia de violencia”) que lleva dos películas poco o nada inspiradas, “Un método peligroso” y “Cosmópolis”.

Esta historia pretende hablarnos del capitalismo y de la crisis del sistema, pero no profundiza en nada y nos cuenta la historia de un joven multimillonario que vive en una limusina por la que van pasando diferentes personajes, mientras no deja de tener encuentros “amorosos”.

“Cosmópolis” pretende ser apocalíptica y ejemplarizante, quizá por ello el protagonista es un joven con mucho dinero.

No hay ritmo, no hay tensión, todo es falso y pedante. El guión que es del propio Cronenberg se basa en una novela de Tom Del Lillo.

Robert Patinson está pésimo, al nivel de la película, la escena en la que tiene el escarceo con Juliette Binoche es un despropósito. Estamos ante un film en el que las mujeres hacen el amor vestidas y Patinson aparece con poca ropa, luciendo palmito y aspecto de atontado. Las frases suenan impostadas, bochornosas.

La escena del corte de pelo es un ejemplo de lo que no debería hacerse, la del asesinato que perpetra Patinson peor. La aparición final de Paul Giamatti es un triste intento de acercarse al cine del gran Ingmar Bergman. Me pregunto que debió entender Cronenberg cuando vió “El Séptimo Sello”.

José López Pérez